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A toda costa

Los antidemócratas de Vox quieren acabar con leyes que pasaron por el Parlamento andaluz y que contaron, en su mayoría, con el apoyo de todas las fuerzas políticas democráticas

MARTA SOLERALMERÍA

Juan Manuel Moreno Bonilla está que lo flipa. Más que cuando yo el otro día me encontré un billete de 50 euros en el bolso de las bodas que no uso desde que se casó mi primo Víctor -a quien mando un afectuoso saludo- hace ahora dos años y pico.

Lo flipa porque habiendo perdido más votos que Susana Díaz y siendo el partido no ganador, el segundo más votado, se ve presidente de la Junta con el apoyo del veleta Ciudadanos -arriba, abajo, al centro y padentro- y de los nazis de Vox. ¡Eso sí que es llegar a la presidencia de un gobierno por la puerta grande!

Tienen que estar orgullosísimos en su familia. Vamos, ni en mil años Moreno Bonilla ganaría en votos al PSOE. El niño no ha quedado primero de clase, tampoco lo hizo hace cuatro años. Es, por enésima vez, el segundón y esto es por algo. No gusta, no es empático, no es creíble, no se entera. Desconoce la realidad social, demostró que la gente se la trae al pairo cuando fue secretario de estado de servicios sociales quitando derechos a cuidadoras y a dependientes, es altivo, dice las verdades a medias y, lo peor, nunca ha defendido a Almería en los siete años en los que Rajoy no nos envió ni un duro desde Madrid. Ole.

Pero ahora está que lo flipa, que no cabe en sí de gozo. Y no es por lo bien que lo ha hecho, que lo ha hecho fatal. Es porque los perdedores se van a unir con los anticonstitucionalistas de Vox para arrebatar el poder a Susana Díaz a toda costa. A toda costa. Hace dos años, su 'miniyo', Pablo Casado, quería que se practicara como dogma que gobernara la fuerza más votada -ea, en Andalucía, el pasado día 2 fue el PSOE-, pero eso nos lo pasamos por el arco del triunfo cuando olemos lo miel de la presidencia de la Junta, porque los principios son de color verde y se los comió una vaca que pasaba por el campo lleno de amapolas. Y olemos el puchero de la abuela que queremos comer después de no haber desayunado compartiendo el pan con quienes quieren hacernos retroceder en derechos a las personas.

Los antidemócratas de Vox quieren acabar con leyes que pasaron por el Parlamento andaluz y que contaron, en su mayoría, con el apoyo de todas las fuerzas políticas democráticas. Homosexuales, feministas, emigrantes con o 'sin papeles'; todos somos una amenaza para los rubios de ojos azules que han ido saliendo del ADN de Abascal.

El PP y Ciudadanos están dispuestos a pactar con fascistas, con nazis, que han encontrado su hueco por múltiples causas que serían motivo de un larguísimo documental. Todos los partidos democráticos se lo tienen que hacer mirar, cierto. Pero tratar de aprovechar la oportunidad, una carambola que no te hace ganador ni merecedor de nada, dando la mano a quienes quieren quitarnos derechos y quieren perseguir a todo el mundo que se llame Paco y haya votado por 'la unidad de España', no dice mucho a favor de quienes están dispuestos a hipotecar a Andalucía a toda costa. A toda costa.

Personalmente, de Juan Manuel Moreno Bonilla no espero nada. Porque vamos, que una persona que denuncia a RTVE ante la Junta Electoral por llamarle 'Juan Manuel' en lugar de 'Juanma' ya dice, muy bien, cómo y lo que tiene en la cabeza. De Ciudadanos sí. Espero que, por una vez, el viento le mueva hacia el norte, que no lo pierda y que no nos hagan perder a todos y todas los que vivimos en Andalucía. De ellos depende. A ellos se lo agradeceremos o les culparemos.

 

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