Ana Julia intentó «dirigir» la investigación hacia su expareja

Investigación de la Guardia Civil en Rodalquilar.

Además de colocar una camiseta del niño cerca de su vivienda, logró «obsesionar» al padre con la furgoneta blanca que conducía

ALICIA AMATE y MIGUEL CÁRCELESAlmería

La mañana del 2 de marzo de 2018, tercer día de búsqueda, la Guardia Civil informó a Ana Julia Quezada acerca de su intención de explorar con perros de rastreo su vehículo así como el de otros miembros del entorno familiar del menor desaparecido, Gabriel Cruz. La investigación, de esta forma, comenzaba a centrarse en la familia del niño tras descartarse las primeras sospechas. Algo que, según se desprende de las declaraciones vertidas por los testigos-peritos presentes en la sesión de ayer ante el tribunal popular, la dominicana no estaba dispuesta a tolerar. «Concluimos que ella quería dirigir la investigación hacia Sergio M.» por tres razones principales, argumentó el sargento de Policía Judicial de la Guardia Civil de Almería, que actuó en el operativo como enlace de la familia.

La misma tarde del tercer día de búsqueda pidió a su entonces pareja, Ángel Cruz, que telefoneara al citado agente para hablarle de la furgoneta blanca -similar a la que había sido vista en Las Hortichuelas Bajas coincidiendo con la desaparición de Gabriel Cruz- propiedad de Sergio M., su expareja y vecino de Las Negras. «Ángel estaba obsesionado con la furgoneta blanca», apostilló.

Con esta llamada, la dominicana iniciaba sus intentos de desviar la atención de su persona para dirigirla hacia el hombre con el que había abandonado Burgos para instalarse en la provincia de Almería y de quien se había separado un año atrás. Sobre él -que declaró como testigo en la sesión del martes- había deslizado con anterioridad a otro de los investigadores responsables del caso que albergaba algunas sospechas, trasladándole un supuesto odio que sentía hacia los niños y en la noche anterior, junto a Ángel Cruz y una amiga, se dirigieron a «un camino en el que está la casa de Sergio M.», con el que se cruzaron, simulando ella que no lo conocía. Incluso, el día siguiente a la desaparición del menor llegó a hablar de Sergio M., sobre el que no creía que tuviera «nada que ver» con lo ocurrido.

Su siguiente movimiento llegaría el día 3 de marzo. Tras visitar durante la mañana la finca de Rodalquilar con la prima, también menor de edad, de Gabriel -cuyo cuerpo seguía enterrado allí- y, por segunda vez en dos días perder su teléfono móvil, Quezada instó a organizar una batida en una zona a la que solía ir a pasear con los perros cuando aún convivía con su expareja. «Recibí una llamada de Ángel diciendo que habían encontrado una camiseta», refirió el secretario de la instrucción, que actuaba como enlace familiar en la investigación. Decía, relató, «es de Gabriel, seguro que es de él» mientras que Ana Julia insistía en que la prenda tenía el olor del niño desaparecido.

«Era un plan»

«En cuanto Ángel me contó lo de la camiseta, vi que era un plan», aseveró ayer ante el tribunal de jurado un miembro de la Policía Local de Níjar, amigo del padre del niño fallecido y que, precisamente, esa misma mañana había liderado un operativo de búsqueda en esa misma zona de Las Negras, terreno que dijo conocer «bien» dado que posee una vivienda allí. «Fui a la Guardia Civil, me llamaron a testificar», indicó, justo después de tener conocimiento de los hechos. «Resultó sorprendente», remachó.