XX Años de la Cena

Los nazarenos de la hermandad, caída la noche en la ciudad de Almería; y, en pequeño, el paso de la Santa Cena. / A. GARCÍA
Los nazarenos de la hermandad, caída la noche en la ciudad de Almería; y, en pequeño, el paso de la Santa Cena. / A. GARCÍA

El pasado 28 de febrero se cumplieron dos décadas de la bendición del Señor de la Cena y la hermandad lo celebró como la ocasión merecía

AROA GARCÍA ACEDOALMERÍA

La elegancia llena las calles del casco histórico de la ciudad, nazarenos con hábito de toca y antifaz blanco, con el escudo de la hermandad sobre el antifaz y, a la cintura, un cinturón de esparto para ceñir la túnica. Todos los nazarenos van así, menos los manigueteros.

Los manigueteros son los que escoltan las maniguetas de los pasos, y en esta hermandad van con túnica, antifaz, capa y guantes de color rojo, recordando los antiguos hábitos penitenciales que lucía la misma hasta que, en 2007, decidieron unificar los hábitos de los nazarenos de los dos tramos.

Y, desde la plaza de San Pedro, se ve el bullicio que desierta la salida de esta hermandad, una salida complicada, una puerta estrecha, una calle que no deja mucho espacio para nada, sólo para el buen hacer de un capataz y del buen oír de los costaleros.

El buen hacer de Manuel Flores López, capataz general de esta hermandad y, que ayudado por Agustín García, Basilio García, Alejandro Gutiérrez, Juan Jódar, Jordi Montes, Daniel Pérez y Salvador Romero, hace que los dos pasos de esta hermandad realicen su estación de penitencia.

El primero de ellos, la Santa Cena, encara la puerta, imponente, alto, tan grande que, conforme se ve acercarse, no parece que pueda salir por esa puerta. Pero tras unas pocas directrices, unas órdenes claras y concisas, sale el Señor a la calle y suena el Himno Nacional, que toca la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora del Carmen.

Una apuesta de esta hermandad por lo nuestro, por un banda de Almería, por una corporación que, en apenas cuatro años de vida, ha sabido no sólo hacerse un hueco en la Semana Santa de la capital y la provincia, sino de toda Andalucía.

Y que, en febrero, cuando se celebraba el XX aniversario de la bendición del Señor de la Cena, le hizo un regalo para el patrimonio musical de la hermandad, una marcha compuesta para ellos, 'In Coena Domini', obra de Antonio Marín, un compositor cordobés que vino a dirigir a la banda el día del estreno en el concierto que se ofreció en la hermandad por el aniversario.

Un paso de misterio adornado con orquídeas, rosas, claveles, helecho, coral y espigas, tonos ocre, dorados, rojizos que otorgan, en las manos de Víctor González, una impronta única a este majestuoso paso.

Una hermandad que gusta de cuidar los detalles, y que este año tiene su mayor novedad en los hábitos de los ciriales tanto del paso de la Virgen como del Señor, retirando las dalmáticas. Estrenan capelinas con el escudo de la hermandad bordados de color burdeos para el misterio y en blanco para el palio.

Delante, y precediéndola, las mantillas, que en esta hermandad tienen una peculiaridad, procesionan sin guantes y sin flor en la solapa; signos, detalles, distinciones que hacen a cada hermandad única.

La Señora de esta hermandad, María Santísima de Fe y Caridad, bellísimamente vestida por Ana Pallarés Lillo, con su manto de color granate, discurre por detrás de su Hijo.

El exorno floral corre a cargo este año, otra vez, del florista Víctor González y de floristería 'La Gracia y la Penca', y predomina el color blanco: rosas, tulipanes, fresias, espigas y palmas, en tonos suaves, dulces, que le dan ese aire de elegancia, de majestuosidad, que la Reina de Fe y Caridad imprime en el noche del Domingo de Ramos. Un palio en el que su delantera entera está formada por flores de cera, por 'Marías'. A Ella la acompaña desde 2012 la Banda Municipal de Berja.

El itinerario de esta hermandad no es tan largo en kilómetros como el de las otras dos del Domingo de Ramos, pero encierra en su discurrir momentos íntimos y especiales que marcan su diferencia, su signo distintivo.

Las visitas a los conventos de esta hermandad, en su recorrido, lo marcan las monjas de clausura de la ciudad: Las Claras, Las Puras y Las del Sagrado Corazón, tres comunidades de religiosas que agradecen poder ver desde sus ventanas esta noche de Domingo de Ramos al Señor de la Cena y a María Santísima de Fe y Caridad.