Un millar de almerienses, a la 'repesca'

Un millar de almerienses, a la 'repesca'

Ni el calor ni la tentación de la playa evitan que alrededor de 1.000 estudiantes den clases de refuerzo durante la época estival

JOSÉ LUIS PASCUALALMERÍA

El verano se asocia con el asueto, el descanso y la playa, pero para un millar de almerienses esta realidad es bien diferente. Esa cifra de estudiantes es la que los empresarios del sector estiman que se encuentran durante los meses estivales recibiendo clases en alguna academia homologada, a lo que hay que sumar quienes han optado por otras opciones, pero también pasarán estos meses entre libros.

Nos referimos a clases particulares, en casa o a domicilio, y a locales en los que se dan clases, aunque sin la preceptiva licencia ni autorización para ello.

Antonio Alejandre es uno de los alumnos que, mientras sus amigos y compañeros disfrutan de refrescantes baños en El Zapillo, apura las horas para recuperar terreno tras un año, aún en la ESO, que ha sido muy decepcionante. En este sentido, reconoce que «este curso no he estado bien y estoy yendo a clases de refuerzo por la mañana y por la tarde estudiando por mi cuenta». Aunque en verano suele haber ciertas contemplaciones, Alejandre nos confiesa que «mis padres están muy enfadados con las notas, de momento sólo una tarde han dejado que vaya con mis amigos, no sé que pasará».

Con cara de comprensión lo recibe, cuando aún no son las 9 horas, su profesora durante este verano, Laura, una joven granadina que nos indica que «pese a los tópicos que pueda haber, si un niño viene con ganas se puede avanzar mucho durante el verano, lo que rodea no es lo más adecuado, pero si consigue alcanzar la motivación necesaria es un tiempo muy aprovechable».

La docente asume que «para muchos profesores es una de las épocas del año en que más oportunidades de trabajar nos surgen y creo que no reparamos mucho en que la gran mayoría de la gente está de vacaciones. Luego hay que entender que es más complicado porque son alumnos que vienen de malas dinámicas, malos hábitos de estudio o comportamientos que no son correctos y encauzar algunos casos no es nada sencillo, todo lo contrario».

A la hora de encontrar el perfil de 'estudiante de verano', en muchas de las academias se coincide. Mari Ángeles Montoya, gerente y profesora de Academia Montoya nos comenta que «son alumnos que han tenido dificultades durante el año y, de cara a las recuperaciones, necesitan una ayuda que nosotros le ofrecemos. La mayoría vienen de forma forzosa. No obstante, hay algunos que lo hacen de forma voluntaria y suelen ser los más mayores, los universitarios». En esta línea, José Ignacio Tijeras, de Academia Pitágoras, indica que «nos llegan alumnos que han suspendido alguna asignatura con la que necesitan refuerzo. Los estudiantes que tienen deberes para septiembre necesitan un refuerzo en verano que nosotros podemos ofrecer a través de nuestro trabajo».

Larga experiencia en el sector tiene María José Muñoz, de Centro de Enseñanza Alcazaba, que nos señala que «lo que más nos llega es Primaria y ESO. Suelen ser nuevos alumnos y los resultados que han obtenido durante el curso les llevan a recomendar la academia a sus compañeros que han suspendido alguna asignatura». También existen academias especializadas, caso del Centro de Enseñanza Gamma, donde su gerente, Catalina Aveldaño, habla de que «nosotros nos dedicamos a las ciencias. Impartimos clases de refuerzo a alumnos de ESO y Bachillerato que han suspendido asignaturas como Matemáticas, Física o Química. El alumno que tiene recuperaciones en el mes de septiembre necesita un refuerzo y nosotros se lo ofrecemos».

Si hay algo en lo que coinciden tanto los propietarios de las academias como los docentes es que nada tiene que ver estudiar durante el verano a cualquier otra parte del año. Carmen María Sánchez, gerente de Centro de Soluciones Educativas, destaca que «aunque la mecánica de trabajo es la misma, la mayor diferencia radica en la rapidez y exigencia con la que trabajamos en estas fechas». Mari Cruz Sánchez, de Forma 3, apunta, por su parte, que «la actitud del alumno es la gran diferencia. Algunos vienen voluntariamente para sacar partido a las vacaciones y otros vienen con unas exigencias muy específicas como el refuerzo de alguna asignatura en particular». Mari Ángeles Montoya pone un apunte positivo en que «la época de verano nos da mucha más libertad a la hora de trabajar. Las escuelas e institutos marcan las pautas durante el curso y nosotros nos limitamos a hacer un seguimiento del alumno. Ahora podemos aplicar una metodología propia», algo que corrobora José Ignacio Tijeras porque «nuestra forma de trabajar cambia. Durante el curso llevamos un seguimiento del alumno adaptándonos a los contenidos que trabaja en el instituto. En verano trabajamos con nuestro propio método para cumplir con los objetivos individuales del alumno». Catalina Aveldaño nos confiesa que «nuestra metodología de trabajo no cambia. No obstante, se trabaja con el alumno durante más horas y de forma intensiva. La evolución de la academia no ha seguido ningún patrón. Hemos tenido años mejores y otros peores. Ha sido irregular».

Una de las mayores preocupaciones que tienen los empresarios del sector es la competencia desleal, un problema que tienen durante todo el año, pero que en verano se acrecienta y les origina unas pérdidas económicas que son muy importantes. En la época estival, profesores que durante el resto del curso han estado en algún centro educativo deciden sacarse un 'extra' dando clases particulares, tanto en su domicilio como en el de los alumnos, en una gran mayoría de los casos sin que se den las condiciones para ello. Juan Herrera, uno de los empresarios más veteranos en Almería de este gremio, nos confiesa que «conozco muchos casos, por ejemplo hay un señor que tiene su plaza en un instituto desde hace más de 20 años y que en verano 'hace el agosto' en su propia casa. No hablo de oídas, y es un caso entre muchos que se dan».

Para Herrera «debe haber más control sobre estas situaciones, pero es algo que llevamos años denunciando. La calidad de esas enseñanzas hay que ponerlas en duda, porque muchas veces los profesores son estudiantes que ni siquiera se han sacado la carrera y que quieren ganar unos euros. Luego está el tema de la seguridad, los materiales... parece que en cualquier lugar y de cualquier manera se puede dar una clase, eso no es así».

Más comprensiva con esta situación se muestra Mari Ángeles Montoya para quien «todos nos tenemos que ganar la vida. A nosotros no creo que nos haya afectado más allá de que algún alumno busque algo a corto plazo. Al fin y al cabo es una cuestión de méritos y resultados». No comparte esta opinión José Ignacio Tijeras, aunque tampoco dramatiza, porque «en mayor o menor medida, la competencia desleal afecta a cualquier labor regulada. Nosotros, gracias a nuestro éxito, apenas hemos percibido sus consecuencias. Al fin y al cabo, las academias ofrecemos unas garantías que no vas a encontrar en un particular». María José Muñoz se refiere a los profesores particulares y señala que «desde mi punto de vista, su labor es tan válida como la nuestra, pero debería estar regulada. Nosotros cargamos con unos costes y ofrecemos unas garantías. Los particulares deberían, como mínimo, de darse de alta como autónomos».

Esta realidad la corrobora Catalina Aveldaño porque «la escasez de empleo ha llevado a muchos titulados a decantarse por las clases particulares. A nosotros nos restan clientela, pero una academia siempre va a ofrecer una mejor calidad en el trabajo con el alumno». Carmen María Sánchez recuerda que no es algo nuevo y que «este tipo de competencia siempre ha existido. Afecta, pero el alumno prefiere a largo plazo una academia que le ofrece las garantías que no va a encontrar en un particular».

Hasta el momento, en Andalucía no se ha producido una protesta formal ante esta problemática, pero sí ha ocurrido en otras comunidades como Galicia o Aragón donde los propietarios de las academias han conseguido que se aumenten las inspecciones y se detecten irregularidades, tanto en centros que no cuentan con los permisos preceptivos como en particulares. Como recuerda Juan Herrera estas cuestiones no siempre llegan al usuario, pero al empresario le obligan a «tomar medidas que no son agradables, como ajustar precios e incluso la plantilla de profesionales, algo que resulta bastante doloroso e injusto».

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