Al parque del Boticario no hay medicina que le libre de su desatención

La imagen general del parque es de abandono, lo que se evidencia en el cuidado de sus espacios naturales./RUBÉN ALONSO
La imagen general del parque es de abandono, lo que se evidencia en el cuidado de sus espacios naturales. / RUBÉN ALONSO

Hay mobiliario roto, viejo o sin funcionar, aseos destrozados, paneles sin información, fuentes secas y mucha suciedad

SERGIO GONZÁLEZ HUESO y RUBÉN ALONSOALMERÍA

O al parque del Boticario lo ponen bajo tratamiento o no va a llegar a viejo. Está afectado por una suerte de enfermedad provocada por varios patógenos, entre los que encuentran los continuos y sistemáticos ataques vandálicos o la falta completa de mantenimiento, limpieza y conservación.

El diagnóstico está claro. Y por desgracia desde hace tiempo la cosa no mejora, tanto es así que va a tocar ir llamando al cura. Y es que buena parte de la vida de este pulmón verde, puro oasis en mitad del desierto, ha estado marcada durante más tiempo del necesario por una realidad de apariencia bifronte: con una cara dominada por el abandono y la otra por la desidia. Todo por responsabilidad de una administración como es la Junta que se escuda hoy en el incivismo de algunos para no asumir otros problemas como la falta evidente de vigilancia o de dinero para reponer mobiliario, regar... por ir poniendo ejemplos.

Con la ciudad llena de gente de vacaciones, dar un paseo vespertino por las 14 hectáreas del parque del Boticario podría ser un poderoso plan para una familia ávida de naturaleza. Sin embargo, tal y como se encuentra este espacio a día de hoy es mejor quedarse en la playa o en casa frente al aire acondicionado (quien lo tenga). Con unas vallas carcomidas por el sol y el óxido, el parque, de indudable valor botánico, recibe a sus visitantes con una imagen que va a juego con el cartel desvencijado que se supone que debe informar de algo a quien sepa distinguir entre polvo y deformidad. Tras pasar una zona infantil con el corcho viejo y levantado y con más grava que el rally Interlagos, tres puertas coronan el primer conjunto con una estampa insólita. Son los aseos. De los tres, uno está abierto mientras los otras dos se encuentran cerrados y atados por un alambre del que cuelga, ¡sorpresa!, uno de los tiradores.

Esta rudimentaria forma de impedir la entrada a los visitantes se explica después, tras ver por un ventanuco trasero cómo se encuentra el interior de los habitáculos. Ni el decorado de un film de tornados. A modo de muestra se encuentra abierto, como un museo de los horrores, el servicio para personas con discapacidad. Para acabar antes con la descripción lo más rápido es decir que todo, absolutamente todo, está roto y hasta arriba de suciedad. Ni mirar se puede. Con esta imagen entra uno a las hectáreas de naturaleza. La primera impresión es de amplitud pero también de secarral, desorden y también de cierta abulia. Pintadas en las zonas de esparcimiento, troncos cortados a ras de suelo, tubos de riego sueltos y secos como el calor en Extremadura, canaletas de suministros desenterradas, bolsas de basura compartiendo espacio con los patos, arbustos agostados y mobiliario como los paneles informativos, bancos o las fuentes que, simplemente, no hacen su función: están viejos, rotos o grafiteados. O las tres cosas juntas.

Esta realidad es tan manifiestamente obvia que se encuentra a la vista de un paseo. Desde la Junta, administración titular del parque, reconocen una cierta impotencia ante el incivismo y «vandalismo» que perjudica a los usuarios del Boticario. Aseguran a través de un comunicado que en los últimos 18 meses han arreglado hasta en tres ocasiones los baños, y que lo volverán a hacer en las próximas semanas. Respecto al resto de cuestiones, no dicen más que existe actualmente un equipo de siete personas, cinco de forma permanente y dos que combinan su trabajo en El Boticario con sus labores en otros parques forestales de la provincia, que se ocupa del mantenimiento de este espacio realizando tareas como la «poda de setos y árboles, el desbroce de parterres, la limpieza y eliminación de restos vegetales, el entutorado, el riego, etc.», señalan.

Para finalizar, apelan al civismo y al uso responsable del parque para evitar, precisamente, que llegue el día de la extremaunción.