La Hermandad del Silencio vuelve a poner en la calle un cortejo que invitó a la reflexión

La Hermandad del Silencio vuelve a poner en la calle un cortejo que invitó a la reflexión

Sobrio, solemne y romántico luto el que la hermandad propuso desde San Agustín

JOSÉ LEYVA

Después del colapso que, el pasado año, sufrieron las cofradías del Jueves Santo en el casco histórico de nuestra ciudad y que ofreció una estampa inexplicable en la calle Real a la altura de la Plaza Masnou, este año había interés por que este suceso no volviera a repetirse y todas las hermandades pusieron de su parte para resolverlo. Precisamente fue la del Silencio la que más insistió en buscar una solución al ser la más perjudicada. Y, entre las soluciones adoptadas, se acordó que retrasaran su salida tan solo cinco minutos para cuadrar los horarios de paso por la zona caliente del casco histórico.

Así las cosas, cuando pasaban cinco minutos sobre las nueve de la noche, se abrieron las puertas de la Iglesia de San Agustín y de su interior comenzó a salir el cortejo de la hermandad franciscana con la misma seriedad y orden al que nos tienen acostumbrados, logrando con ello que las emociones que provoca fuesen también tan sensibles como cada vez que esta cofradía se presenta en las calles de Almería.

El primer tramo de penitentes pisó el asfalto y, mientras ascendía por la calle recorriendo los metros que separan la puerta de San Agustín de la calle Noria, fue dejando despejando el camino para que saliera a la calle el primero de los pasos, el del misterio de Descendimiento que, este año, venía precedido por un nuevo grupo de música de capilla que ha nacido en el seno de la propia hermandad y que, con el nombre 'Sacra Redemptio', se presentaba ante la ciudad en su primera Estación de Penitencia por las calles de Almería.

Casi imposible

Tengo que hablar de la cuadrilla de costaleros que porta el paso del Santísimo Cristo de la Redención en su sagrado descendimiento. Se les conoce como 'Los mustios' porque portan un misterio sobrio y solemne al que solo le cabe una forma de trabajarlo: con zancada firme y notable caída sobre los costeros. Alejandro Suárez, quien espero que me perdone por no encontrar las palabras exactas para definir la forma de andar de esta cuadrilla, es el responsable de haber formado un grupo de costaleros que, tirando de oficio, dan una lección de sobriedad y elegancia en el andar que está en comunión con el patetismo del momento de la Pasión que se representa sobre el paso.

La salida del misterio del Descendimiento cortó la respiración del público asistente que, a pesar de ver cómo se repite la escena año tras año, sigue sin comprender cómo un grupo escultórico de semejantes dimensiones es capaz de salir por la puerta de San Agustín, a pesar de que también es de amplias dimensiones. Si la calle había estado en silencio durante la salida de los penitentes, este silencio se hizo aún más ensordecedor cuando comenzó a salir el paso de misterio. Finalmente, y después de que el equipo de capataces dirigiera con diligencia a la cuadrilla, el Señor de la Redención se presentó ante Almería y la calle contempló la dolorosa estampa de ver a Cristo muerto asistido para bajarlo del madero por los pocos amigos que fueron capaces de permanecer a su lado a pesar del temor por las represalias de los judíos.

Luego, una vez que 'Los mustios' comenzaron a recorrer la Rambla de los Alfareros en busca de la calle Noria y provocaron el recogimiento definitivo del público ante una estampa como la del Descendimiento de Jesucristo con su característico y solemne paso, del interior del templo comenzó a salir el tramo de penitentes que escoltan a la Virgen del Consuelo.

El paso de palio de crestería, hermoso joyero para la Palomita de San Agustín, se aproximó a la puerta y, entre una nube de incienso, Almería pudo adivinar la celestial belleza de la Virgen del Consuelo que, un año más, lucía ataviada primorosamente derrochando belleza. Benditas manos las de Juan Rosales que sabe sacarle a esta dolorosa de Castillo Lastrucci toda la belleza que recogen sus rasgos.

El equipo de capataces que dirige Manuel Vicente Barranco cumplió con el primer reto de la noche e hizo que la peana costalera que porta a la Señora la sacara a la calle con la misma dulzura que transmite el rostro de su Madre del Consuelo.

¡Qué hermosura de paso de palio! Desde las piezas de orfebrería hasta los bordados de saya, manto y palio pasando por la divina belleza de la Virgen, todo el conjunto es un pedacito de cielo que el mismo Dios dejó en Almería para que el pueblo consuele a la Madre de Dios tanto como Ella nos da consuelo a los almerienses.

Una vez abandonada la parroquial de San Agustín, el cortejo del Silencio continuó con su peregrinar por las primeras calles de su itinerario y se llevó consigo al público que le había acompañado en la salida y que, sin dudarlo, prolongó esa compañía para arropar a una cofradía que viste como ninguna de un luto romántico la noche del Jueves Santo.