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La biblioteca de mi barrio no cierra en verano

«Tenemos delegados, rectores, alcaldes, concejales, asesores... pero no tenemos conserjes, carecemos de simples curritos de turno... y sin ellos no hay quien abra o cierre una puerta»

JOSÉ MARÍA GRANADOSALMERÍA

Pepe 'El Tomillero' filosofa acerca de la suerte que tiene de que la biblioteca de su barrio no cierre en verano. Es toda una suerte no tener que compartir la decisión adoptada debido a las obras en la sala de 24 horas de la UAL -el eufemismo con el nombre es de medalla de oro después de que hace años que no permanece abierta con ese horario-, ni que la medida alcance a la sala de lectura ni a la biblioteca de La Cañada, ni tampoco le afecte de la manera que lo hace a los usuarios de la Francisco Villaespesa.

Está muy claro que las tardes se han hecho para la siesta y no para que quienes preparan oposiciones, repasan temas pendientes, realizan trabajos intelectuales o simplemente hartos de tanta interconexión electrónica, desean leer un libro y quieren ejercer su derecho desde ese espacio público que dicen que es de todos.

'El Tomillero' se emociona de verdad ante la defensa que desde los grupos políticos se plantea ante esa situación; se le llenan los ojos de lágrimas ante la crítica política que arremete contra los profanadores de la cultura, contra la falta de previsión y contra ese ajuste presupuestario que impide que alguien abra la puerta, conecte el sistema eléctrico, le dé al botón del aire y atienda al personal. Saltan enseguida como meros contadores de votos y señalan al rival como culpable de lo que ocurre. Están en su papel, olvidando a veces que lo que critican tuvieron la oportunidad de arreglarlo cuando gobernaban o ayudaban a gobernar que viene a ser lo mismo.

En este organigrama que dirige nuestro destino, el mismo que dice si se abre o se cierra, si se hace o se aparca, o se olvida; el que pone y quita horarios con la misma facilidad que se sustituyen árboles por maceteros, tenemos el protagonismo de delegados, rectores, alcaldes, concejales, asesores... pero no tenemos conserjes, carecemos de simples curritos de turno... y sin ellos no hay quien abra o cierre una puerta, ni le dé a la luz, ni atienda al personal, ni mucho menos haga posible, por más concejal, director general, consejero o mandamás que se sea, que las bibliotecas, como servicio público, se mantengan abiertas en invierno y en verano y, en lugares concretos, hasta durante la noche si es preciso.

Miro mi suerte y reflexiono sobre las críticas por el cierre veraniego, por los horarios de lo que se vende como «abierta las 24 horas», por la pataleta de unos contra otros sin el menor atisbo de recuerdo en la corresponsabilidad y entonces, en ese mismo momento, me alegro de que la biblioteca de mi barrio no cierre por las tardes en verano. Lo malo, porque todo tiene su lado oscuro, es que no cierra porque en mi barrio, La Cañada de San Urbano, como en tantos otros, no tenemos biblioteca.

 

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