Martes, 1 de mayo de 2007
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VIVIR

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Juan Luis Galiardo, actor: «Ya no tengo salud mental para mentir»
'I Love Miami' convierte en Fidel Castro a un seductor que nunca concibió una fiesta sin terminar abrazado a una señora: «Sentía amargor, pero la sociedad me aplaudía»
Juan Luis Galiardo, actor: «Ya no tengo salud  mental para mentir»
EN PLENITUD. El actor presume a sus 67 años de una salud envidiable: «Tengo buenos análisis de orina». / JOSÉ RAMÓN LADRA
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Juan Luis Galiardo acaba de discutir por teléfono con su mujer. «Me acaba de colgar malamente, encima que soy bueno ¿Bah, da igual!». Gesticula aferrado al móvil por un cinco estrellas madrileño como si estuviese en el escenario. No actúa. Es así. Le toca promocionar 'I Love Miami', una comedia donde humaniza a Fidel Castro, en los cines desde este fin de semana. «Un superviviente, como yo», concreta el actor de verbo torrencial, que a los 67 años presume de «buenos análisis de orina».

Posee una marca sobresaliente en 60 metros braza, juega al dominó y ya sólo se psicoanaliza con Rojas Marcos y Manuel Trujillo en la barra de un bar. Galiardo puede contar que ha descendido varias veces a los infiernos. De niño, cuando culpó a su padre de la muerte de su madre; de joven, cuando el galán por excelencia del cine español se sentía vacío por dentro; de adulto, cuando el alcohol y la psiquiatría le condujeron a su actual estado de espiritualidad hedonista y zen. El Mastroianni español alza el telón.

-¿Actúa fuera del escenario?

-Sólo cuando juego al dominó. Ya no tengo salud mental para mentir. La cirugía del dolor hace que revises tu comportamiento mañana, tarde y noche. Dejas el subconsciente limpio para vivir en un plano consciente. Está claro que estoy deseando terminar esta entrevista para llamarle a María y decirle: '¿Te pido disculpas o me las pides?'. Hay que arreglarlo todo sobre la marcha, diariamente.

-Vivir sin lastres.

-Sí. Una discusión con tu mujer, una insolencia con el taxista Yo limpio mi vida cada día, no dejo terminar la semana siquiera. La vida se ha convertido en un acto de verdad. Y la única posibilidad que tengo de hacer un número es en el dominó, porque ya no juego al mus, allí sí que era un espectáculo. Hasta en el escenario me lo creo.

-No como en el pasado.

-No. Lo he pasado muy mal viviendo de rotos y descosidos. Hay gente que tiene salud mental para vivir así, pero yo no puedo. El saco de mis mentiras se sació con una enfermedad, y fue curable. Claro que a lo mejor soy más insoportable que antes, vaya usted a saber.

-Parte con ventaja en las entrevistas por el 'training' del psicoanálisis. Poder verbalizar lo que a uno le ocurre no es muy común.

-Ahora estoy haciendo un acto de sinceridad, no siempre me desgrano en las entrevistas. Yo diferencio cuando estoy en un diván y ante una grabadora. Además, el diván ya se terminó. Manolo Trujillo escribe prólogos de mis obras de teatro y toma el café conmigo, soy su amigo, no un paciente. Cuando te dan el alta te sientes orgulloso, no vanidoso. Creo que no estoy para psicoanalizar a nadie, pero sí para ayudar a encontrar caminos y dar testimonio. Muchos directores de recursos humanos me piden dar charlas.

-¿La galanura es una enfermedad que se cura con el tiempo?

-La seducción es un acto de amor, está dentro de lo que el ser humano debe practicar: amar y ser amado. El problema del galán es que quiere sojuzgar, no compartir, sólo apuntarse muescas en el revólver: 'Tengo a tantas rendidas a mis pies'. Es un acto de estupidez. Yo me siento muy triste y avergonzado. Fue una pérdida de tiempo enorme.

-Hombre

-No, no. Como galán no aprendes nada de las mujeres, eres un objeto ridículo, un 'kleenex' de usar y tirar. Los tratadistas que veneraban al donjuán -Zorrilla, Espronceda- eran unos cretinos importantes. Yo nunca he entendido una fiesta sin terminar abrazado a una señora.

-Y eso que se educó con los jesuitas y capuchinos.

-La represión dio paso a una etapa de libertinaje y luego a otra de austeridad, porque el sexo bien dosificado es mucho más hermoso. El hombre debe saber que es un vehículo de apoyo para la creación, un eyaculador de semen. Si lo hace amorosamente, maravilloso; si lo hace accidentalmente, también puede servir. Solamente con un acto de responsabilidad, de plenitud en su manera de estar en la vida, puede crecer, ser feliz y sentirse útil. Todo lo demás son actos enfermos.

Orgías en los 70

-¿Cuándo se da cuenta de que no merece la pena despertarse con desconocidas?

-Lo descubrí por el amargor que sentía, pero la sociedad me apoyaba, me aplaudía. Acaba de morir Perico Beltrán (guionista y actor, considerado el último bohemio). Siempre me decía que dejara de actuar y fuera gigoló para él. Durante un año me quiso retirar para formarme: 'No hay nadie con tus facultades. Tienes verborrea, simpatía ¿Las mujeres te adoran!'. A finales de los sesenta, en el comienzo de los puticlubs, organizábamos orgías. Citábamos a diez chicas en una discoteca, actrices, no putas. Eran las psicoterapeutas de entonces. Todo gratis. Ya en el apartamento celebrábamos el sorteo. Elegían una bola para acostarse conmigo. Parece divertido, pero era tan patético

-No había amor.

-¿Era tan imbécil! Me aplaudían. Un anestésico a mi baja autoestima, como el juego, un alimento cutre. No sabía salir de allí. ¿Tenía tan poca fe en casi nada! Igual me tocó vivirlo para contarlo. Siempre he tenido complejo edípico, lo que me ha hecho a veces ser eyaculador precoz y muy mal amante. Ahora procuro dosificar el sexo y cumplir como se debe.

-¿Eyaculador precoz?

-Claro. La eyaculación precoz significa que no amas, que no tienes ningún aprecio por la persona con la que te acuestas. Sólo buscas tu placer lo más rápidamente posible para quitártela de encima. Cuando quieres a alguien tienes contención. Durante una época de mi vida, follar era un ejercicio doloroso, casi era preferible la parte vanidosa. Y yo ya no tengo vanidad. Estoy agradecido de estar aquí, con 67 años y un proyecto de vida. Y con buenos análisis de orina, con todo los excesos que he hecho. Hay gente que no se recupera. Mi hijo Carlos no se recuperó. Se murió.

-Carlos fue el primero de sus cuatro hijos naturales. Lo tuvo con una cabaretera y murió de sida tras una agonía de delincuencia y drogadicción. ¿Ha sido mejor padre que el suyo lo fue con usted?

-Mi padre fue autoritario y aparentemente más responsable que yo. Gran ingeniero agrónomo (fue director general de Agricultura en la época franquista), al final hicimos las paces en la tumba. Yo he sido más auténtico como padre. Cuando Carlos y yo nos dimos la mano empezamos a llamarnos Carlos y Juan Luis; al final de su enfermedad, terminamos diciéndonos padre e hijo. Carlos se murió diciendo, coño, me alegro de haber conocido a mi padre, un tío que llegaba a la cuarta planta del Clínico y revolvía a todos los drogadictos. Les organizaba como una banda para atracar bancos y joder al sistema

-Entonces aprendió a ser padre.

-Con Carlos y con mi hija Isabel. Nace en 1970 y le da un sentido a mi vida. Me llama un día por teléfono a Oslo en 1972, cuando estoy disfrazado de David Crockett con Charlton Heston en el rodaje de 'La selva blanca'. Había firmado rodar después tres películas en Hollywood. ¿Pero qué hacía yo allí? Aquella niña, mi hija, me llamaba porque necesitaba algo de mí. Y me desperté. Me hundía como galán en Hollywood. Y dije: 'Hijos de puta. ¿Vete a tomar por culo, Charlton Heston!'.

Matar al padre

-Sorprende ver a un calavera como usted convertido ahora en un apologeta de la familia.

-De la tribu. De mis nietos, de mi hija pequeña María, que la acaban de echar del colegio otra vez He llegado a un acuerdo tácito para no invadirnos el espacio. Si comemos, núcleo andaluz, núcleo catalán Nunca todos a la vez, haciendo ruido como en esas comidas familiares Porque hay intereses contrapuestos. Yo me muevo por las distintas chozas de la tribu.

-Se siente a gusto en la piel de patriarca.

-Es lo más. Tu vida adquiere un sentido, no va a ser sólo hacer películas, o estar en el debate del cine español con Pedro Pérez (presidente de los productores españoles) y este grupo de tontos ilustrados en tránsito. Echan las culpas al público y nunca hacen una autocrítica seria en el sector. Que se psicoanalicen. Pero sí, todo está en la familia, lo demás es mentira. Aproveche para agradecer a sus padres la vida que le han dado y arregle con ellos las cosas a tiempo. Yo mitifiqué a mi madre porque se fue demasiado pronto y desprecié a aquel pobre hombre por defecto. Yo escondía a un asesino que quería matar a un padre al que juzgué estúpidamente. Fue un error que forma parte de un desequilibrio que se llama locura: mitificar y hundir.

-Hace cuatro años le partieron la cara por bañarse desnudo en su San Roque natal. ¿Le gusta esta España que ve a su alrededor?

-La España profunda está en las playas, pero también se encuentra en este hotel. Estos empresarios coyunturales que están vendiendo las esquinas de las aceras (señala a la mesa de al lado, donde se sientan unos ejecutivos). Especuladores permanentes. España es un país turístico con una situación geopolítica favorable, un país de servicios donde no se ha inventado nada desde hace mucho tiempo. Vivimos del sol y del turismo, los negocios sólo existen en el País Vasco y Cataluña, el resto somos Santo Domingo en el Mediterráneo. Estamos en medio de negociaciones de chulos y tienen el morro de decirnos que somos un país industrial. Todo es una puta mentira tras otra. Somos un país de paso y en venta permanente, con chiringuitos en la costa. Estos de la corbata están ahora vendiendo lo que queda de Torrelodones.

-¿Cuándo le veremos de abuelete cachondo en 'Los Serrano'?

-No, gracias. Paso. Hasta que Azcona no escriba los guiones y García Sánchez no me dirija De momento estamos donde estamos y bien. Que vayan a verme a 'Humo' (la obra teatral que representa en Madrid) y haremos terapia.

-Interpreta a un conferenciante antitabaco que fuma detrás del telón.

-'Humo' habla de la verdad, la manera más importante de acercarse al otro. ¿Sabe que los directores de recursos humanos llenan las funciones? Llevan a sus jóvenes alevines para enseñarles lo que no hay que hacer.

 
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