La Almería de la ocupación en la guerra de la Independencia

Pintura de Joaquín Sorolla acerca de uno de los episodios en la Guerra de la Independencia./IDEAL
Pintura de Joaquín Sorolla acerca de uno de los episodios en la Guerra de la Independencia. / IDEAL

Las tropas francesas, comandadas por Goudinot, entraron en Almería en marzo de 1810 y, tras varias idas y venidas, la abandonaron en octubre de 1812

VÍCTOR HERNÁNDEZ BRUALMERÍA.

Desde los tiempos de dominación musulmana y hasta nuestros días, Almería no ha sido nunca un territorio de demasiada influencia ni capacidad de dominio administrativo, político o institucional. Su ubicación esquinada en la península, área que prácticamente coincide con la unidad administrativa, no ha favorecido que esta tierra haya sido tenida en cuenta en las diferentes etapas políticas de lo que hoy se considera España.

No lo ha sido en las más duraderas etapas de estabilidad ni tampoco lo fue en los cortos períodos de convulsión, como por ejemplo la dominación francesa de comienzos del siglo XIX y la consiguiente Guerra de la Independencia.

Guerra de la Independencia

Una guerra que nació de un estratosférico fallo estratégico del gobierno de Godoy, allá por 1807, cuando, en alianza con la Francia de Napoleón, facilitó el tránsito de sus tropas por territorio español con destino a Portugal, aunque los planes del emperador eran, más bien, hacerse con el dominio completo del país.

Poco a poco, las tropas napoleónicas fueron tomando las principales ciudades y llegaron a Almería el 15 de marzo de 1810, comandados por Goudinot, aunque en todo momento encontraron la resistencia de guerrilleros, como en el resto del país.

En este caso, en la provincia almeriense, los más destacados opositores fueron Villalobos, Aróstegui y Mena, que protagonizaron diversas acciones de pillaje.

Las tropas francesas ocuparon, en la capital, los conventos de la Santísima Trinidad, San Francisco y los Dominicos e instalando el cuartel general de su jefe en la casa de Andrés de Careaga, Marqués de Torrealta.

Durante el tiempo de la ocupación, dichas tropas defendieron sus posiciones ante los ataques de los guerrilleros antes mencionados y también del ejército del general Joaquín Blake.

Idas y venidas

De hecho, el bandolero Aróstegui fue quien ocupó la zona al marcharse las tropas de Goudinot a Granada, a fin de felicitar a José Napoleón como nuevo rey, inaugurando una época de saqueos y ausencia de gobierno.

Tuvo que ser el brigadier Antonio De Osorio quien repondría la autoridad, ahora ya del lado español y en nombre de Fernando VII, pero sólo de forma temporal, puesto que en abril, las tropas francesas mandadas por el general Belair recuperarían la plaza.

De nuevo, el ejército español, con el coronel Atanasio Salazar al frente, recuperaría la plaza, para perderla de nuevo en favor del general Goudinot, en una época de gran inestabilidad que se dejó notar en forma de penurias para los habitantes de Almería.

Adiós y fin a la dominación

Fue en octubre de 1812 cuando las tropas francesas se retiraron de la provincia de Almería, una vez que fueron derrotados por las tropas de Arapiles. De hecho, la ocupación francesa del territorio español terminó en junio del año siguiente, tras ser derrotados por el duque de Wellington en Vitoria.

Comenzaría entonces otra etapa de la historia de España y también de Almería, tras haber acontecido la proclamación de la Constitución de Cádiz en 1812, el día de San José, conocida por ello como 'La Pepa', y la posterior apuesta por el reinado de un Fernando VII que se convertiría en un rey totalitario, a pesar de haber llegado con la imagen de un rey constitucional.