Los veranos del patinador Javier Fernández en Almería

Los veranos del patinador Javier Fernández en Almería

El bicampeón del mundo es un enamorado de las playas de la provincia, donde pasa sus vacaciones en familia

M. C. Callejón
M. C. CALLEJÓNALMERÍA

El patinador madrileño Javier Fernández, bicampeón mundial en los campeonatos de 2015 y 2016 así como seis veces campeón de Europa de 2013 a 2018, es un auténtico enamorado de Almería y, más concretamente, de sus playas. Así lo acaba de renococer en sus cuentas en Twitter e Instagram, en las que el pasado 18 de junio subió una fotografía en una de sus playas donde deja claro que añora sus aguas.

«¡Deseando estar ahora en Almería bajo el sol! Hay lugares en España que perdurarán siempre en tu mente». Con estas palabras anima a compartir el destino con los hastagh #SpainIn10Sec #VisitSpain @spain para que los disfruten también sus miles de seguidores en redes sociales.

Y es que Almería ha sido durante años uno de sus destinos preferidos para disfrutarlo en familia. Así lo reconocía en una publicación de Expansión siendo ya bicampeón del mundo de patinaje artístico.

En declaraciones publicadas en la sección 'Fuera de Serie' del diario económico tras conseguir la medalla de oro en Bratislava que lo proclamó campeón de Europa de patinaje artístico por cuarto año consecutivo, reconocía que tocaba celebrarlo buceando, tumbándose en la arena o comiendo en un chiringuito. Pero, ¿dónde?

Tal y como declaraba a los periodistas de 'Fuera de Serie', «lo que necesito en verano es descansar: este es mi componente imprescindible para unas vacaciones perfectas. ¿Dónde, cómo y con quién? Lo ideal es ir con mi familia, o sea, mis padres y mi hermana, a una playa; y luego aprovechar una semanita para irme con mis amigos por ahí a lugares que me permitan despejar la mente de todas las competiciones, para poder empezar renovado un año nuevo».

Las Negras

«Solemos ir al Sur de España, donde no haya demasiados turistas. Almería es uno de nuestros destinos preferidos, casi todos los años vamos a Las Negras, que es un pueblo muy pequeño y tranquilo, con una luz maravillosa y un mar espléndido. No creo que mi verano vaya a cambiar mucho por ser el campeón mundial de patinaje artístico: yo soy el mismo y mi gente, la misma, de modo que el verano será igual que los anteriores», declaraba a Expansión.

Pero a Javier Fernández no sólo le apasiona el patinaje, que le ha convertido en 'hijo predilecto' de todos los españoles, ni le gustan los deportes acuáticos que practica por ejemplo en el litoral almeriense. Javier Fernández, talento innato para el patinaje, suma a sus facultades una extraordinaria capacidad para expresarse sobre el hielo. El periodista de COLPISA Amador Gómez realizó el pasado mes de febrero, tras el último logro europeo del deportista, una semblanza que nos acerca un poco más a la persona y que sigue a continuación.

 «Hay veces que voy a empezar un programa de competición y pienso: 'Yo lo que quiero es irme a casa', 'yo ahora mismo no quiero estar aquí'... Pero luego empieza la música y soy como un robot. Cambio el chip y hago el programa y lo hago perfecto», se enorgullece Javier Fernández, un talento innato para el patinaje que, a los 27 años, ya se considera viejo para este deporte y en Pyeongchang ha cumplido por fin otro gran sueño en sus últimos Juegos Olímpicos.

A sus facultades físicas, mentales y artísticas suma una extraordinaria capacidad para expresarse sobre el hielo, transformado en Charlot, Don Quijote, Elvis Presley, Superman, el Jack Sparrow de 'Piratas del Caribe'... Para llegar a los aficionados y a los jueces y ganarse, en la pista y fuera de ella, el cariño de quienes ven en el patinador madrileño, un milagro del deporte español, un auténtico ejemplo de valentía, sacrificio y ambición que le han permitido derribar todo tipo de obstáculos y convertirse en leyenda.

Dedicado al patinaje desde los seis años siguiendo los pasos de su hermana Laura, Javier Fernández se vio obligado, por falta de apoyo, a abandonar Madrid y emigrar a los 20 a Toronto, después de pasar por Jaca y Nueva Jersey, para iniciar en Canadá, junto a su entrenador, Brian Orser, una fulgurante carrera, jalonada, antes de la ansiada medalla olímpica, por dos títulos del mundo y seis de Europa consecutivos. «Una historia de superación para conquistar lo imposible», reza la portada de su libro, 'Bailando el hielo', editado en 2016, donde el madrileño relata su sorprendente camino hacia la gloria, en una disciplina sin tradición en España relanzada por 'SuperJavi', que también pelea por la construcción de más pistas para el patinaje y por la mejora de las condiciones de las pocas ya existentes.

Reconocido como un chico sencillo, humilde y, ante todo, muy sensible y cariñoso, Javier Fernández es todo educación y amabilidad fuera de competición. Sin embargo, con los patines se convierte en un autómata y exhibe una doble personalidad que le permite, como actor y deportista, deslizarse al ritmo de diferentes músicas con innovadoras coreografías y realizar espectaculares y sólidos ejercicios frente a rivales más jóvenes que él, como su amigo y compañero Yuzuru Hanyu, el prodigio nipón vigente campeón del mundo, que se entrena con él en Toronto. También es japonesa, expatinadora y bicampeona del mundo, la novia que tiene Javier Fernández desde hace casi cuatro años, Miki Ando.

Al niño de Cuatro Vientos entonces conocido como 'El Lagartija' por sus amigos, hijo de una cartera y de un mecánico militar a quien no le costaba esfuerzo llevar a cabo en La Nevera de Majadahonda cualquier pirueta y ya asombrada por su fluidez, le gustaría ser un actor famoso al menos por un día. Cualidades no le faltan, porque es un verdadero 'showman'. Cuando abandone el patinaje artístico tiene previsto ser entrenador, para enseñar a los niños esta disciplina para la que reclama más ayudas.

Aunque Javier Fernández era antes muy perezoso y sus padres tuvieron que insistirle en que se esforzase más en el deporte, ha ido progresando sin freno y, a base de trabajo y disciplina -impuesta por su entrenador-, ha pulido su patinaje hasta límites insospechados. La experiencia y los errores cometidos en los Juegos de Sochi 2014 y en el Mundial de Helsinki en 2017 también le han empujado hacia el único metal que le faltaba, cuando ya ha perdido la cuenta de las medallas que ha conquistado.

Muy unido a su familia, debió acostumbrarse desde muy joven a vivir sin ella, a la que visita sólo durante un mes o mes y medio en verano, durante un par de semanas en Navidades y en momentos muy esporádicos cuando se lo permite el patinaje. Habitualmente pasa las vacaciones estivales en Almería. La mayoría del año lo pasa en Canadá y también echa mucho de menos, aparte de a sus amigos, la comida y el sol de España. También es aficionado al fútbol y desde allí, siempre que puede, sigue al Real Madrid. Su ídolo deportivo, sin embargo, es otro mito del patinaje, el ruso Evgeni Plushenko, poseedor de la triple corona, con tres títulos mundiales, siete europeos y uno olímpico en individual, a quien nunca imaginó que pudiera acercarse.

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