«En un lado llevamos la pistola y, en el otro, el sacaleches»

Las agentes, en uno de los vehículos que emplean para sus servicios./
Las agentes, en uno de los vehículos que emplean para sus servicios.

Medio centenar de mujeres forma parte de la Policía Nacional en Almería, lo que supone en torno al 10% de la plantilla

Alicia Amate
ALICIA AMATEALMERÍA

Hace casi cuatro décadas que la mujer se incorporó al Cuerpo Nacional de Policía, pionero en ello. Actualmente, 48 mujeres forman parte de la plantilla de este cuerpo en la provincia, 39 en la capital y 9 en El Ejido. Ello supone en torno a un diez por ciento del total. Mujeres, por lo tanto, en un entorno donde los hombres son mayoría pero en el que, aseguran, nunca han sentido discriminación. Eso sí, reconocen que su condición de mujer les hace protagonizar ciertas situaciones que, poco a poco, se van normalizando aunque para ellas son ya «anecdóticas».

«Yo leí el supuesto de oficial embarazada de ocho meses y me dieron la nota el día que nació mi hijo», recuerda María Paz, recién llegada a la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) de Almería. «En un lado llevas la pistola y, en el otro, el sacaleches», bromea Raquel Domínguez, miembro del Cuerpo Nacional de Policía desde 2003, subinspectora y coordinadora de servicio en la Comisaría de El Ejido. Para lograr su último ascenso dejó «a un bebé de meses y a una niña de tres años» con su pareja, también miembro de Policía Nacional.

«Es más fácil de entender nuestro trabajo cuando los dos hacemos lo mismo», explica Carolina Cáceres, agente de la UPR de Almería desde hace más de cuatro años. Precisamente es ella quien pone sobre la mesa una demanda en materia de conciliación «que beneficia a hombres y mujeres» como es la posibilidad de solicitar traslados con sus familias.

«Antes existía el derecho de consorte», recuerda la más veterana de todas, Florentina Torrente, inspectora jefe en la Comisaría de Policía Nacional de Almería y miembro de este cuerpo desde 1992. «Yo quería una profesión en la que no me aburriera». Ahora, 26 años después, parece que lo ha conseguido.

El contrapunto de Torrente es Carmen González, una joven oficial en prácticas que presta atención a sus compañeras sobre lo que supone ser mujer y policía. Actualmente está aún en formación y siguen siendo muchas menos las mujeres que los hombres. Es más, asegura que «hay más hombres que mujeres de sobre 40 años que se preparan para ascender».

Ahí, sí que reconocen todas, es donde se encuentra la barrera entre ellos y ellas. Por eso reclaman medidas que permitan a todos desarrollar su carrera al mismo ritmo. «Lo primero es la equiparación salarial», remarca Lola Martín, agente de Policía Nacional en El Ejido y «uno más» entre sus compañeros. Pero además de esta igualdad salarial con otros cuerpos, también reclaman medidas que pueden ayudar a la conciliación, como guarderías en las comisarías, viviendas para los traslados o bajas de maternidad o paternidad más largas, sobre todo, porque es difícil compaginar el trabajo por turnos.

«No queremos privilegios por ser mujeres, queremos igualdad». Son palabras de Raquel Domínguez. No habla en su nombre sino en el de todas sus compañeras de trabajo y profesión que, al igual que sus colegas hombres, se ven obligadas a compaginar la vida familiar con la profesional en un ámbito donde el servicio al ciudadano es lo primero.

Eso sí, todas dirían 'sí' a que sus hijos ingresaran en el cuerpo.