«Las terapias alternativas buscan ayudar a los demás, sanamos porque damos amor, que es lo que mueve al mundo»

Mara Quero Cáceres es terapeuta de Reiki desde hace diez años./M. SOLER
Mara Quero Cáceres es terapeuta de Reiki desde hace diez años. / M. SOLER

Reiki no cura cáncer, no es un milagro, es una realidad. Lo que hacemos es dar bienestar a los pacientes Mara Quero Terapeuta de Reiki

MARTA SOLERALMERÍA

Las terapias alternativas están a la orden del día. Como en todo, tienen sus detractores y sus defensores. Una de estas últimas es Mara Quero Cáceres. Es terapeuta de Reiki desde hace diez años. También es técnico en masaje Abianga y Bioenergético, son masajes hindúes que sirven para recargar las carencias de cada persona. La demanda es notable. Mara no promete lo imposible. «Hay gente que asocia el Reiki a quitar el cáncer y eso no es así», desmitifica. Es consciente de su trabajo y sabe que consiste en ayudar a los demás, hacer a las personas más felices y tranquilas, que retomen la calma que, por cualquier motivo, les fue arrebatada a lo largo de la vida o de una experiencia no positiva. Todo es para bien, dice. Nada para mal.

-¿Cuál es la finalidad de estos tratamientos?

-Las terapias alternativas persiguen un fin que es querer ayudar a los demás. Siempre digo que se basa en el amor, porque el amor incondicional es lo que mueve a la gente y es lo que les mueve a contar con estas terapias.

«En la primera visita hay nervios porque se viene con muchas expectativas, pero no hay que crearlas»

-Es decir, se trata de personas que tienen una carencia de amor o de energía y usted se lo transmite.

-No lo transmito, ellas mismas aprenden a sacárselas. En Reiki yo soy un canal. Lo que hago es pasar la energía del Universo. Todos podemos hacer Reiki, porque todos tenemos los canales por los que entra la energía. Yo transmito lo que recibo.

-Entonces, la terapia dependerá mucho de quién la dé.

-Hay gente que tiene más energía que otra, pero todo es cuestión de práctica. Cuanto más practicas, más energía. Yo llevo diez años. Hice la Maestría tibetana, luego la japonesa y luego el karuna. Son tres sistemas, pero el objetivo es el mismo: relajar, calmar y equilibrar a la persona. Luego también me especialicé en el masaje hindú.

-¿Y todo, aquí, en Almería?

-Sí. Hay una escuela en Madrid, que se llama la Alianza del Reiki, pero para adquirir los conocimientos que yo tengo y los que tenemos otros muchos terapeutas de Reiki no es necesario acudir a la Alianza.

-¿Cómo se inició en el Reiki?

-De manera accidental. Un verano sufrí hidrosadenitis. Estaba trabajando y coincidí con un amigo. Me dijo que me veía mala cara y le dije mi problema, porque me paralizaba en mi trabajo. Acto seguido me preguntó si tenía Reiki y que se pasaría al día siguiente por mi casa. Yo no sabía lo que era. Vino y me estuvo tocando alrededor de aquel grano. Al cabo de un rato, ya se disponía a marcharse y me dijo que comenzaría a supurar en una media hora. Pensé que exageraba. Mi médico me había dicho que la única manera de deshacerse de la hidrosadenitis que tenía era mediante la cirugía. Estaba con mi hija en casa y, ciertamente, comenzó a supurar al cabo de un rato. Ya me habían operado en dos ocasiones por aquello. No podía moverme, sufría muchísimo. Pensé que ojalá lo hubiera conocido antes y, de inmediato, me propuse saber hacerlo. Mi amigo me dijo que en cuento estuviera preparada, que me iniciaría. Yo quería saber en qué consistía, porque se oye de todo. Había gente que pensaba que era una secta....

«Cada día estoy más convencida de haber elegido el camino correcto, el camino del bienestar»

-Pero no lo es...

-Para nada. Hay gente muy purista en el Reiki, pero a mí me gusta aprovechar todo lo que existe. Lo importante es la energía. Son tres niveles. El primero sirve para ti, el segundo para ti y para los demás, y en tercero es para los demás. Reiki es una ciencia holística, que comprende todos los planos. No tenemos un solo cuerpo, tenemos mucho y no sólo hay que cuidar el físico. El emocional y mental existen, igualmente. Hay que cuidarlo todo en conjunto, porque, si no, se desequilibra el cuerpo: enfermedades o depresiones.

-En estos diez años habrá visto pacientes de todo tipo.

-Ha evolucionado todo. Hay gente que me dice que no le voy a convencer. Yo no convenzo. La gente viene, se tumba en la camilla y se relaja. Tengo movilidad y disponibilidad y puedo moverme hasta donde este el paciente, también. Hay gente que ha sentido algo especial. Los órganos están más lúcidos, más limpios. Hay un cambio. Depende de cómo reciba ese cambio, porque cada uno tenemos una capacidad diferente de asimilar.

-¿Cómo reaccionan los pacientes?

-En la primera toma de contacto la gente está nerviosa, porque está pendiente de las expectativas y no hay que hacérselas. Sólo hay que tumbarse y relajarse. Nada malo puede suceder, porque el Reiki no tiene contraindicaciones. Cuando no hay que hacerlo es durante un tratamiento por una intervención quirúrgica, porque acelera la curación y cada cosa necesita su tiempo.

«Trato a más mujeres que a hombres, porque las mujeres no paramos de pensar y tenemos más problemas por ello»

-¿Y con respecto al cáncer?

-Reiki no cura cáncer, no es un milagro, es una realidad. Lo único que puede hacer con pacientes que tienen cáncer es que, en el proceso en el que reciben la quimio, les ayudan a relajarse. Nada más. Tiene muy buenos resultados. Les hago Reiki a dos personas cercanas. Mal no les va a hacer. Les anima y eso es básico. Reiki saca de ti lo que tú tienes. No mete nada. Yo soy un canal y meto energía. Entre los dos sacamos una herramienta para toda la vida: que puede ser confianza, optimismo,... una forma de ser positiva. Cuando coges Reiki cambia la perspectiva para afrontar la vida. Ya no hay miedos. El miedo no existe, está en la mente y el individuo decide si quiere que esté o que no.

-Son comportamientos humanos.

-Sí, pero es fácil que la mente se apodere de uno mismo y se caiga en depresiones y problemas. El ego es el que dice todo lo negativo. Cada día estoy más convencida de que he escogido el mejor camino, el camino del bienestar.

-Y a la gente, ¿qué le ocurre, por qué está mal?

-Porque se deja apoderar de la mente. Es un instrumento muy poderoso, pero hay que usarlo bien. Hay que vivir del momento, para salir de ese bucle. El bucle está en el pasado y en el futuro, pero no en el presente. Y por eso enfermamos. Hay que cuidar la mente, hay que estar a gusto con uno mismo.

-¿Hay muchos reikinianos?

-Somos millones. El príncipe Carlos metió Reiki en Inglaterra a nivel institucional: las compañías aseguradoras tienen, los médicos. En EE UU, Inglaterra y Canadá está mucho más institucionalizado. Ha estado siempre, aunque ahora hay un boom de las terapias alternativas. Aunque hay mucho farsante....

-¿Y cómo lo advertimos?

-Probando. Primero hay que conocer a donde vamos y, luego, una vez que sabemos que se trata un buen terapeuta, nos puede gustar más o menos, como cualquier otro profesional.

-En España, ¿qué fama tiene?

-Muy bien. Le voy a poner un ejemplo. Me tuve que hacer una biopsia aquí en Almería y me dolía mucho. La radióloga me puso la mano encima y me hizo Reiki. Cuando acabamos de la prueba, le pregunté si tenía Reiki, me dijo que sí y me comentó que había un grupo de médicos que tienen una asociación que se llama Mariposa que se encarga de sanar. Los médicos curan y los terapeutas sanan, y ahora los médicos quieren curar y sanar, por eso muchos cogen Reiki, porque es absolutamente complementario. Esta asociación es para pacientes que padecen cáncer.

- ¿Sus pacientes, ¿son mayoritariamente hombres, mujeres, por igual?

-Más mujeres, porque las mujeres no paramos de pensar y tenemos más problemas que los hombres, por norma general, porque nos lo endosamos todo. Hay cosas que, incluso, carecen de importancia, pero se las damos. Quieren relajarse, sólo quieren escuchar la música, oler el incienso, y no pensar en nada.

-¿También da masaje ayurvédico. ¿En qué consiste?

-El masaje ayurvédico toca puntos marmas que reúnen tendones, articulaciones y nervios, entre otros. El cuerpo se relaja muchísimo y es reconstituyente.

 

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