Una carta del alcalde de Senés se custodia en el Archivo Secreto Vaticano
Fue enviada por el alcalde del pueblo al obispo de Almería en 1855 y este, emocionado, la remitió al Papa Pío IX
José Manuel Bretones
Periodista
Sábado, 8 de noviembre 2025, 21:59
Tenemos que trasladarnos a mitad el siglo XIX para comprender mejor esta curiosa historia. El 8 de diciembre de 1854 el Papa Pío IX proclama el dogma de la Inmaculada Concepción. Éste sostiene que la Virgen María fue preservada de todo pecado original desde el instante de su concepción. Fue en la bula 'Ineffabilis Deus', cuyo contenido se extendió muy pronto por todo el mundo.
La grandiosa difusión del dogma sobre la gracia especial de Dios para liberar de la mancha de pecado original a la Virgen provocó que las iglesias y los cultos se llenaran de fieles, en una especie de renacer de la vida cristiana. Al resurgir católico también ayudaron las plegarias ciudadanas y misas de intercesión para que terminara la mortífera epidemia de cólera que asoló España entre 1853 y 1856.
Y, claro, el efecto de la bula llegó a Almería. Y a Senés, un pequeño pueblo de la provincia en el que hace 170 años empleaba sistemas de riego heredados de la Edad Media como 'La Tanda'. Y sus ciudadanos medían con 'El Celemín', unidad de superficie de la que se habla en la Biblia.
El 10 de marzo de 1855, el alcalde de Senés José Moreno se reunió con los regidores primero y segundo, José Egea y José Martínez, el síndico José Golvano y el secretario municipal, Juan Jara, para elevar al obispo de la diócesis, Anacleto Meoro Sánchez, una carta. En ella le informaban de las solemnes celebraciones religiosas en el pueblo por el dogma y para, en nombre del municipio, dar gracias «porque lo que es de Dios es de Dios». Esto venía a cuenta por el asunto del dogma y porque no se aceptaba incluir en la reforma de la Constitución diferentes peticiones del clero.
Anacleto Meoro Sánchez quedó impresionado por el contenido de la misiva. Él, meses antes, se había despojado de sus bienes materiales para entregarlos a las familias afectadas por el cólera y la lectura del texto municipal le hizo llorar sobrecogido.
Tanto se conmovió que decidió enviar la carta de Senés al Vaticano para que el mismísimo Papa Pío IX la leyera y se emocionara. Y hasta Roma llegó el texto del pequeño pueblo almeriense. Allí se conserva en el mal llamado 'Archivo Secreto Vaticano'. No se sabe si le llaman secreto porque sus documentos están encerrados bajo siete llaves o porque allí solo acceden a investigar miembros muy elegidos de la curia. O por ambas cosas. El caso es que, hace medio siglo, el archivero de la Catedral Juan López Martín (1929-2008), localizó entre legajos y documentos antiquísimos la carta del alcalde de Senés, remitida al Papa por el obispo Anacleto Meoro.
Era habitual que el obispo urcitano mandara a Roma documentos, cartas y copias de sus visitas 'ad limina' a las parroquias y pueblos, ya que la avanzada edad del prelado le impedía viajar hasta el Vaticano. Toda relación con Pío IX era epistolar. Por eso, sabemos que junto con la petición de dispensa por no trasladarse a Roma, Anacleto Meoro informó al Pontífice con datos sobre la reforma con mármol de la Catedral, incluso con el nombre de los obreros, la división de la diócesis en 63 municipios, la labor social de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl o el inventario de reliquias existentes en la ciudad (San Indalecio, San Valentín, Santa Cándida, San Vicente de Paúl y San Blas) y en la provincia (San Francisco y San Clemenciano, en Vera; Santa María Magdalena y San Antonio Abad, en Cuevas; y Santa Rosalía y San Blas, en Vélez Rubio).
Anacleto Meoro demostró en sus misivas y acciones caritativas que amaba a Almería y a sus gentes. Había nacido lejos de aquí, en la villa manchega de Granátula de Calatrava, el 13 de julio de 1778. Estudió en Toledo y tomó posesión de la diócesis de Almería en Cartagena, cuando estaba a punto de cumplir los 70 años. Fue el 16 de abril de 1848 a las doce del mediodía.
Llegó a Almería a las 7 de la mañana del 10 de mayo de ese año; lo hizo a bordo del vapor 'Barcino' y su presencia supuso una gran fiesta social y religiosa, ya que la diócesis se encontraba sin titular desde hacía quince años. Anacleto Meoro desembarcó vestido de canónigo a la altura el Puerta del Mar, desayunó en la vivienda de Bartolomé Greppi, junto a los muelles, y fue escoltado hasta su palacio residencial por maceros y un piquete de caballería de la Guardia Civil. Mientras, la campana de la Vela y las del resto de parroquias repicaban sin cesar.
La revista literaria almeriense 'El Caridemo' recogía en sus páginas la primera impresión que causó a los periodistas el prelado: «El ilustrísimo señor don Anacleto Meoro, aunque de edad avanzada, se halla sumamente ágil y su continente es firme. Parece sumamente agradable y su fisonomía revela un alma pura y un corazón bondadoso».
Desde ese momento, hasta su muerte el 2 de enero de 1864, Meoro Sánchez efectuó una gran labor de acercamiento de la Iglesia al pueblo y de exigencias a las autoridades para remediar el pobrísimo nivel de vida de sus feligreses, más aun, coincidiendo con la visita de la reina Isabel II a Almería el 20 de octubre de 1862. También firmó el 13 de noviembre de 1859 una carta sobre la cercana guerra en el norte de África, donde exhorta a no complacerse en el castigo, desterrar la codicia y la crueldad. Pero, sin duda, una de sus decisiones más curiosas –si no la que más– fue informar a todo un Papa de Roma sobre lo que sentía el alcalde de un pequeñísimo pueblo de Almería.
La carta del alcalde de Senés que custodia el Vaticano
Senés, 10 de marzo de 1855
Iltmo. Sr. Obispo de esta Diócesis. Cuando abrigaba las más lisonjeras esperanzas el Ayuntamiento de esta villa de que la respetable exposición, de V. S. I. elevó al Congreso pidiendo la reforma de la segunda base de la Constitución tendría acogida, ha visto con el más profundo dolor que ha sido desechada, como las de otros venerables prelados; pero no, no se aflija V. S. I., pues así como esta pequeña porción da su grel ratifica hoy sus protestas de no rendir otro culto que el que debe a Dios, a la Virgen y a los Santos, renunciando la facultad que se concede en dicha segunda base, y ofrece acudir toda vez que las trémulas manos de V. S. I. enarbole el estandarte de la religión CAR. a fin de conseguir el triunfo de ella, por más que esta arrogancia provoque a risa, ira o desprecio a los que la combaten; confía la misma en que todos los demás pueblos harán otro tanto.
Mañana en este templo se celebrará con misa y procesión general de la Virgen, el Misterio de su Inmaculada Concepción; las cofradías de Nuestra Señora y de las benditas Ánimas seguirán fomentándose hasta su antiguo apogeo; porque el derecho de propiedad nos autoriza para usar de nuestro peculio, y el derecho divino para dar a Dios lo que es de Dios. Este Ayuntamiento concluye manifestando su deseo de que el santo nombre de Dios sea reverenciado en todo el orbe y rogando a V.S.I. se digne echar su bendición a estos habitantes; quienes para recibirla tienen inclinada la cabeza.
El alcalde, José Moreno. El regidor primero, Antonio Exea. El segundo, José Martínez. El síndico, Félix Golvono. Secretario, Juan Jara.
Palíndromo
Don fray Bernardo Martínez Noval reparó la iglesia parroquial; Juan Rosales Salmerón, cura propio; D. Emilio Herrera, Cura Regente. Curas de 1905; 1925 cura párroco: D. Antonio Martínez García; sacristán: D. Blas Siles Tripiana.
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