Un refugio que salva cientos de vidas

Una mujer coloca un pañuelo al estilo africano en una de las salas del centro de migraciones de Cruz Roja en Roquetas de Mar/CRUZ ROJA
Una mujer coloca un pañuelo al estilo africano en una de las salas del centro de migraciones de Cruz Roja en Roquetas de Mar / CRUZ ROJA

Almería es el hogar provisional de personas perseguidas por sus ideales o su orientación sexual

ALICIA AMATEAlmería

Huyen de la guerra, de la pobreza, de la miseria... pero también de la discriminación sexual, de los matrimonios concertados, de la trata de personas, de la mutilación genital, de la persecución ideológica. Almería es hogar provisional de cientos de personas que tienen reconocida (o esperan tenerla) su condición de refugiados.En torno a 450 fueron atendidas el año pasado por Cruz Roja.

Muchas de ellas pisaron el ansiado suelo europeo por primera vez después de un duro viaje por mar a bordo de pateras en las que casi hay que aguantar la respiración para ocupar el menor espacio posible. Sin embargo, no todos los que ahora son refugiados cruzaron el mar de Alborán pagando este (en todos los sentidos) costoso pasaje. De hecho, ni siquiera son la mayor parte. Entre los refugiados y solicitantes de asilo hay quienes aterrizaron en avión, pasaporte en mano, en un aeropuerto cualquiera del territorio nacional español pero con la intención de no volver a unos países en los que su integridad peligra.

Refugiados, voluntarios y trabajadores, frente al centro
Refugiados, voluntarios y trabajadores, frente al centro / C. R.

La mayoría de los refugiados que Cruz Roja Española atiende en Almería proceden de Venezuela, Colombia u Honduras -tónica general en España- y huyen de guerras y conflictos políticos. También se reciben familias al completo que escapan de Ucrania para evitar que sus hijos sean reclutados por el ejército al cumplir la mayoría de edad o personas del colectivo Lgtbi que abandonan países como Georgia o Rusia, donde están condenados a negar su orientación.

La persecución religiosa lleva a ciudadanos de Egipto o Palestina a dejar atrás sus países e iniciar una nueva vida en Europa; mientras que desde lugares como Marruecos -desde donde también llegan personas que huyen de los conflictos del Rif-, Argelia o los países subsaharianos se reciben víctimas de violencia de género, trata de seres humanos o mujeres que no quieren que sus hijas sean mutiladas y vejadas. De todos estos países hay alguna representación en Almería y, todos, sin excepción, han pasado por las manos de los trabajadores y voluntarios de Cruz Roja Almería y han convivido en el centro de migraciones que gestiona la entidad en Roquetas de Mar.

Un voluntario da clases a un grupo de migrantes
Un voluntario da clases a un grupo de migrantes / A. FUENTE

Lo llaman centro pero es un edificio completo (y parte de otro). En las distintas viviendas de las que dispone conviven 54 personas -hombres, mujeres y niños- de cualquier nacionalidad. Allí reciben información y formación para adaptarse al país que les recibe. «Incluso acaban compartiendo piso con los mismos compañeros que conocen aquí», explica la coordinadora del centro, Fuensanta Pérez. Ella forma parte de un equipo de casi 30 personas -psicólogos, trabajadores sociales, abogados- que, junto a medio centenar de voluntarios hacen todo lo posible para que garantizar la integración sociolaboral de estas personas.

«En Almería tenemos un 70% de inserción laboral, sobre todo, en agricultura y servicios», explica Pérez quien anima a más empresas a colaborar en esta matera con Cruz Roja con objeto de impulsar la contratación de las personas solicitantes de asilo y refugiados, que tienen permiso de trabajo a partir de los primeros seis meses. No obstante, también hay quien se aventura a crear sus propios negocios como hiciera una pareja procedente de Venezuela, propietarios en Almería de una pastelería. Sin embargo, «la mayoría viene con la idea de ir a Francia», continúa la representante de Cruz Roja. «Hablan el idioma y tienen familia allí».

Pero mientras ello ocurre forman parte del sistema de acogida de protección internacional, regulado en España por la Ley de Asilo y cuyos proyectos pertenecen al Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social. En total, las tres fases del proyecto de integración de estas personas suponen 18 meses de los que pasan seis en el centro.

Madre e hija separadas durante meses por llegar en dos pateras

Entre las paredes del centro hay tantas historias como personas que han pasado por ellas. Miles. Una de ellas es la de A. (ocultamos su nombre), una joven de origen subsahariano y madre de dos hijas que llegó con un bebé en brazos a bordo de una patera. «A veces madres e hijos llegan separados por el motivo que sea, espacio, peso», refiere la Fuensanta Pérez. Y esa fue la situación de A. Ella viajó con la bebé de pocos meses mientras que su hija de seis años lo hizo en otra embarcación. Al llegar por separado, la hija mayor fue trasladada a un centro de acogida al que su madre iba a visitarla cada semana mientras esperaban las pruebas de ADN que confirmaran que son madre e hija. Finalmente, tras ocho meses separadas, la familia vive junta en el centro.

«Estas mujeres tienen una fuerza impresionante», reconoce Pérez mientras A. peina a otra mujer con su pequeña sonríe desde el suelo.