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Rojo y amarillo: naranja

El alcalde siente, en lo más profundo de su ser, esos dos colores

MARTA SOLERALMERÍA

Un año más, el alcalde de la capital luce los colores españoles el 12 de octubre y pide a las y los almerienses que hagamos lo mismo. Nos pide que colguemos la bandera de España en nuestros balcones. Y a los madrugadores ayer les regaló 350 emblemas nacionales para que no tengan que comprar. Nada de ropa tendida esta mañana. Nada de CDs para evitar que se caguen las palomas en nuestras barandillas. Fuera todo eso. Demos paso al rojo y al amarillo, los únicos colores que abandera, por segundo año consecutivo, el alcalde del PP. Ramón Fernández-Pacheco se declara abiertamente español y orgulloso de serlo y así lo hace constar en su bando al que saca foto junto a una pluma estilográfica.

El alcalde siente, en lo más profundo de su ser, esos dos colores. Le gustan más que a Marta Sánchez. El binomio almeriense-español le casa a la perfección al séptimo alcalde mejor pagado de España. Sin embargo, en los tres años en los que lleva gobernando el consistorio almeriense gracias al dulce regalo que le hizo Luis Rogelio Rodríguez-Comendador, Pacheco no ha movido tela alguna para que nos sintamos sus congéneres igualmente orgullosos de otros sitios a los que, por nacimiento -y puede que hasta por devoción- pertenecemos. Así, el blanco y el verde andaluces parecen ser colores que no le casan al regidor Pacheco en una estela. El blanco y el rojo almerienses, tampoco.

Es curioso que, siendo representante de una administración municipal no trate de velar por lo que, precisamente, hace un Ayuntamiento, por lo cercano y lo local. En este sentido, Fernández-Pacheco jamás nos ha invitado a las y los empadronados en Almería mediante bando u otro soporte informativo a celebrar los días de Almería y de Andalucía engalanando nuestros balcones, hoy españoles. No sería descabellado. De hecho, en Almería somos almerienses y también andaluces, la comunidad autónoma a la que pertenecemos. Pero el sentido del bando del alcalde Pacheco va por otro sitio, eso no se le escapa a ninguna mente.

No nos engañemos. Las pulseras, llaveros, banderas y pegatinas con la bandera de España se las apropió en su momento el PP, el partido que vela por esa España 'indivisible'. Si eres del PP llevas alguno de estos complementos y si lo acompañas de un toro de Osborne, te hacen la ola en Génova (en el Paseo en el caso de Almería).

De lo que realmente se pueden sentir orgullos los populares es de lucir a cada paso que dan y donde quiera que estén la bandera de la desigualdad, de los prejuicios, de las envidias, del rechazo a lo diferente y de los miedos. Sus mensajes catastrofistas calan en la sociedad.

El miedo siempre lo ha hecho. Conmueve. Si no colocamos la bandera de España hoy en nuestro balcón esta noche de puente se nos aparece Puigdemont o Torra, nos hablan en catalán y nos obligan a tomarnos esa crema tan dulce con la que acaban un almuerzo copioso. Y mañana pan tumaca. Cuando no se tienen argumentos para debatir ni gestos, palabras para convencer y alcanzar esa denominada unidad que ansía el PP, se manipula con los colores y nos obligan a lucirlos cuándo y cómo les conviene. Nunca antes del referéndum catalán nos había pedido el alcalde Pacheco en un bando que fuéramos más españoles que el Cid.

La bandera de España no es del PP, es nuestra. Cuando un partido escoge sólo una bandera y rechaza el resto, igualmente válidas y constitucionales, da el debate por acabado. Yo solo digo una cosa: que el amarillo y el rojo hacen naranja; así que ojo con las mezclas.

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