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Convocados

«Tenemos tantas cosas pendientes, competencia de tantos lados, que se nos acaba el papel para seguir apuntando lo que nos deben»

JOSÉ MARÍA GRANADOSALMERÍA

Pepe 'El Tomillero' aprovecha el encuentro semanal para dar la bienvenida a la lluvia ya que, de momento, no puede darla al AVE ni a un tren decente con Madrid y Sevilla, ni a más vuelos nacionales e internacionales a precio de otras provincias más afortunadas, ni a todas esas cosas que siguen siendo deuda histórica con una provincia que, como las siete restantes de Andalucía, se prepara ahora para oír promesas, promesas y promesas que hacen aflorar recuerdos de otras que son las mismas o lo parecen.

En una época en la que hay interesados en transmitir que la importancia de las cámaras legislativas parece estar más en corregir tesis y trabajos universitarios que en legislar mejoras para todos, el que aparezca un nuevo calendario electoral no serena el panorama, más bien lo agita. Ahí es nada, como almerienses, sentir de golpe y porrazo, a borbotones, el gran amor que los señores, señoras, señoritas y señoritos que se disponen a no tener recortes propios en cuatro años, profesan hacia esta tierra en la que sin lluvia, o con ella, nos salpican siempre los charcos. Tenemos tantas cosas pendientes, competencia de tantos lados, que se nos acaba el papel para seguir apuntando lo que nos deben.

En estos días se diseña el desembarco desde todas y cada una de las sedes políticas que nos rodean. Va ser un no vivir de las maquinarias provinciales y locales que los aparatos de unos y otros van a poner en marcha para, de aquí al 2 de diciembre, tratar de convencernos de que la papeleta que nos ofrecen es la mejor. Y sí, menuda papeleta tenemos porque no habrá más remedio que discernir entre obras y razones y no dejarnos llevar por la sonrisa que los equipos comerciales aconsejen a los candidatos y candidatas que pongan en ese momento.

Siempre que se abre un espacio como el que ahora se ha abierto en Andalucía, los veteranos que, como 'El Tomillero' han estado en mil batallas, recuerdan situaciones de vergüenza ajena, sufridas entre sonrojos, nunca olvidadas y formas que aún no han desaparecido de las estrategias del todo vale con tal de conseguir un puñetero voto. Eran otros tiempos en dos provincias vecinas, una que tiraba el agua al mar y otra que necesitaba caudales. Eran partidos potentes, con candidatos potentes, ideas potentes y ganas potentes de mandar, que en una provincia decían lo que los electores querían escuchar y en la otra lo contrario porque era eso lo que quienes iban a ir a votar en ella querían oír. Pura contradicción que hubiera sido normal de no ser los mismos personajes, los mismos candidatos y candidatas que se bajaban del autobús de campaña para gritar que estaban con quienes escuchaban. ¿Y después? Después venía la política, por lo general administrada mediante un parche que parecía dejar contentas a las partes, que aliviaba, pero no curaba. Ejemplos, ahí están las hemerotecas, las memorias de algunos y algunas y los documentos prestos a que haya historiadores que puedan y quieran consultarlos. ¿Y lo nuestro p'a cuándo?

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