«Lo intento todo para salir de la calle»

Fátima Cayo, referente del proyecto de Cruz Roja, dándole una manta a un usuario./NEREA ESCÁMEZ
Fátima Cayo, referente del proyecto de Cruz Roja, dándole una manta a un usuario. / NEREA ESCÁMEZ

La Unidad de Emergencia Social atiende a 80 personas sin hogar durante tres veces a la semana en Almería | Uno de los usuarios de Cruz Roja, con 55 años, espera cambiar su situación y dejar de vivir en la exclusión

NEREA ESCÁMEZALMERÍA

Es un martes cualquiera de invierno en Almería, la tarde comienza a caer, la gente vuelve de su trabajo a un ritmo apresurado a la espera de reunirse con sus colegas o, incluso, de llegar a casa. Los hay que prefieren irse de compras y otros que deciden quedarse viendo una serie en el sofá de su hogar. Es hora de dar paseos nocturnos, con o sin la mascota, pero es hora de reunirse con vecinos y recorrer el Paseo de Almería o incluso las calles menos transitadas para ver el alumbrado navideño o el belén.

El aire y la humedad hielan a todos los que caminan por la calle, son las nueve de la noche y hace frío. No hay quien soporte estar fuera. Sin embargo, para algunas personas aún acaba de comenzar la noche en Almería. Ellos son los encargados de hacerles llegar, a la parte invisible de la ciudad, lo que otros no pueden o no quieren ver. Fátima Cayo, trabajadora social y referente del proyecto de Cruz Roja, junto a Cesar Mateos, Mercedes Soler, Sofía Peralta, José Antonio Mena, Francisco José Clemente y Mónica Alba López, que son los voluntarios de Cruz Roja.

Un grupo que conforma la Unidad de Emergencia Social (UES) y ellos son la punta de lanza de esta ayuda a pie de calle: varios días a la semana (martes, viernes y sábado), los voluntarios y voluntarias que la conforman recorren las calles almerienses para repartir alimentos y ropa de abrigo a quienes viven en la calle, pero también para ofrecerles su compañía, darles conversación y escuchar a los más necesitados, que solo desean un poco de atención.

Este colectivo sufre la exclusión social de manera más extrema en nuestra sociedad. A las necesidades materiales, psiscosociales y emocionales que sufren, se suma la invisibilidad social en la que prácticamente viven.

El grupo de Unidad de Emergencia Social (UES) se reúne a las 21 horas de la noche para preparar los alimentos que van a entregar al colectivo 'sin techo'. La rapidez se palpa en el ambiente y la forma en la que trabajan cada uno de ellos demuestra experiencia. Los minutos avanzan y conforme se acerca la hora, es tiempo de prepararlo todo en los vehículos para marchar a las rutas establecidas.

«¿Qué prefieres caldo o café? ¿De qué quiere el sándwich?», es la primera intervención con uno de los usuarios que se acerca a los voluntarios. La cercanía se palpa en el ambiente y no es reacio a negarse a su ayuda. Un colchón y varias mantas es lo único que le resguardan del frío y accede a tomar la cena que se le brindan.

«No todos los usuarios reaccionan igual, a veces se niegan a recibir nuestra ayuda porque sienten desconfianza, sin embargo nosotros nos vamos acercando cada vez que salimos para intentar que pierda el miedo», explica Fátima desde el vehículo de Cruz Roja. La calle es una situación difícil para los que viven en ella. Miles de historias a sus espaldas y ninguna solución a sus problemas.

Otro de los usuarios, José Ramón, recibe a los voluntarios con una sonrisa en su rostro pese a los problemas que han calado hondo en su vida. Con 55 años de edad y a falta de tres meses para conseguir la prejubilación, «la vida solo me pone barreras, una tras otra, y así siento que no avanzo aunque lo intento todo para salir de la calle», dice resignado mientras carga con la comida que Cruz Roja le da para seguir afrontando la dura noche de Almería.

«Yo tengo salud, estoy muy bien, gracias a Dios, pero necesito tres meses de contrato para poder prejubilarme a mi edad, porque si no, no tengo con qué mantenerme», explica sosteniendo su bolsa de papel, donde guarda cada una de sus pertenencias junto a su compañero, que tiene edad similar pero la salud es uno de los puntos por los que más flaquea.

Conforme avanza el trayecto, Fátima Cayo explica que ellos «hacen de puente con los servicios sociales para ayudar a reinsertar a estas personas que viven en la calle», atienden a un total de «80 usuarios en Almería y saben los días que salimos, hay un nexo de unión porque nos reconocen y existe una relación de ayuda». El porcentaje varía notablemente ya que el 80% de los atendidos son hombres y «hay una minoría de mujeres, un 20%» pero que, tal y como afirma Fátima, «la mujer sufre un perfil muy difícil en estas situaciones».

En cuanto a edad, la referente del proyecto argumenta que «es muy relativo porque la calle agudiza todos los problemas y enfermedades que ellos tengan, sus condiciones no permiten tener una esperanza de vida avanzada y se interviene rápidamente para conseguir que vayan a una residencia por exclusión».

En la calle hay gente con «20 años e incluso con los 50» e, incluso, «puede que no los aparenten porque, como digo, la calle es un factor que ellos sufren en su piel y todo se agudiza cada vez más», dice Fátima.

Esteban también espera a la Unidad de Emergencia Social e incluso saluda a la referente del proyecto, Fátima, con un abrazo. «Soy de Almería de toda la vida, pero estoy en esta situación por mis rarezas porque no me falta ayuda de mi familia», admite el usuario aceptando la ayuda que los voluntarios le brindan casi por la madrugada.

Pablo es un hombre que ronda los 60 años de edad y con diabetes, vive a su suerte en la calle. Ha estado a punto de que los médicos tuvieran que intervenir por la gravedad de su situación pero él, manifiesta que quiere «seguir en la calle». Muchos de ellos, tal y como cuentan los voluntarios a IDEAL, «sufren enfermedades mentales y se cierran en sí mismos que no escuchan a nadie y no dejan recibir ninguna ayuda».

Isabel María, por el contrario, vive en un parque de la capital acompañada de su mascota y algo peculiar, un panel de cactus. «Los vendo para buscarme algún dinero», dice mientras charla con los voluntarios de Cruz Roja. Su tono animado es totalmente contrario a la situación que está viviendo, pero «¿a dónde voy sino? ¿En qué trabajo?», pregunta con desdén.

Cruz Roja Española en Almería apoyó en 2017 a 1.300 personas, mientras que la cifra hasta octubre de 2018 se situó en casi 900 personas, a través de su proyecto de Atención Integral a Personas Sin Hogar, con el que se presta ayuda para cubrir las necesidades básicas, y se organizan actividades dirigidas a mejorar la calidad de vida de las personas que viven en la calle.

La mayoría se muestra agradecida por el trato que reciben por parte de los que le tienden la mano y les dan conversación. Pero los hay quien no quieren que les atiendan. «Otra vez será», dice resignada Fátima en lo que el vehículo arranca, dispuesta a seguir tendiendo su mano a personas que necesitan ayuda. Personas con historias que resultan invisibles para los almerienses.