El nuevo cierre de dos puestos en el mercado municipal de La Cañada agrava aún más su agonía

Imagen interior del Mercado Central de La Cañada, hoy prácticamente vacío. /ISABEL MONTOYA
Imagen interior del Mercado Central de La Cañada, hoy prácticamente vacío. / ISABEL MONTOYA

La renuncia de la carnicería ahonda en la crisis de un espacio hoy semivacío, con sólo ya cuatro negocios que claman por nuevas medidas de incentivo

Sergio González Hueso
SERGIO GONZÁLEZ HUESOALMERÍA

La plaza de abastos del barrio de La Cañada de San Urbano se ha quedado sin carnicería, la única que quedaba. La junta de gobierno local del Ayuntamiento de Almería aceptó la semana pasada la renuncia a la concesión administrativa de dos barracas del Mercado Central de este barrio de la capital. Concretamente la número 17 y 18, que hasta hace poco estaban destinadas a la venta de carne y embutidos y que desarrollaban esta actividad desde hace casi 15 años.

Con este cierre, el panorama es desolador hoy en la plaza de abastos de esta barriada de Almería, cuyos vecinos ya temen la pérdida total de unas instalaciones en las que ya solo quedan cuatro negocios: pescadería, frutería, un puesto de congelados y un establecimiento de hostelería. Y todo en una dotación que tiene capacidad para alojar a una veintena de barracas y en la que se llegó a invertir por parte del Ayuntamiento de Almería casi 400.000 euros hace apenas seis años.

Entonces parecía que la amplia reforma y la nueva imagen que se le había dado a la infraestructura iba a ser suficiente para que floreciera de nuevo la actividad económica, que se creía que menguaba, entre otras cuestiones, por el mal estado del edificio. Ha pasado más de un lustro desde entonces y los puestos abiertos han pasado de ocho a cuatro tras las últimas renuncias, que no son más que la respuesta traumática de unos empresarios ante la falta de rentabilidad de su negocio.

Ya no sale a cuenta ostentar una barraca en este mercado, que parece estar tomando el mismo camino que el de El Alquián, cuyo cierre en el año 2015 no fue más que la certificación de una muerte anunciada. La Cañada teme encontrarse pronto en la misma situación, pues el cierre de la plaza alquianera se produjo cuando quedaban tan solo tres barracas abiertas, precisamente las mismas que quedarán en el mercado del llamado barrio universitario cuando el año que viene se jubile antes de tiempo el pescadero. Tampoco le renta seguir.

A pesar de todos estos síntomas, no hay muchos que sepan hoy cuál es la cura que necesita este enfermo grave. «Es que es la pescadilla que se muerde la cola», cuenta Gracia López, vecina de La Cañada y expresidenta de la asociación de comerciantes del barrio. «Los puestos echan el cierre por la falta de vecinos que compran ahí, y la gente está dejando de ir porque cada vez hay menos negocios y, por tanto, no se puede adquirir de una vez todo lo que se necesita», expone la también comerciante.

La situación es tal que desde el Consistorio almeriense se muestran algo descorazonados por la marcha de este tipo de centros que a nadie se le escapa que cada vez son menos atractivos para llenar la bolsa de la compra. «Se han mejorado las instalaciones, se han realizado campañas de promoción muy potentes y se ha puesto facilidades a los vendedores para que puedan variar a través de su concesión el tipo de negocio, pero está claro que existen otros factores que nadie puede controlar ni minimizar y que son los que están lastrando esta actividad», expuso ayer a preguntas de IDEAL Carolina Lafita, la concejala delegada del área de Comercio.

Cree que el cambio de usos y costumbres de la ciudadanía está detrás de esta deriva donde los mercados tradicionales se encuentran de capa caída, verdaderamente amenazados. La apertura de grandes superficies comerciales, la poca diversificación de la oferta o la modificación de la cartografía de los núcleos urbanos, entre otras, son algunas de las rémoras con las que tendrían que cargar, creen desde el Ayuntamiento, este tipo de infraestructuras que llevan años buscando la solución a sus problemas en casi todas partes.

Los 'supervivientes'

Pero la reconversión de estos espacios no se consigue de un día para otro. De ahí que los tenderos que aún están al pie del cañón en el mercado de La Cañada muestren su «indignación» ante la «falta de impulso» del Ayuntamiento a su centro de trabajo, dicen. Para ellos es una «pena» que a la plaza de abastos 'cañaera' no se le tenga en cuenta como dinamizador social y más después de cómo quedó tras las obras de reforma. Un espacio «desaprovechado», a su juicio, que debería ser protagonista de más atención por parte de los que mandan. De hecho, sospechan que la intención que subyace de la conducta municipal es que la plaza «eche el cierre» para ahorrarse el dinero que supone tenerlo abierto, extremo que niegan desde el Ayuntamiento.

Los comerciantes argumentan que solo así se entiende que se pongan tantas dificultades para dar nuevas concesiones, «aburriendo a la gente con la burocracia -señalan-», o ante el «nulo» mantenimiento diario del centro. «Falta limpieza, el aire acondicionado se pone con la puerta abierta gastando energía, hay una entrada rota desde ni se sabe... o fugas de agua», enumeran estos vecinos, que se reconocen «medio deprimidos».

Además de estos problemas, también son conscientes de que les perjudica a diario, por ejemplo, la falta de indicadores del mercado, la conexión de La Cañada con el campus universitario o la situación de continuo agravio comparativo que existe con el trabajador autónomo. «No es normal que nosotros tributemos casi al 30% y las grandes superficies lo hagan a menos del 10%. Esto nos mata», expresa una de estas personas, que ve «negro» el futuro del mercado si las administraciones no se conciencian del valor que tiene el pequeño comercio para las ciudades.

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