Apenas un 0,7% de los locales de hostelería tiene deficiencias graves

Restaurante almeriense./IDEAL
Restaurante almeriense. / IDEAL

La Consejería de Salud de la Junta ha inspeccionado en Almería 2.124 establecimientos de restauración de enero a julio de 2018

F. L. C.ALMERÍA

La Consejería de Salud ha inspeccionado y controlado en la provincia de Almería un total de 2.214 establecimientos de restauración entre los meses de enero a julio de 2018, con el fin de garantizar las condiciones higiénico-sanitarias de los servicios y alimentos ofrecidos a los clientes y comprobar si tienen implantados sistemas de autocontrol eficaces para garantizar los niveles exigidos de salubridad en sus instalaciones y de los alimentos servidos. Esto supone que se ha inspeccionado al 42,15% de los establecimientos censados en la provincia. Asimismo, se ha producido un incremento del 17% con respecto a esta labor de control alimentario desarrollada en el mismo periodo del año anterior en el territorio provincial.

La inspección se realiza en establecimientos de restauración, como bares, cafeterías y restaurantes, con carácter aleatorio o por constatarse algún tipo de posible irregularidad, si bien en las visitas se hace especial hincapié en los establecimientos en los que en otras ocasiones previas se han detectado algunas deficiencias, que en la mayoría de los casos suelen tener la consideración de leves.

De los establecimientos inspeccionados en Almería, un 35,41% han presentado tras la primera visita algún tipo de deficiencia de carácter leve, que si bien no suponen riesgo para la salud pública, conlleva un seguimiento en visitas posteriores para comprobar su subsanación. Solo el 0,7% ha presentado deficiencias de carácter más grave, que ocasionan el inicio de expedientes sancionadores y la adopción de medidas cautelares, si corresponde.

Recomendaciones

Con motivo del periodo vacacional, la Consejería de Salud recuerda la importancia de extremar las precauciones en la manipulación de alimentos y en la elaboración de comidas, intentando cumplir una serie de recomendaciones como son: consumir solo alimentos que hayan sido tratados o manipulados higiénicamente; cocinarlos correctamente y consumirlos inmediatamente después de ser cocinados; calentar suficientemente los alimentos cocinados; evitar el contacto entre los alimentos crudos y los cocinados; asegurar una correcta higiene de la persona que va a manipular los alimentos así como una limpieza adecuada en todas las superficies de la cocina; mantener los alimentos fuera del alcance de insectos, roedores y animales de compañía; utilizar exclusivamente agua potable y no consumir alimentos perecederos que estén expuestos a temperatura ambiente.

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