Lunes, 3 de septiembre de 2007
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'El Pernales', el último bandolero romántico
Sevillano de nacimiento, murió a los 28 años tras una vida de leyenda marcada por su duro y frío carácter
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DESALMADO bandido para algunos, víctima del hambre para otros. Se cumple ahora cien años de la violenta muerte de Francisco de Paula José Ríos González, 'El Pernales', el último bandolero de renombre que cayó abatido por los disparos de la Guardia Civil al Sur de la provincia de Albacete. Cien años después de su fallecimiento a los 28 años de edad, en su tumba del cementerio de Alcaraz (Albacete) nunca falta un ramo de flores recién cortadas que alimenta su fama romántica de bandolero.

'El Pernales' destacó en su corta vida por sacar de quicio a los políticos de la época, presionados por los terratenientes para acabar con el bandolerismo. Cien años después de su muerte otros políticos, los de la Diputación de Albacete, han decidido recordar su figura con una ruta turística por los pueblos de la Sierra de Alcaraz, que fueron los últimos que recorrió en vida y con la edición especial de 1.500 ejemplares de la revista cultural 'Zahora' que le dedica su último número con la publicación de un concienzudo trabajo que Antonio Matea, experto en la vida de 'El Pernales', ha elaborado sobre su biografía.

'El Pernales' vino al mundo un 23 de julio de 1879 en Estepa (Sevilla), cuna de otros ilustres bandoleros como Juan Caballero, 'El Lero' o Joaquín Camargo Gómez, apodado 'El Vivillo' por ser demasiado despabilado para su época y condición social.

Venganza y pobreza

El pequeño Francisco conoció muy pronto las dificultades de su familia para sobrevivir como jornaleros en los cortijos de la comarca a cambio de un salario mísero. Su padre, pequeño ladronzuelo de campos, fue su primer maestro. «En uno de estos robos su padre fue sorprendido por la Benemérita. Uno de los guardias (un tal sargento Padilla) le golpeó en la cabeza y a consecuencia de este golpe poco después moriría, por lo que su hijo Francisco juró vengarse de este benemérito cuerpo», explica el investigador Antonio Matea.

Se inició entonces una carrera delictiva que le llevó por los campos de Sevilla, Córdoba, Málaga y Jaén hasta que un 31 de agosto de 1907 expiró en el paraje de Las Morricas, en Villaverde de Guadalimar (Albacete). Su apodo, 'Pernales', derivado del vocablo «pedernales», define el duro carácter que mostró a lo largo de su existencia y que su propia fama se encargó de forjar. De él se ha dicho que violaba a mujeres en sus asaltos a los cortijos, que maltrataba a sus compañeras sentimentales y que en más de una ocasión, aturdido por el lloriqueo de sus hijas, llegó a quemarlas con una moneda calentada previamente entre las brasas de una hoguera para que llorasen con un motivo justificado.

Sus enfrentamientos con la Guardia Civil fueron numerosos y sus visitas a los calabozos más que frecuentes. A los ricos que asaltaba solía pedirles mil pesetas, a veces repartía parte del botín y algún que otro cigarrillo sustraído entre los más humildes que se cruzaban a su paso y nunca olvidaba una traición. Esto último lo experimentó en sus carnes en 1906 el encargado de un cortijo apodado 'El Macareno' que envenenó con una paella a parte de la banda de 'El Pernales' para cobrar la recompensa que ofrecían las autoridades. Francisco sobrevivió de milagro y tiempo más tarde, ya recuperado, lo buscó para darle una muerte lenta y dolorosa.

En los primeros años del siglo XX este bandolero ya suponía un incómodo quebradero de cabeza para el Ministerio de la Gobernación y un motivo de preocupación para los gobernadores civiles andaluces. «De distintos puntos de España llegaron guardias civiles de forma que, unidos a los ya existentes, eran ya varios cientos los que iban tras sus pasos. Pero su movilidad impedía conocer con exactitud dónde se encontraba», añade en su estudio Antonio Matea para quien este bandolero «se sentía arropado por los campesinos». 'El Pernales' y su último compañero de faena, Antonio Jiménez Rodríguez, 'El Niño del Arahal', acabaron sus días huyendo por las sierras de Jaén y Albacete hasta que el fatídico 31 de agosto de 1907 un guarda forestal los identificó cerca de Villaverde de Guadalimar y comunicó el hecho a la Benemérita.

Su muerte

El teniente Haro, el cabo Villaescusa y los guardias Redondo, Codina y Segovia pasarían a la historia como los que acabaron a tiros con los últimos bandoleros de cierto «prestigio» del Sur de España.

Los cadáveres de 'El Pernales' y 'El Niño' fueron trasladados a Bienservida (Albacete), expuestos a la vista del público como advertencia para quien pensara seguir sus pasos echándose al monte con la escopeta al hombro y sepultados en el cementerio de Alcaraz. El informe oficial incluía la mejor descripción de 'El Pernales': «Aparenta ser de unos veintiocho años, de 1,49 metros de estatura, ancho de espaldas y pecho, algo rubio, quemado por el sol, con pecas, color pálido, ojos grandes y azules, pestañas despobladas y arqueadas hacia arriba».

 
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