Los mayores se dan un buen homenaje

Aire de fiesta. Tres invitadas, ataviadas como marca la tradición de la Feria, dan rienda suelta a sus volantes durante el baile que siguió al almuerzo de ayer./ A. AMATE
Aire de fiesta. Tres invitadas, ataviadas como marca la tradición de la Feria, dan rienda suelta a sus volantes durante el baile que siguió al almuerzo de ayer. / A. AMATE

La Caseta Municipal celebró ayer su almuerzo anual para los vecinos de más edad con un millar de invitados

Alicia Amate
ALICIA AMATEAlmería

«¡Pero que se están colando! Esto no pasaba en la fila para ir a la guerra», se oía comentar entre risas, supongamos que para calmar el ambiente, pocos minutos antes de las dos de la tarde de ayer, cuando la Caseta Municipal del ferial abría sus puertas y recibía al millar de invitados de la tradicional e imprescindible -«yo vengo desde siempre, de toda la vida»- comida en homenaje a los mayores de Almería. Ya sentados (casi todos) los comensales, el jamón y el queso desaparecían de los platos previamente dispuestos sobre las interminables mesas y las jarras de cerveza y tinto de verano, literalmente, volaban. «¡Camarero! ¡Otra jarra por aquí!», reclamaba un señor al que le faltaba un único botón para estar completamente descamisado, puede que por el calor propio de la tarde -que no perdonó a pesar de los intentos de gigantescos tubos de aire acondicionado a máxima potencia- o porque, simplemente, formaba parte de su 'outfit' para la ocasión.

Aunque, puestos a hablar de moda y modelitos, el traje de flamenca en su multitud de variantes fue el auténtico 'must' del mediodía de ayer en el recinto de la Vega de Acá. Lunares, flores, flecos, volantes y peinetas se impusieron claramente, primero en las mesas y, más tarde, en la pista de baile. Todo en su conjunto o bien, solo un pequeño detalle para recordar al cuerpo que la feria no tiene edad, como tampoco la tienen las ganas de disfrutar en compañía de los amigos y, por unas horas, olvidarse de los quehaceres diarios, que no son pocos hoy en día para los mayores de la familia, dicho sea de paso. Tampoco parecen tener edad, y quedó más que patente ayer, los 'selfies', con morritos incluidos, que aunque se atribuyen a las quinceañeras, también están muy de moda en otras edades.

Y entre cháchara, parloteo y jarras que se vaciaban y llenaban a un ritmo similar, llegó el plato principal. «Muy bueno que estaba el arroz. Mira cómo he dejado el plato», mostraba una señora antes de contar a sus compañeros de mesa que hizo hasta tres veces la cola para conseguir otros tantos abanicos de la Feria de este año, por su puesto, mientras se daba aire con uno de ellos. «Le tengo que decir al alcalde que el año que viene repartan abanicos aquí», insistía. «¿Quieres una casera? ¡Tómate algo, muchacha!», la interrumpió su vecina de mesa, una abuela 'de oficio' preocupada por la hidratación de los que estaban allí trabajando.

Todo este episodio, además, con los mejores y más melosos temas del grandísimo Julio Iglesias, encargado -no en persona (ojalá) sino en 'playlist'- de amenizar el almuerzo, aunque no los postres porque el plan para el flan, el café y las pastas que siguieron a la paella era otro muy distinto, uno con los compases del pasodoble español.

¡Viva el pasodoble!

Con la primera nota apenas sonando, las más avispadas saltaron a la pista. Tocaba bailar. Primero, dos mujeres. Luego, cuatro, seis, ocho... Un señor se anima (¡bien!) y comienza a bailar con dos de ellas, haciéndolas girar mientras movían con todo su arte los volantes de sus vestidos de flamenca. Comenzó la fiesta, ahora sí, oficialmente. «A nosotros lo que nos gusta es el baile», indicaron ignorando completamente el postre que les esperaba en la mesa. Está claro que saben bailar, sobre todo, el baile de salón más patrio. Suena en la 'playlist' Manolo Escobar con su 'Viva España' y el señor que minutos antes bailaba con dos mujeres, comienza a animar al público, brazos en alto y señalando para animar a gritar aquel estribillo que recuerda que «España es la mejor». Y lo consigue.

Precalentado el ambiente a ritmo de pasodoble, apareció el primero de los tres componentes del trío 'Cadifornia', expertos -no cabe duda- en animar este tipo de convites. De repente, la mitad de las sillas quedaron vacías y la pista de baile se convirtió en el epicentro del homenaje. Valses, cumbias, salsas y, cómo no, más pasodobles fueron animando a mover pies y cuerpos durante horas en la caseta de todos los almerienses a los asistentes, muchos de ellos, con un nivel que bien podría avergonzar a alguno de los famosos participantes en los múltiples concursos de baile que en las últimas décadas han estrenado distintas cadenas. Se notaba que no era su primera verbena. Tampoco será, ni mucho menos, la última.

Pero el baile no era obligatorio. Mientras gran parte de los invitados movía el esqueleto, el resto saludaba a conocidos en sus mesas, se sentaba a escuchar la música 'a pie de pista' o, por qué no decirlo, salían a la calle a fumarse algún que otro cigarrillo. Lo importante ayer era disfrutar y, al cierre de esta edición, todo apuntaba a que iba a ser un objetivo conseguido.