Nueve días para resolver el caso que conmovió a toda España

Nueve días para resolver el caso que conmovió a toda España

El veredicto de culpabilidad del jurado llega después de ocho sesiones de vista oral y más de medio centenar de testimonios y periciales sometidos a la deliberación popular

MIGUEL CÁRCELES Y ALICIA AMATEAlmería

La Audiencia Provincial de Almería ha sido durante los últimos días el lugar en el que se alojaba la conmoción de todo un país con el suspiro aguantado y el corazón encogido. En la sala de vistas de la planta baja, la conocida como la 'sala del jurado', más de medio centenar de personas han testificado y prestado su apoyo profesional para que nueve almerienses, siete mujeres y dos hombres, dictaminasen sobre qué delitos cometió Ana Julia Quezada cuando, el 27 de febrero del pasado año, tal y como ha reconocido, dio muerte al pequeño Gabriel Cruz, de apenas ocho años de edad, en una finca aislada de propiedad familiar en Rodalquilar.

La vista oral comenzó el lunes día 9 con cierto retraso tras componer los miembros del tribunal popular que han debido dirimir el veredicto durante dos jornadas -unas 24 horas- que no olvidarán jamás en sus vidas. Se eligió entre 31 posibles candidatos después de que cinco de ellos presentasen alegaciones que fueron aceptadas por el tribunal. Sin embargo, la jornada más esperada fue la del martes, el día 10 de septiembre. Ana Julia Quezada, autora confesa de la muerte de Gabriel Cruz, se sentaba frente al tribunal y relataba su versión de los hechos. Todo fue, narró, un infortunio, un accidente, cuando intentaba acallar a un niño supuestamente enrrabietado.

La versión de Quezada fue haciéndose girones conforme los testimonios inmediatamente posteriores se iban sucediendo durante esa misma jornada de vista oral. Se trataba, principalmente, de amigos y familiares del niño. Gabriel, un pequeño tímido, bueno, «con férreos basamentos morales», indicaba un psicólogo vinculado al entorno familiar del menor, dudosamente, aventuraban, podía haber tenido una reacción así.

«Fría, calculadora, manipuladora»

Desde entonces, la descripción de quienes se sentaron frente al tribunal -una veintena de ellos, agentes investigadores de diversas unidades de la Guardia Civil- dibujaron una personalidad en la acusada que se alejaba de cualquier confiabilidad. «Fría, calculadora, manipuladora». Son sólo tres de los adjetivos que más se repitieron cuando alguna de las partes cuestionaba sobre la personalidad de la acusada, impasible a ratos, aparentemente compungida en otros instantes.

La familia más directa de Gabriel Cruz declaró a puerta cerrada. Patricia Ramírez lo hizo sin requerir biombo que separara su visión de la de la responsable de la muerte de su hijo. Ángel Cruz, el padre, sí que pidió no volver a ver a quien compartía con él su vida cuando los luctuosos hechos tuvieron lugar.

Uno tras otro, agentes de la Guardia Civil relataban cómo Quezada habría intentado desviar la atención de la investigación dirigiéndola hacia otro foco, el de su expareja. Y además cómo incluso durante su detención -llevaba el cuerpo sin vida del menor en el maletero- intentó desvincularse. «Sólo hay un perro», narró un agente que les dijo Quezada cuando recibió el alto policial y se le conminó a abrir la trasera del vehículo. Segundos después, se le ponían las esposas.

El juicio culminó el martes con los alegatos de las partes. Nadie se movió un ápice. Desde el miércoles, se abrió el silencio mientras que los jurados cerraban la puerta tras de sí. Unas 28 horas después, el veredicto era público. A las seis y media de la tarde. Ana Julia Quezada es culpable de asesinato con alevosía. La justicia había hablado.