«Cuando tenía 11 años me compraron una guitarra y aquello fue lo mejor que me pasó en la vida. Me volví loca»

«Cuando tenía 11 años me compraron una guitarra y aquello fue lo mejor que me pasó en la vida. Me volví loca»

Entrevista a Ascensión Ruiz Montoya 'Sensi Falán', cantante y actriz

JOSÉ MARÍA GRANADOSALMERÍA

La calle Capitana, en el barrio de Pescadería-La Chanca hizo bueno el dicho aquél jueves día de la Ascensión de 1961, y realmente relució más que el sol, al menos en la casa habitada por la familia Ruiz Montoya al dar la noticia del nacimiento de su cuarta hija, que completaba la media docena de vástagos hasta que después naciera un niño más. No tardó mucho en propagarse por el barrio la buena nueva, entre otras cosas porque el vecindario estaba expectante desde los primeros dolores que sintió la madre que, ni corta ni perezosa, emprendió la caminata hasta alcanzar la Maternidad, allá por el 18 de Julio, con la puerta entonces cerrada porque era festivo y a quien se le iba a ocurrir parir en fiesta de guardar tan señalada. Pues sí, Ascensión, la hija de Frasquito Ruiz, el Falán, eligió esa fecha para presentarse en escena, como años antes, también en jueves tan reverente, lo había ya hecho su hermana Ana «que se libró de llamarse Ascensión por un pelo».

-¿Su primer recuerdo?

-El ir a la huerta a lavar con mi madre y la vida en la calle Capitana cuando estaba sin asfaltar y también, como no, el 'Día de las latas', una tradición que se celebraba el Domingo de Resurrección y consistía en atarse a los tobillos cacerolas, cazos y latas vacías de cualquier tipo y echarse a correr calle abajo. Era algo muy musical...

-¿Ya era Sensi Falán?

-Sí, sí. Ya lo era. No recuerdo a nadie que me llamara Ascensión. Era Sensi y Falán era la familia de mi padre. Para todos yo era la hija del Falán.

-¿De dónde proviene el alias?

-Me gusta creer que tiene una relación con el mundo andalusí. Falah es ir a la oración, a sembrar. Mi padre era originario de Las Negras y cuando llegó a Pescadería ya se le conocía por ese nombre. Era pescador, se embarcaba y luego, en tierra, también echaba horas en el Tintero, liado con los tintes de las redes.

Música

-¿Cómo recuerda aquellos años infantiles?

-Fui muy feliz rodeada de hermanos, con la familia y con lo que se vivía entonces. Mi padre se embarcaba y siempre que venía nos traía algún regalillo porque aprovechaba que desembarcaba en Melilla o en otros puertos y siempre nos traía algo. En casa, en tierra, nos reuníamos a cantar. La música era parte de nuestras vivencias y eso que no teníamos instrumentos, sino que aprovechábamos lo que teníamos a mano. Mi padre era muy flamenco y nos sabía transmitir ese arte.

-¿Años duros?

-Años de trabajo, esfuerzo y sacrificio. No se tenía nada pero se procuraba que tampoco nos faltara nada. Mi madre trabajaba en los salazones, mi padre en la mar. La ropa nos la hacía mi madre y compartíamos todo. Disfrutábamos con cualquier cosa.

-¿Algo que recuerde de manera especial?

-Una fiesta de Reyes me compraron una guitarra. Fue mi madre la que intuyó algo porque me oía cantar y no sé por qué, pero creyó que lo que necesitaba era una guitarra. Aquello fue lo mejor que me pasó en la vida. Me volví loca. Aprendí los siete acordes y desde entonces en las fiestas familiares, además de rascar la botella de anís, frotar los tenedores, tocar las palmas y percutir la mesa, se escuchaba una guitarra.

-¿Y su primer recital?

-Con 13 y 14 años ya me subía a los escenarios aunque no era profesional. Actuaba en las fiestas de La Chanca, de Pescadería, en San Antón. Hacía versiones de cantautores que consideraba algo así como míos.

-¿Y cuándo se empezó a sentirse artista?

-El momento decisivo fue con aquél proyecto de Romancero Gitano con La Traíña. Aquella época fue una revolución cultural. Fue algo maravilloso que tuve la oportunidad de vivir con Domingo Mayor y con personas que remábamos en la misma dirección. Fue grandioso, honesto, desinteresado. Creíamos en lo que hacíamos y transmitíamos nuestra ilusión a un montón de gente, a jóvenes y mayores. Aquello fue un revulsivo social.

Teatro

-¿Tanto?

-Los ensayos estaban abiertos al público. Los hacíamos en la Plaza de La Chanca y la gente iba allí a escucharnos. Yo estaba en mi casa en la calle Estrella Polar y oía el paso de la gente y como recitaban lo que escuchaban ensayo tras ensayo: «La luna vino a la fragua con su polisón de nardos. El niño la mira, mira. El niño la está mirando». Eso atrajo a la gente a participar y había quien no sabía leer ni escribir, pero se aprendían los versos y conocían a Lorca y eso les llevó a querer la alfabetización de adultos y muchos acudieron después a las clase a aprender a leer porque se sentían estimulados porque habían descubierto algo importante de lo que carecían.

-¿Ahora responderían igual?

-Aquellos vecinos sí, pero ahora muchos de los valores se han ido perdiendo quizá porque nos hemos ido acomodando. Llegó un momento en el que la gente creía tenerlo todo y vino la crisis y ahora es todo más complicado. Ya no existe la unión vecinal que había antes. Ahora la gente se mueve poco y quienes lo hacen responden más a intereses particulares que a comunitarios.

-¿Es consciente de que aquello que ha vivido le hace seguir viviendo y además en paisajes muy alejados de La Chanca?

-Nunca creí que iba a ir a cantar a México ni a Colombia, Uruguay, a Polonia, a Marruecos... Mi primera actuación en el extranjero fue en Marruecos, en Tetuán, enel Instituto Cervantes, donde interpreté una canción andalusí, Lamma Bada, que la escuché en la voz de la libanesa Fayreuz y me emocionó ver a los espectadores levantarse y cantarla conmigo.

América

-Y ahora cruza el charco como si nada...

-En mayo vuelvo a México y en noviembre a Colombia y como próximas salidas también llevo en la agenda Grenoble y muy probablemente París. Con Mujeres de la Chanca también tenemos proyectos teatrales, como los tuvimos en 2017 que actuamos incluso en el Teatro Solís de Montevideo en una gira en varios lugares de Uruguay.

- ¿Y en Almería?

-Además de actuaciones previstas en La Mojonera y El Parador, con el grupo de teatro, estamos preparando una obra inspirada en 'La Desbandá' que estrenamos el 23 de febrero en la EMMA. La huida de Málaga a Almería está contada por tres mujeres que están en la carretera, que se encuentran en ese camino ya las que une lo que van viviendo. Ahora estoy inmersa en la composición de poemas sobre el exilio y en la grabación del tercer disco con todas las canciones nuevas.

-Tras ese momento de la revolución cultural que ha vivido en Almería, los años de acomodo, los de crisis... ¿qué le gustaría que fuera la Almería del futuro?

-Sobre todo me gustaría que fuera más solidaria, más humana. No es que no lo seamos, pero Almería necesita serlo más porque los almerienses estamos acostumbrados a convivir y eso lleva a que aspiremos a que se puedas vivir decentemente y en un clima de solidaridad. Tenemos una gran calidad de vida y no me gustaría vivir en otro sitio que no fuera Almería pero desearía que mi ciudad no estuviera tan aislada y dispusiera de mejores comunicaciones.