El tirano móvil
«Si conocemos cómo se comporta nuestro cerebro igual podemos deshacernos de esta peligrosa correa»
Miguel Arranz
Psicólogo
Viernes, 14 de noviembre 2025, 23:33
«El smartphone nos usa a nosotros, y no al revés». Así de claro señalaba el filósofo Byung-Chul Han, reciente premio Princesa de Asturias ... de las Comunicaciones, el tiempo que nos ha tocado vivir en el brillante discurso al recoger su premio. Una tiranía de algoritmos modela nuestro día a día al ir volcando de manera gratuita toda la información en ese aparato que no nos podemos quitar de las manos y que se adelanta a nuestros deseos y nos hacen encima pensar que somos libres.
¿Podemos tener herramientas desde la psicología para revertir esta tiranía que el filósofo coreano llama infocracia: un régimen donde el poder se ejerce a través de nuestra información y nuestros datos, bajo una apariencia de libertad y trasparencia, pero que en realidad es una nueva forma de control invisible? Si conocemos cómo se comporta nuestro cerebro igual podemos deshacernos de esta peligrosa correa.
Sistema de pensamiento emocional
El premio Nobel Daniel Kahneman explicaba que disponemos dos sistemas de pensamiento uno rápido, automático, emocional e intuitivo y que requiere menos esfuerzo y otro más lento pero racional y reflexivo.
Los medios digitales estimulan permanentemente ese pensamiento rápido tan emocional, mientras suprimen el pensamiento lento y crítico y, de esta manera, la infocracia que dice Han, transforma la cognición humana en un flujo emocional, fácil de medir y de manipular algorítmicamente.
¿Qué consecuencias trae eso? Un debilitamiento de la razón y de paso, de la capacidad para tomar conciencia porque el sistema que nos hace pensar más reflexivamente ya casi no encuentra tiempo ni espacio para actuar. Y eso, los popes de las redes, lo saben perfectamente.
Comunicación afectiva
En psicología, la comunicación es fundamental a la hora de gestionar desde pensamientos a emociones. Y en esa comunicación debe haber un discurso donde haya pausa, argumentación y escucha. Pero las redes han terminado con esto y, siguiendo al filósofo germano coreano, hoy ya no comunicamos para entendernos sino para producir efectos.
La comunicación actual no busca sentido ni consenso, sino impacto inmediato: los likes y todo lo relacionado con ello. El resultado es una inflación de información sin profundidad: mucho cacareo y poca reflexión por lo que, siguiendo sus propias palabras,
«La comunicación se ha convertido en un intercambio de estímulos». Es lo que denomina comunicación afectiva en contraposición de una comunicación racional y comenta que «la comunicación actual es síntoma de una sociedad que ha perdido la capacidad de pensar y convivir a través del lenguaje».
Domar el monstruo
Podemos instalarnos pautas donde seamos conscientes del uso que hacemos del smartphone. No se trata de demonizarlo sino aceptarlo solo como una herramienta para nuestras necesidades. Así, estas pautas podrían quitarnos de esa tiranía de infocracia:
-Establecer límites de tiempo: Dedicar momentos específicos del día para usar el smartphone. Por ejemplo, podemos establecer un límite de 30 minutos en la mañana y en la noche. Además, llevar un diario donde anotemos cuándo y por qué usamos el smartphone y sus redes nos hace a identificar patrones de uso y a ser más conscientes de su impacto en nuestras vidas.
-Practicar la atención plena: Al interactuar con los demás, guardemos el móvil en otro lugar no visible y sin avisos. Esto nos ayudará a concentrarnos en las conversaciones y a disfrutar del momento presente.
-Incorporar actividades sin tecnología: Planear actividades que no impliquen el uso del móvil, como salir a caminar, leer un libro o quedar con una amistad enriquecerá nuestras relaciones y nuestro bienestar personal y, también, descubriremos que nuestros amigos y amigas no son avatares entregados al postureo.
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