En el Centro de Día Alborán llevan 15 días sin aire acondicionado

A una pareja de jubilados les sirven sopa de picadillo, lo hace un camarero hasta arriba de sudor. /
A una pareja de jubilados les sirven sopa de picadillo, lo hace un camarero hasta arriba de sudor.

El problema responde a que en Sevillana han activado un limitador de potencia eléctrica que hace que salte el diferencial

SERGIO GONZÁLEZ HUESO

De primero sopa de picadillo y de segundo pollo al horno. Ese era el menú que ayer tenían para comer en el Centro de Día Alborán, en la avenida del Mediterráneo, lugar de peregrinación de mayores pese a que desde el pasado 9 de julio se encuentra en plena ola de calor sin aire acondicionado. A este edificio que mira a la playa acuden al día más de un centenar de jubilados. Allí van a desayunar o a comer, -por sus menús baratos- o también a realizar actividades y jugar por las tardes a las cartas o al dominó.

El problema es que desde hace unos quince días la temperatura que hay en entre sus muros hace incompatible la vida sin que te dé un soponcio. En plena ola de calor y rozando los 40 grados centígrados en la calle, en el centro de mayores Alborán se han quedado sin aire acondicionado. Según explican desde la dirección del centro, en la compañía eléctrica parecen haber activado por control remoto un limitador de potencia que hace saltar el diferencial cada dos por tres. Esto impide que se pueda accionar la climatización con todo lo que ello supone para usuarios o trabajadores del centro, que está en funcionamiento doce horas al día.

María Felices, vecina de Plaza Pavía y una habitual del Alborán, explica que desde que existe el problema cada vez acuden menos personas a comer o a pasar el rato. Reconoce, mientras mueve con brío un abanico, que a ella le cuesta mucho soportar tanto calor en la comida, «que no se puede aguantar», pero que va porque no le queda más remedio -los menús cuestan 4,80 euros o bien 2,50 con una pensión no contributiva-.

Antonio Requena, al que todos conocen como Luis, asegura que ya ha habido más de un desvanecimiento a causa de las altas temperaturas a las que están sometidos. Para él, esta situación es paradigmática, porque «mientras esto nos pasa, en la televisión lo primero que aparece son un montón de recomendaciones para los más mayores, pues en verano estamos considerados población de alto riesgo», explica.

«El otro día uno se fue de aquí 'cascao'», confirma la tesis de 'Luis', Enrique Fernández, del barrio de Regiones. Lleva la camisa abierta hasta el cuarto botón. Está rojo y mientras le sirven su sopa de picadillo su mujer agita un abanico y habla de unos cuantos baipás.

En el comedor hace si cabe más calor que en el resto de las estancias. La cercanía con la cocina y los efluvios de la comida ardiendo hacen la atmósfera casi asfixiante. Por este motivo a las usuarias no les falta un abanico. Tampoco a la directora. Ana Agudo se queja de que por la ventana de su despacho -abierta de par en par- no entre ni una pizca de aire. Explica que lleva unos días en conversaciones con la compañía eléctrica para que desactive el limitador provisionalmente hasta que la Junta, de quien depende el centro, pueda solucionar definitivamente el asunto. Le dicen desde Sevillana que en 24 horas podrían acceder a su petición, pero no se muestra convencida del todo. Mientras vuelve o no el aire, en el Alborán hoy tienen cocido para comer.