Un siglo de vida en un sobre verde

José Cruz se yergue para introducir su voto en la urna del Colegio Virgen de la Chanca./
José Cruz se yergue para introducir su voto en la urna del Colegio Virgen de la Chanca.

José Cruz, un vecino de Pescadería «con seis meses más de cien años», vota en su colegio de toda la vida con la ilusión de un crío

MIGUEL CÁRCELES

José Cruz vive en una de las casas bajas de la calle Hipócrates, en el corazón del barrio de Pescadería. Un rincón desde el que ha ido sumando años sin prisa pero sin pausa hasta llegar a un punto en el que cualquier ser humano podría incluso haber perdido la cuenta. Él, sin embargo, los cuenta como el que conoce los dedos de sus manos los lunares de su piel o los escalones de su casa. «Tengo seis meses más de cien años», dice con un orgullo y una lucidez dignos de envidia para muchos veinteañeros.

Y con los mismos orgullo y lucidez, no quiso perderse el derecho cívico -y el deber democrático- de participar, como ha hecho casi todas las veces que ha podido desde la Transición, dando su opinión al respecto. «Yo siempre votaba a un partido, pero me ha decepcionado mucho. Así que me he mudado más a la izquierda», dice bromeando.

Policía jubilado, a la trayectoria vital de José no le falta ni un solo ingrediente de la historia reciente de España. Nacido bajo el reinado de Alfonso XIII, fue testigo de la sangrienta Guerra Civil Española. Bajo la República, cuando aún era prácticamente un crío, fue Guardia de Asalto. Y después de la contienda, tuvo que refugiarse en labores de mecánico. Con su primera esposa, vivió la emigración a Barcelona arrastrado por un hijo, Esteban, enamorado perdidamente a los 18 de una catalana. Fue hombre de cadena de montaje, trabajador incansable en Sant Feliu de Llobregat -un municipio abonado históricamente al PSUC, un partido comunista de Cataluña, en el 'cinturón rojo' de la ciudad condal-. Y, sobre todo, el patrón de un barco familiar que acabó tocado con el fallecimiento de su esposa.

«Hemos mejorado mucho, quedan cosas, pero en general hemos cambiado a mejor»

Entonces, jubilado, como las hojas de los árboles caen sobre las raíces, retomaba el rumbo a su Pescadería natal, a su rincón del mundo, en donde le quedó vida para casarse otra vez y volver a enviudar.

Su hijo, Esteban -el enamorado, anclado en Sant Feliu- ha venido para acompañarle a votar. «Él vota lo que él quiere, es un hombre muy lúcido», trasladaba ayer de vuelta del Colegio Virgen de La Chanca, su centro de votación. «Hemos mejorado mucho, hay algunas cosas que... pero en general sí, ha cambiado mucho». Por el camino Esteban rememora las cuevas frente a las que jugaba al fútbol con pelotas de trapo en una infancia feliz pero dura sobre la que los recuerdos se van reblandeciendo. Las calles sin asfalto tienen hoy aceras, saneamiento. Hay ambulatorios, servicios públicos. Un mundo entre la Almería de hace décadas y la de hoy. «¡Muchas gracias!», se despide José, el policía, que sigue contando días, meses y años con la ilusión de un crío.