La primavera se asoma a la mar

La explanada de la ermita se quedó pequeña por momentos para albergar a los miles de almerienses que acudieron a la tradicional peregrinación mariana./
La explanada de la ermita se quedó pequeña por momentos para albergar a los miles de almerienses que acudieron a la tradicional peregrinación mariana.

Miles de almerienses acuden a Torregarcía a la cita anual de peregrinaje hasta el lugar donde se encontró la talla mariana hace más de 500 años

M. CÁRCELESALMERÍA

La liturgia se repitió. Segundo sábado de enero y la imagen de la Patrona de Almería, la Virgen del Mar, recorrió los veinte kilómetros que separan su santuario, la basílica de Santo Domingo, de la Ermita de Torregarcía, junto al Mediterráneo que la hizo aparecer sorpresivamente allá por 1502 ante los ojos de Andrés de Jaén, vigía en ese punto del litoral. Una tradicional romería que este año se vio agraciada por una suave temperatura primaveral que animó a más de 4.000 almerienses a acudir en masa a una fiesta que conjuga la devoción cristiana, la hermandad cívica y el ocio al aire libre.

Tras la misa de romeros, la talla mariana de origen desconocido abandonaba el pórtico de Santo Domingo bajo el estruendo de los cohetes que anunciaba una de sus escuetas salidas anuales. Y hacia las 10.30 horas encaraba la costa mediterránea cuyas olas la acercaron hasta la orilla almeriense.

Desde ese momento, Torregarcía se convertía en el corazón de una de las más longevas tradiciones de la capital, la peregrinación hasta el lugar de la aparición mariana, con ambiente festivo, familiar y alegre. La banda de música daba la bienvenida a la talla. Y a mediodía se procedía -como es habitual- a la Eucaristía ante los pórticos de la escueta edificación cristiana.

Sin embargo, la actividad se extendía un kilómetro a la redonda. Paseos a caballo, montaduras, un escueto mercado de ropa y otros enseres, y dos enormes barras -dispuestas por las cofradías de La Macarena y El Amor- completaban los servicios en torno a los que centenares de familias establecían pequeños puestos de avituallamiento. Imaginen se los víveres: los más variados productos de la última matanza familiar. Morcillas, chorizos, panceta, costillas, lomos... Lo más socorrido para hacer sobre una parrilla pese a la congestión estomacal navideña.

Tras la misa, la ermita ha abierto sus puertas al público para que todo aquel que lo deseara pudiera ver a la Patrona. Y la cola fue digna de un reparto de abanicos de Feria. Agentes de seguridad privada -y del Cuerpo Nacional de Policía- custodiaron las puertas del templo hasta que los miles de almerienses que religiosamente guardaron su turno pudieron apostarse a los pies de la talla de nogal, coronada por suscripción popular y declarada alcaldesa perpetua de la urbe, cuyo bastón de mando la acompañaba ayer en su deambular anual.

Hacia las cinco de la tarde -y después de una jornada de cante y baile tradicionales, se instaló un escenario junto a la ermita en el que se pudo disfrutar de la actuación de grupos folclóricos de toda la provincia- la comitiva tomaba el camino de vuelta hacia la casa de los frailes dominicos haciendo pequeñas procesiones por los núcleos de El Alquián y La Cañada y visitando las parroquias de El Puche y Los Molinos, el Seminario Diocesano y la iglesia de San José. Ya en la plaza de San Sebastián, la imagen fue descendida del vehículo a ruedas y portada a hombros sobre andas procesionales hasta el templo, donde miles de almerienses la despidieron entre los sones de la Salve.

La tradicional romería tuvo ayer un aire reivindicativo después de que la Hermandad de la Virgen del Mar recogiese firmas para reivindicar la rehabilitación del Torreón de Torregarcía -de presupuesto origen morisco pero en uso como puesto de vigilancia costera contra las invasiones berberiscas tras la reconquista- y para remozar la ermita actual, a escasos metros el uno del otro. Centenares de asistentes reclamaron así, con su firma, la actuación de las administraciones y del Obispado de Almería para embellecer un «sitio de recogimiento» para quienes profesan la fe cristiana.

El frío sólo llegó por la noche, con la imagen a las puertas de la basílica del convento dominico. Como si el clima se hubiese aliado para empujar a los almerienses a cumplir con el ritual de acercarse a la mar a recordar cuáles son los orígenes centenarios del patronazgo de la Virgen del Mar.

 

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