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Con más pasado que futuro

MARCIAL VÁZQUEZ
MARCIAL VÁZQUEZ

Desde hace ya algún tiempo me he aficionado a bucear por Youtube buscando las entrevistas y conferencias pasadas de los grandes políticos y periodistas que protagonizaron la época más exitosa e importante en la historia de nuestro país. Algo que me ha llevado a reafirmarme, por desgracia, en una idea que he sostenido en varios de mis análisis políticos: España es una sociedad con más pasado que futuro, España es una democracia con más pasado que futuro. ¿Qué diferencia a los países que consiguen ir a la vanguardia de aquellos que no logran despegar y se quedan encerrados en sí mismos? Es posible que confluyan diversos factores, pero el esencial es si se tienen o no se tienen políticos a la altura de las necesidades y de los desafíos históricos, quedando claro el por qué los españoles, tras la muerte de Franco, disfrutamos de 30 años de libertad y progreso nunca antes conocido, pero llevamos más de 10 anclados en la impotencia absoluta y en la imposibilidad de resolver nuestros problemas, gracias a unos políticos que no solamente son incapaces de encontrar soluciones sino que son expertos en crear nuevos conflictos.

Pongamos un ejemplo externo para no limitarnos a nuestra propia burbuja: el Brexit. ¿Por qué decide un primer ministro, que no tenía necesidad alguna, convocar un referéndum sobre una cuestión tan compleja, delicada y tan apetecible para el populismo, como era la marcha de Gran Bretaña de la Unión Europea? Lo decide, en primer lugar, por una falta evidente de liderazgo. Como ya hemos perdido el sentido de qué significa un líder respetable en democracia al adorar a cualquier mediocre o iluminado edulcorado con esas técnicas tan siniestras de marketing político, aplaudimos como un gesto valiente el que un primer ministro se lave las manos huyendo de su responsabilidad en un asunto de importancia capital para el futuro de una sociedad, dejando que sean los «ciudadanos» los que decidan con sus votos. Sin embargo, no hay nada más cobarde ni alejado del liderazgo que el populismo plebiscitario que casi siempre termina colocando a quien lo sufre en un abismo. Luego, en complemento a este rasgo, se busca solucionar o utilizar esta consulta sobre el Brexit como vía de escape al problema que cada vez era más creciente del rechazo a la llegada de inmigrantes europeos a la isla inglesa. Porque nadie debe engañarse, el brexit no es algo de naturaleza económica, sino de problema social de corte xenófobo, por así decirlo. En ese momento, los ingleses, que habían solido tener bastante suerte con la elección de sus líderes políticos en momentos críticos de su historia, se encuentran con unos líderes- tanto en el gobierno como en la oposición- incapaces de estar a la altura que reclama el desafío del momento, cuyo resultado es un desastre que no se sabe cómo gestionar y que, en el fondo, descansa sobre un margen muy pequeño entre los partidarios del sí y del no.

En España, siguiendo el hilo anterior, hemos tenido como consecuencia de la incapacidad política lo sucedido en Cataluña el 1 de octubre y sus posteriores sacudidas, que siguen reproduciéndose sin que nadie sepa a dónde nos conducirán. Aquí, como en Inglaterra, nos encontramos con unas élites políticas encargadas de guardar y hacer guardar la Constitución incapaces de tomar las decisiones necesarias por temor a que en la recolección de resultados el rival político de turno recogiese más votos que tú. Ni el PP, ni el PSOE, ni tampoco Ciudadanos, estuvieron a la altura necesaria y exigible cuando 'aplicaron' ese 155 tan cobarde e infame que solo sirvió para fortalecer, aún más, a los separatistas. Al menos aquí tuvimos a un Rey y a unos jueces que dieron la cara para sostener nuestro sistema democrático y de derecho.

Pero la cruda realidad es que cuando uno analiza los actores políticos de la Transición, de los gobiernos felipistas e incluso de la etapa de Aznar, llega a la conclusión de que algo ha tenido que fallar estrepitosamente en nuestro sistema político para que hayamos pasado de Felipe a Pedro, de Guerra a Lastre, de Fraga a Soraya, de Carrillo a Garzón, y así hasta el infinito. ¿Es que ya no existen hombres y mujeres brillantes en España capaces de conseguir dar a su país lo mejor de sus vidas y de sus cualidades? Lo digo porque parece que ahora nos hemos resignado a que nos gobiernen aquellos cuya única cualidad es la de trepar en los partidos. Cualidad, esta la de trepar, más propia de los simios que del hombre.

Deberíamos aprender a diferenciar entre dos conceptos parecidos pero muy antitéticos: las limitaciones que tiene la política y los políticos con limitaciones, sabiendo que los políticos brillantes y competentes son aquellos que saben de los límites de la política real, mientras que los políticos con limitaciones, cuanto más limitados, más se empeñan en distraernos con artilugios de marketing barato y con promesas siempre de futuro pero sin anclaje de presente.

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