Los Giménez Canga Argüelles: influencia, negocios y poder

Luis Giménez, nieto del patriarca, Luis Giménez Cano./IDEAL
Luis Giménez, nieto del patriarca, Luis Giménez Cano. / IDEAL

Hasta tres generaciones de representantes en Cortes fueron pasando por Madrid en la época del 'turno de partidos' durante la Restauración

VÍCTOR HERNÁNDEZ BRUALMERÍA

Ya en alguna ocasión se ha tratado, en este apartado, la trayectoria de algunas familias de la burguesía político-económica almeriense de la Restauración, de aquel largo período de estabilidad que, en España, transcurrió entre 1874 y la llegada de la Segunda República, allá por 1931.

Un período marcado por el llamado sistema del 'turno de partidos', construido por el conservador Antonio Cánovas del Castillo y desarrollado por él mismo y por el liberal Práxedes Mateo Sagasta.

El turno de partidos propiciaba una estabilidad basada en el intercambio de etapas en las que pasaban ambos partidos por los órganos de poder y decisión, lo cual conllevaba un gran movimiento de cargos afines que también se iban cambiando y servía como sostén para el mantenimiento de las cuotas de poder, también en provincias, de las familias burguesas a las que nos referimos, por medio de un sistema asimismo denominado 'clientelismo', que no era más que un intercambio de intereses.

Sus hijos, José, Manuel y Juan José, continuaron la labor de su padre, con protagonismo del segundo

Entre esas familias, tal y como han estudiado entre otros María Dolores Jiménez y Pedro Martínez, en el ala conservadora, estaba la de los Giménez, cuyo patriarca político era Luis Giménez Cano, gran terrateniente de la zona de Vera, municipio del que llegó a ser alcalde y que llegaría a diputado en Cortes por el distrito de Purchena, senador y también comisario regio de Agricultura.

Su hijo Manuel

Sus hijos, José, Manuel y Juan José Giménez Canga Argüelles, continuaron la labor de su padre, con especial protagonismo de Manuel, que no sólo prosiguió los negocios de su padre sino también tomó su testigo en la carrera política.

En el ámbito de los negocios, prosiguió su actividad ligada a la uva e incluso la incrementó, valiéndose de sus posiciones políticas y de la influencia que alcanzó en círculos de poder en la capital de España.

Derecho, entre su herencia hay que sumar tanto las tierras y empresas como la clientela política, dos ámbitos que se retroalimentaban y contribuían a el sostenimiento el uno del otro. En 1899 fue elegido senador por el Partido Conservador en representación de la provincia de Almería, siendo ya el hombre fuerte del mismo en el distrito de Vera. Tal era su nivel de influencia que, en la pugna por los escaños de las elecciones en 1903, logró desplazar a un diputado cunero que intentaba colocar el propio gobierno.

No dejó de estar presente en Cortes, en representación de Almería, hasta la dictadura de Primo de Rivera, escalando posiciones de influencia en el sector liderado por Eduardo Dato en su partido y con conexión directa con Luis Silvela e incluso alcanzando puestos de responsabilidad, como el de director general de Agricultura.

En las Cortes, su actividad se centró particularmente en la defensa de la agricultura almeriense y sobre todo del sector de la uva, que era el suyo propio. Fue especialmente incisivo en temas relacionados con los mercados exteriores y en la defensa de la competitividad internacional de este producto, por aquel entonces atacado por la rigidez arancelaria del Reino Unido y los problemas en las relaciones internacionales entre diversos países europeos, en el horizonte de la Primera Guerra Mundial.

En 1926, dejó paso a su sobrino, Luis Giménez Canga Argüelles, que proseguirá con la actividad familiar tanto en el ámbito político como empresarial. Manuel fallecerá en 1935, cuando se encontraba en una de sus fincas uveras.

Luis Giménez

Por su parte, su sobrino Luis ya había iniciado su carrera política en 1910, como candidato a diputado por Vera, optando a un puesto que finalmente fue para el cunero Miguel Salvador Carreras. Lo mismo le ocurrió en 1918, esta vez en favor de Augusto Barcia.

Ello no le privó de ser diputado provincial y, posteriormente, gobernador civil en Canarias y posteriormente en Granada. Finalmente fue diputado en Cortes por el distrito de Sorbas en 1920, aunque la llegada de la dictadura de 1923 decidió abandonar la política de forma temporal, regresando al cabo del tiempo a ejercerla.

Más tarde sería vocal de la Cámara Uvera y, a la conclusión de la dictadura de Primo de Rivera, fue elegido director general de Administración Local. Ya durante el periodo de la República, en las elecciones de junio de 1931 se presentó a Cortes, pero no salió elegido.

En esos años fue acusado por un sector de la prensa de conspirador contra la República y en 1933 fue diputado en Cortes por parte de la Confederación de Derechas Autónomas (CEDA) y en 1936 por Acción Popular.

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