«Coloraos somos todos los almerienses»

Luis Rogelio Rodríguez-Comendador, orador de Los Coloraos, ayer, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Almería. /
Luis Rogelio Rodríguez-Comendador, orador de Los Coloraos, ayer, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Almería.

Comendador critica los «intentos de patrimonializar» el homenaje a los liberales en una dinámica de bandos | El orador advierte de la escasa vinculación social del evento pese a llevar décadas siendo uno de los actos más solemnes de la ciudad

Miguel Cárceles
MIGUEL CÁRCELES

Lejos de una relectura del fatídico desembarco, de la muerte de muchos de los voluntarios liberales en combate, de la malograda intentona de levantar a Almería en una revolución constitucionalista o del triste fusilamiento a sangre fría y sin juicio alguno de 22 de estos liberales apresados tras el desembarco, Luis Rogelio Rodríguez-Comendador, exalcalde de Almería y exsenador, ayer orador en el homenaje anual de la ciudad a Los Coloraos, versó en su discurso de forma profusa sobre lo que pareció una autocrítica extendida: la falta de conocimiento y celebración de uno de los momentos históricos más relevantes de la Almería de los últimos 500 años.

«Esta celebración, que debía suscitar el apoyo sincero y unánime de todos los almerienses, adolece de suficientes puntos de conexión con el tejido social almeriense. Algo que el tiempo transcurrido desde su recuperación habría debido generar. Y algo habremos hecho mal cuando esto no es así», alegó Comendador ante poco más de medio centenar de asistentes a su discurso en el Salón de Plenos y ante las decenas de ciudadanos que escuchaban la glosa -retransmitida por altavoces- desde el exterior de la Casa Consistorial.

A juicio de Comendador, que hasta en 13 ocasiones presidió el acto de homenaje a Los Coloraos en calidad de alcalde de la ciudad, el origen del distanciamiento entre la población y este reconocimiento cívico al constitucionalismo español en Almería reside en una supuesta patrimonialización política del acto. «Algo habremos hecho mal, cuando hablar de Los Coloraos en Almería es, a día de hoy, más motivo de enfrentamiento que de natural reconocimiento a quienes murieron defendiendo la libertad de la que hoy todos gozamos. Algo habremos hecho mal, cuando una de las celebraciones más solemnes de la ciudad se desarrolla en un tono menor, no exento de estridencias y alardes», abundó el hasta hace menos de cuatro años regidor.

«Algo habremos hecho mal cuando hablar de Los Coloraos en Almería es motivo de enfrentamiento»

«Una celebración que debería servir para afirmar y cohesionar la fibra moral colectiva de Almería no puede ser una excusa para las banderías, ni la ocasión de volver a caer en una errónea dinámica de bloques enfrentados que, desde el siglo XIX viene siendo el principal factor limitante del desarrollo político, social y económico de España», remachó.

Fue por ello que Comendador convocó a los representantes institucionales a «la tarea diaria de seguir trabajando para que jamás un español vuelva a ser enemigo de otro español» remachando que el legado de los liberales desembarcados en el Andarax en su intentona por acabar con el absolutismo es herencia de todos. «Coloraos somos todos los almerienses, porque los Coloraos no son de nadie, ni representan de modo excluyente a nadie», subrayó.

Rodríguez-Comendador se confesó ayer como un heredero de la tradición liberal emanada, dijo, de la gesta histórica de gentes como Los Coloraos. «Liberal fue mi tatarabuelo, Agustín de Burgos Cañizares, alcalde de Almería en 1885 y senador en 1899; y liberal fue también mi abuelo, de cuyos labios escuché, cuando apenas tenia doce años, la historia de este grupo de hombres decididos y comprometidos con la libertad», rememoró el regidor. A aquella tarde de confesión nostálgica de su antecesor, Rogelio Pérez Burgos, que Comendador describió con profusión de detalles -el crujir de la madera de la mecedora en la que estaba sentado o el humo del habano- vinculó su compromiso personal del «deber de ejercer la permanente oposición al totalitarismo, a la dictadura y al pensamiento único». «Lo mismo que he hecho yo con mi hija Malena, que sin duda, cuando llegue el día también referirá a mis nietos la historia de un puñado de hombres que, mucho antes de que ellos nacieran, dieron su vida en Almería por defender la libertad».

Rodríguez-Comendador recibió de manos de quien fuera su delfín y sucesor en la Alcaldía, Ramón Fernández-Pacheco, el escudo de oro de la ciudad y la loa por una vida «de vocación humanista» y de «servicio público» en tanto en cuanto que representante político.

Tras el discurso -y como dicta la tradición- representantes institucionales depositaron coronas de laurel ante el cenotafio de la Plaza de la Constitución, erigido por suscripción popular en los años ochenta tras haber sido derribado en tiempos de la dictadura franquista, y escucharon los himnos liberales de Riego y La Marsellesa junto a los oficiales de Almería, Andalucía y España.

El desembarco de Los Coloraos es un hecho histórico que sitúa a Almería en el centro de la reivindicación constitucionalista en plena Década Ominosa bajo el reinado absolutista de Fernando VII. Medio centenar de voluntarios uniformados con casacas rojas del Ejército inglés partían desde Gibraltar y hacia Almería para iniciar un pronunciamiento que acabase con el restablecimiento de la vigencia de la Constitución Española de 1812, La Pepa. Al llegar a Almería, las autoridades -y los fieles realistas- habían sido avisados del contingente y les esperaban. Muchos de ellos murieron en los primeros choques entre los sublevados y los fieles a una versión absoluta de la Monarquía. Y los últimos 22 fueron apresados en pocos días. El día 24 de agosto de 1824, fueron fusilados por la espalda y sin juicio previo en un lugar situado en el entorno de la Rambla de Belén, en las inmediaciones de lo que hoy sería la calle Granada.

El comandante, Pablo Iglesias González, sí que tuvo un año después un juicio público en Madrid. Fue condenado y moriría ahorcado en la capital mesetaria un año y un día después de que lo hiciera la mayor parte de sus compañeros de gesta.