Reina la Soledad en la noche del Viernes Santo

Nuestra Señora de los Dolores, La Soledad, procesionó como es tradición sin palio por el Casco Histórico almeriense./AROA GARCÍA
Nuestra Señora de los Dolores, La Soledad, procesionó como es tradición sin palio por el Casco Histórico almeriense. / AROA GARCÍA

El cortejo procesional abandonó su sede canónica, la Iglesia Parroquial de Santiago, media hora antes que en años anteriores

AROA GARCÍAALMERÍA

Estamos en la tarde del Viernes Santo y es la penúltima hermandad que va a hacer Estación de Penitencia. A las ocho y media de la tarde y desde la Iglesia de Santiago sale la Ilustre Hermandad del Santísimo Sacramento y Nuestra Señora de los Dolores. Un noche fría pero sin amenaza de lluvia, que permite que la Hermandad puede salir a la calle sin preocuparse por el tiempo. Nazarenos con túnica de sarga negra de cola con escapulario, en el pecho el escudo de la Hermandad bordado: un corazón con siete cuchillos clavados, empiezan a desfilar, en el cuadril un cirio marfil que alumbra la noche del Viernes Santo.

Vemos el estandarte de San Juan, el patrón de la Juventud, San Juan, bordado en hilo de oro del siglo XVIII con cartela de plata y óleo. Y tras él los jóvenes y los niños de la Hermandad, escoltando el paso de Misterio de esta Hermandad, el Paso de la Vuelta de sepulcro. La Virgen no se encuentra en el grupo escultórico del paso porque procesiona sola en su propio paso como es la tradición. Por tanto el paso de misterio ha de entenderse como el acompañamiento que tenía la Virgen María en el trance de dar sepultura a Jesús, siendo ésta su razón de ser. Son los que no abandonaron a Jesús en la hora de su muerte, los primeros miembros de la Iglesia.

En el Misterio podemos ver a San Juan Evangelista, las Santas Mujeres María Magdalena, María la de Cleofás y María Salomé, los Santos Varones Nicodemo y José de Arimatea, un soldado y un judío, todos ellos obra de Juan Manuel Miñarro López. Delante del Paso, el capataz Jorge Alonso. El paso adornado por Francisco Valdivia juega con los tonos morados y rojos, dándonos la sensación cuando lo vemos acercarse, que realmente viene andando hacia nosotros, que un suelo silvestre y de un campo es lo que se nos aproxima. Una verdadera joya de la imaginería de la Semana Santa almeriense.

Tras el paso, sin acompañamiento musical por opción de la Hermandad, para darle e infundirle carácter a la Estación de Penitencia comienza el segundo tramo. Más nazarenos perfectamente ordenados y antes de la Señora, el Libro de Reglas de la Hermandad, de terciopelo negro con apliques de orfebrería de alpaca plateada, escoltado por dos varas.

Delante de la Señora, las mantillas, sin flor, sin adornos, solo su vestido negro, sobriedad en la noche del Viernes Santo. La Señora de la Soledad procesiona, pequeñita, sin palio. Ella solo necesita salir para reinar en la noche del Viernes Santo en la capital almeriense. La talla de esta Imagen tiene una historia preciosa que desde la Hermandad nos cuentan. Es obra del escultor castellonense afincado en Madrid José Pascual Ortells López , y se realizó en el año 1941.

La imagen que tenemos actualmente es una copia fidelísima de la destruida en el año 1936, atribuida al círculo del granadino José de Mora. Y la imagen fue reproducida por el imaginero en base a fotografías facilitadas por hermanos. Se le enviaron dos fotografías y varios croquis del manto, saya, corona y una descripción de la imagen que se realiza por carta enviada por Antonio Ramón Hernández en nombre de la Hermandad a José Ortells el 29 de agosto de 1940: «Tenía los ojos de vidrio. No tenía cabellera alguna, puesto que el rostrillo de encaje la tapa desde media frente hasta debajo de la barba. El color de su carne era blanca. Las mejillas un poco sonrosadas y las lágrimas de vidrio. Tenga en cuenta por la posición de la cabeza, que la imagen representa el séptimo dolor».

La señora de la Soledad, que mandada por los Hermanos Basilio y Agustín García Navarro, y bellísima vestida por Juan Rosales nos deja estampas increíbles por el casco histórico de la ciudad. Y detrás de ella muchísimos devotos, personas anónimas que realizan su Estación de Penitencia detrás de su Virgen de la Soledad.

Historias de una Hermandad que es grande estando en la calle, pero que lo es aún mas en su día a día. Una hermandad que trabaja, que no se cansa que tiene todo tipo de actividades durante el año, pero que quizás lo que más la representa es la labor que realizan dentro de La Bolsa de Caridad de la Hermandad. Los Hermanos durante todo el año se involucran, trabajan y reparten anualmente entre 10 y 14 toneladas de alimentos entre los más desfavorecidos dentro del plan europeo al que pertenece como distribuidor. Esto es realmente una Hermandad.