«La dieta mediterránea no existe, se ha perdido completamente porque tenemos malos hábitos alimenticios»

Marta Tejón Fernández en una calle del centro de la capital almeriense./M. SOLER
Marta Tejón Fernández en una calle del centro de la capital almeriense. / M. SOLER

Entrevista a Marta Tejón Fernández, nutricionista

MARTA SOLERALMERÍA

Pese a llevar pocos años en el ejercicio de su profesión por su corta edad, Marta Tejón Fernández, ya ha cambiado la vida de varias personas. Personas con obesidad que han llevado a cabo unos buenos hábitos de conducta alimentaria y, al cabo de poco tiempo, ven la vida de otra manera. Su especialidad son los menores, aunque por su consulta atiende a todo tipo de pacientes. También trabaja en una universidad privada y lleva varias líneas de investigación en el Complejo Hospitalario de Torrecárdenas; una de ellas, sobre alimentación en grandes prematuros. Que vengan al mundo bebés con menos de 1.500 kilos de peso se debe, dice, a múltiples factores. ,

-En el nacimiento de grandes prematuros, ¿depende mucho la alimentación de la madre?

-Que un bebé nazca gran prematuro depende de muchos factores. Dentro de la alimentación como tal, no se han visto factores predominantes. La alimentación de la madre determina otra cosa como es que posteriormente, en la edad adulta, se puedan padecer obesidad o diabetes. Hubo un estudio muy interesante realizado durante la segunda guerra mundial realizado a gestantes holandesas durante el asedio al que fue sometida esta población por Alemania. Sus hijos tenían más riesgo de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares.

-Ahora se acerca una época en la que su consulta estará más activa, por el período de Navidad. ¿Qué recomendaciones debemos tener en cuenta?

-En primer lugar, no estresarse. La Navidad debe comenzar el día 24 y debe acabar el 6 de enero. Durante este tiempo, se pueden cometer ciertos excesos en las fechas señaladas, pero no durante las dos semanas. En la mayor parte de los días se han de tener unos hábitos iguales a los que se tienen durante el resto del año.

-¿Cuántos kilos puede llegar a coger una persona que no tenga buenos hábitos durante la Navidad?

-Entre cuatro o cinco kilos. En quince días, esto es demasiado. También ha que tener en cuenta que la industria ha comenzado a introducir los productos mucho antes de lo previsto y en los supermercados se ven productos navideños desde noviembre. El roscón de reyes, también está ya disponible para consumirlo y no estamos en enero. La industria, las empresas, han trastocado las fechas y los hábitos completamente.

-En general, ¿llevamos buenos hábitos alimenticios?

-Normalmente, no. En todos los informes sobre alimentación que se publican, en España solemos suspender, sobre todo en lo que afecta a la población infantil. La dieta mediterránea no existe, se ha perdido completamente. Esta dieta se asaba en productos de la tierra, en legumbres, en hortalizas, frutas, etcétera. Habría que retomar esto. Hay que llevar una alimentación como la que llevaban nuestros abuelos. No hay que comer superalimentos para estar saludables y, en ocasiones, es difícil saber exactamente de dónde proceden estos y otros productos.

-¿Cambia mucho la calidad de los productos en función de los establecimientos en los que se adquieran?

-Si tendemos a ir al mercado tradicional veremos menos alimentos procesados que en un supermercado. Aunque en este tipo de establecimientos también hay alimentos saludables, pero cuestan más, ciertamente, y hay que saber cuáles son, hay que educar a la población.

-Pero tenemos poca educación alimenticia.

-En mi consulta hacemos talleres y charlas para que la gente sepa cómo organizar la comida durante la semana, para aprovechar todo lo que se ha comprado, etcétera. A mi no me gustan las dietas de cajón. Yo no imprimo una dieta para dos pacientes diferentes. Cada uno debe tener la suya propia.

-Y después de la Navidad, llegan las dietas milagro. Otro error, supongo.

-Totalmente. La gente como muy mal, pero creen que comen bien. La obesidad y comer mal es un problema a largo plazo, porque se desarrollan muchas enfermedades. Hay que ayudar a la gente a comer bien, más que inculcar una dieta estricta que no pueden saltar. En mis dietas, por ejemplo, hay lentejas o cocido, pero con verduras. También hay pasta, en la cantidad recomendable.

-Pero, quien está gordo o gorda, ¿es porque quiere?

-No. Es porque lleva una mala alimentación y se puede deber a múltiples factores. No hay que echar la culpa solo al individuo. La obesidad infantil, por ejemplo, es un serio problema y va a caballo, en Andalucía. Se habla de que un 16% de la población infantil es obesa y ese porcentaje es mayor en el caso de los adultos. Si fuese combinación entre sobrepeso y obesidad es un 40%. La gente cree que el menor está sano, pero el exceso de tejido graso no lo es.

-¿Qué consecuencias puede tener la obesidad infantil?

-Una vez que se fabrica una cantidad de grasa es difícil que ésta se vaya, solo se vacía y hay más facilidad para coger peso. Una persona que sufre obesidad durante su infancia, cuando sea mayor puede sufrir más riesgo de padecer diabetes, enfermedades cardiovasculares o determinados tipos de cáncer. Nos encontramos, en la actualidad, con que hay mucha población por debajo de los 35 años que padece diabetes tipo 2, que no es genética, sino que está relacionada con los hábitos de vida. Se trata de personas que no tienen aún 35 años y que tienen una salud de ancianos. Pero hay que predicar con el ejemplo. Las familias deben tener hábitos saludables, comer fruta y verdura y pensar que si los padres no se comen la comida, los niños tampoco lo van a hacer. Piensan que no está bueno o que no es seguro, si no ven a su madre y a su padre comer lo mismo que ellos.

-¿Los menores que acuden a su consulta hacen ejercicio físico?

-La mayoría no hace. Me gusta promoverlo. Hay que ir a escuelas deportivas, pero es cierto que no todo el mundo se lo puede permitir. Sobre todo, si se tienen varios hijos. No todo el mundo puede permitirse pagar cada mes 200 euros porque sus hijos hagan ejercicio físico. Hay que preocuparse desde todos los ámbitos: desde casa y desde las administraciones.

-Debe ser duro poner a un niño o niña a régimen.

-Bueno, realmente, yo les ayudo a educarles en alimentación y no hay régimen como tal. Se les quitan alimentos que no son sanos y se promueven los sanos. Lo que menos suele gustar son las frutas y verduras y se las hacemos divertidas, en croquetas, en bolitas al horno, etc. De todos modos, las familias han de predicar con el ejemplo y deben comer todos lo mismo. No podemos pretender que nuestros hijos coman sano mientras nosotros nos tomamos un huevo frito con patatas al lado. Además, no hay que obligarles a comer algo que, en principio, no les gusta. Hay que intentar que lo hagan pero, si no lo hacen desde el principio, es mejor esperar un poco y ofrecer ese mismo alimento en otro momento o mezclado con otros. Es como el brócoli. La gente no sabe cocinarlo y si no está bueno a los niños no les va a gustar.

-¿Las familias cumplen la tarea?

-No todas. Es cierto que los médicos les han llamado ya la atención y buscan asesoramiento. Hay niños con hipertensión y con prediabetes con 12 y 13 años y con hígado graso. Los padres no perciben el problema. Creen que cuando crezcan se compensará o cuando 'peguen el estirón'. Ahí se puede distribuir el peso, pero la grasa persistirá. No es genético, en las casas hay malos hábitos cuando los menores están obesos. Me gusta mucho dar alternativas. Mezclar frutos secos con fruta si la fruta sola no les gusta. De todos modos, yo no soy muy favorable a las dietas, ni a los productos que parecen más light, como el fiambre de pavo, etcétera. Trabajo para que haya una dieta saludable, para que no se pierda peso y se vuelva, luego, con más peso. En el tiempo que llevo me hace ilusión y que la gente siga siendo favorable. Hay un paciente que empezó conmigo, que era obeso, y ha acabado este año corriendo la desértica.

-Le habrá cambiado la vida...

-Eso me dice. Los pacientes que lo consiguen me dicen que han ganado en salud, en calidad de vida. No es una cuestión estética. Sucede como con las intolerancias. No hay diplomados en nutrición y dietética en el sistema de salud. La gente que tiene intolerancias o problemas digestivos no encuentra profesionales que les den una solución. Hay gente que viene a nuestra consulta muy mal y sólo con cambiarle los alimentos mejoran su calidad de vida, pero no todo el mundo puede permitirse acudir a una consulta privada y es algo que se tendría que favorecer desde la sanidad pública. Hace falta que haya licenciados en dietética y nutrición, no sólo que exista consulta, que la hay y los profesionales trabajan bien, pero es necesaria esa especialización para dar con el problema y encontrar un solución para el paciente. Estamos hablando de gente enferma, que su vida se ve condicionada. Tengo a gente con diarrea que no podía hacer vida normal. Hay menores que les hacían bulling en el colegio porque tenían que ir al baño constantemente, padres que me dicen que sus hijos no quería ir a cualquier sitio, y cuando le hicimos un análisis y vimos el problema, cambiamos su alimentación y, con eso, su vida. Ahora van a cualquier sitio con tranquilidad. Ciertamente, hace falta un servicio de nutrición llevado por dietistas en el servicio de salud. Nosotros tenemos técnicas de cocinado, hacemos recetas y se crean materiales y documentos que sirven a los pacientes. Es como sucede con las intolerancias. Cada vez se diagnostican más y también están muy relacionadas con la cantidad de fructosa que tomemos a diario.

-¿No cumplimos con la media de lo que hay que tomar?

-Pues, según la Organización Mundial de la Salud, deberíamos tomar 25 gramos de azúcar al día los adultos y, en el caso de los niños, se reduce a 15 gramos. Yo he visto a niños que toman entre 90 y 100 gramos al día. Hablamos, además, de azúcar que viene escondida, no es como la que se añade al café.

 

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