«Con la Alcazaba cerrada yo no vivo»

Mohamed Noua, tendero en la calle Almanzor, vive las consecuencias negativas del cierre de la Alcazaba por rodaje./M. C.
Mohamed Noua, tendero en la calle Almanzor, vive las consecuencias negativas del cierre de la Alcazaba por rodaje. / M. C.

Varios comercios del entorno del monumento experimentan un descenso radical en sus ventas por su cierre, hasta el próximo domingo, para el rodaje de 'Wonder Woman 1984' | Ayuntamiento y Junta se exculpan alegando que ellos sólo tienen potestad para otorgar o denegar permisos de rodaje en función de la normativa

Miguel Cárceles
MIGUEL CÁRCELESAlmería

Desde hace casi 16 años, Mohamed Noua se gana la vida en la única tienda de souvenirs, recuerdos y productos típicos de la cultura árabe que hay en el entorno de la Alcazaba. El recoleto negocio está en una casa histórica de la calle Almanzor que, cada día que abre la Alcazaba, observa riadas de turistas hacia la fortaleza medieval. Desde el miércoles (anteayer) la riada no es ni tan sólo un riachuelo. «Son as 12 de la mañana y no he vendido ni un céntimo», reconoce Noua, frente al ordenador en el que registra cada una de las transacciones.

El principal monumento de la capital está cerrado por rodaje. Un miembro de la productora informa a quienes se acercan hasta la escalinata de entrada de que no se permite el acceso al público. Y por si fuera poco, la dirección del monumento ha colgado un cartel informativo. Mientras tanto, un guarda de seguridad ronda la zona. Y los habituales centenares de turistas que bajan y suben al monumento se quedan en un puñado de curiosos. «La gente mira en internet los horarios, y si saben que está cerrada pues no suben. Y si no suben, yo no vendo», asevera Noua.

La de este tendero, afincado en Almería desde que en los años 90 llegase como jugador de baloncesto profesional a la ciudad de El Ejido, es la cara 'b' de los rodajes cinematográficos. Mientras hoteles, restaurantes, catering, productoras locales o empresas de seguridad hacen el agosto por un par de semanas de trabajo frenético, otros comercios locales observan cómo la ruptura de las dinámicas habituales de la ciudad, de sus visitantes, del trasiego urbano común en el entramado de calles, les vacían los negocios.

María es otra de las afectadas. En la plaza del Milenio de Almería, donde desemboca la calle Descanso, tiene abierto un pequeño colmado que sirve refrigerios a los turistas cuando entran o salen de la Alcazaba. Cuando el calor hace estragos, son sus frigoríficos de agua y refrescos los que permiten a los 'guiris' aliviarse del tórrido sol y del calor. «¿Cuánto lleva vendido hoy?». María abre contrariada la caja registradora y enseña un billete de cinco euros. «Esto, es lo único. Yo apenas le vendo a los vecinos, salvo alguna barra de pan. Mi venta es a los turistas. Y hoy no he vendido ni una sola botella de agua», asevera insatisfecha, molesta.

Mohamed Noua suele hacer una caja de entre 150 y 200 euros diarios. En la pequeña tienda de comestibles se acercan algo más a los 200, pero los márgenes comerciales son más estrechos. «Y a mí me pasan el recibo de autónomos todos los meses, venda o no venda», recuerda Noua, con dos miembros más de familia que comen de lo que da la tienda de recuerdos moriscos.

«Normalmente hay mucha gente. Llegan autobuses, grupos de ancianos. Y compran agua o algo de comida cuando suben o bajan. Pero cuando cierran la Alcazaba, nada de nada», agrega María. «Cuando la Alcazaba está cerrada, yo no vivo», apostilla sin rodeos Mohamed.

Habitualmente, las productoras suelen compensar a los negocios de los lugares en los que ruedan porque son conscientes de que su actividad provoca un impacto negativo -puntual, pero negativo- en los negocios cercanos. Un ejemplo muy reciente es el rodaje de The Rhythm Section, con Blake Lively y Jude Law. Además de cortar al tráfico prácticamente de forma total uno de los principales accesos a la ciudad, el de Poniente, y el entramado de calles de Pescadería, algunas partes del rodaje provocaron el cierre de algunos ejes comerciales del Casco Histórico como la calle de la Reina o la calle Almanzor. Sin personas en la calle, no hay compradores, no van personas a la barbería ni se sirven cervezas en los bares.

«La productora entonces pagó los ingresos mínimos a cada comercio para que pudiera bajar la persiana. Es lo normal, yo no me quiero hacer rico. Quiero no perder mis ingresos. Y con la Alcazaba cerrada, yo no gano ni un euro», agrega el comerciante Noua.

Las administraciones públicas son conscientes de lo que ocurre. Consultada ayer al respecto, la Junta remarcó que no tiene más margen de maniobra que estudiar las peticiones de rodaje y aceptarlas si se dan las condiciones legales. El Consistorio, por su parte, admite conocer que hay ciertos desajustes y «molestias» derivados de los rodajes, pero que no existe normativa que les permita actuar. «Es el mismo caso que cuando hay obras en una calle: hay perjuicios, pero no se pueden compensar», indicaba un portavoz municipal.

Este diario intentó contactar a lo largo del día de ayer con la productora que gestiona esta gran filmación en Almería sin éxito.

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