Cuevas de los Medina, un destierro histórico

Cuevas de los Medina, un destierro histórico

Los vecinos de este barrio se sienten almerienses de «tercera o cuarta», pese a que pagan «como todos»

SERGIO GONZÁLEZ HUESO

"Nos iría mucho mejor si fuéramos un pueblo y no dependiésemos del Ayuntamiento de Almería".Esa aseveración, compartida por muchos de los vecinos de Cuevas de los Medina, deja a las claras el sentimiento de agravio que estos ciudadanos tienen con respecto a otro barrios de la capital almeriense. Aseguran que pese a que pagan religiosamente sus impuestos como cualquiera e incluso más, apenas tienen servicios. Se quejan de que no tienen un parque en el que puedan jugar los niños, que el alcantarillado es muy «chapucero», de que ir en transporte público al centro se convierte en toda una odisea, o que el barrendero solo pasa por allí los jueves, entre otras muchas cosas.

La sensación es de aislamiento y de abandono. Una anodina realidad que parece del todo injusta puesto que estos vecinos tienen que soportar todo lo que no quiere nadie. Los desechos de los almerienses, que se acumulan en forma de basura en el gran vertedero que hay junto a esta barriada al noreste y a unos quince kilómetros de los centros de poder. Se nota. La imagen de Cuevas de los Medina no deja indiferente a nadie . Apenas hay aceras, los arbustos invaden la carretera en casi todas las calles que hay, algunas improvisadas. La suciedad se acumula en solares abandonados sin vallar o en cuevas u oquedades en la roca que se usan de contenedores. Así llevan años. Al incivismo imperante de muchos vecinos se une también la dejadez de la empresa de recogida de residuos, que no parece hacer mucho ante estas montañas de suciedad visibles para todo aquel que se pasee por esta curiosa barriada ubicada junto a El Acebuche.

La tranquilidad se hace excesiva y el silencio ensordecedor. Las circunstancias con las que tienen que convivir estos vecinos de manera cotidiana está propiciando que muchos se hayan decidido a mudarse a otras zonas de Almería con más y mejores servicios. Solo hay un colegio hasta los ocho años, un bar, un centro vecinal y un estanco a medio construir. Las casas son bajas de obra y puestas como si alguien las hubiese dejado caer del cielo. Sin control ni orden. Las sinuosas carreteras, en su mayoría con rampas no aptas para corazones delicados, apenas tienes pintadas sus lineas viales o las ha tapado la maleza o montañas de arena o grava, que son en realidad el único paso para el que va a pie. Y así se puede seguir hasta agotar cada uno de los renglones de este reportaje. Sin dejar hablar a nadie. Solo una descripción que bien valdría para radiografiar las palabras descuido, desidia o dejadez.

Sin servicios

«No es normal que pagando lo que pagamos, algunos como yo contribuciones de 700 euros, estemos prácticamente abandonados a nuestra suerte», explica Laureano, en su garaje, donde hace una pequeña reforma. Se queja de que la red de alcantarillado que instaló elConsistorio es una «chapuza» que ni hace correr el agua ni nada parecido. «Al estar mi casa en cuesta no me han dado suficiente hondura en el tubo para salvar el desnivel», dice Laureano , que como muchos otros vecinos de esta barriada ha tenido que ser él mismo el que arregle lo que otros no han sido capaces.

Este vecino no entiende por qué tiene que gastarse «un dinero en arreglar una mala instalación cuando, que yo sepa, pago como todos aquí una contribución altísima y las tasas por unos servicios que no tenemos». Mientras habla, los vecinos con casa junto a la suya, que le acompañan, asienten con la cabeza e introducen en la conversación el asunto de la recogida de basuras y la limpieza. «Solo hay un par de contenedores en toda la barriada, apenas papeleras y el barrendero solo viene una vez por semana. Los jueves, mismamente», expresa otro vecino, que lamenta que esto sea lo único que puede contar de su barrio. «Es que está todo sucio y abandonado, lleno de basura y sin que nadie venga. Y aquí vivimos más de 150 familias, parece que al Ayuntamiento se le ha olvidado», indica María, presidenta de la asociación de vecinos de esta barriada y quien explica la paradoja que supone además vivir cerca del vertedero de la ciudad. «Los últimos inquilinos ilustres han sido la ballena y el delfín que se vararon en Retamar hace poco. Aquí al lado acaba todo, y claro, por eso hay días en los que nosotros no podemos ni abrir las ventanas o colgar la ropa fuera por culpa de mal olor que desprende», indica esta vecina, que añade que lo peor es por la noche «que es horrorosa», reconoce. Esto, más el exceso de vegetación y solares en mal estado de esta zona del noreste de Almería no provoca otra cosa más que un ambiente propicio para los insectos, mosquitos sobre todo, algo con lo que ya han aprendido a convivir estos vecinos.

Larga espera

La vida en Cuevas de los Medina es tranquila, por ello sus vecinos tienen la paciencia a prueba de Maternos Infantiles. Eso no es óbice, como ellos mismo dicen, que tengan que esperar tanto tiempo para que a los niños les pongan un parque donde jugar o un equipamiento deportivo en condiciones.«Y que no lo pongan en la plaza, que es lo único que tenemos para estar por las tardes», deja claroCarmen o Francisca, quienes no se fían «nada» de los últimos compromisos que desde el Ayuntamiento les han hecho. «Es que somos de Cuevas ¿sabes?. Llevamos toda la vida así y por más que nos digan cuando se acercan las elecciones, seguimos como siempre», dice Carmen, que admite que muchas veces ha pensado en mudarse y más desde que tiene hijos. «Pero es que este es mi barrio de siempre, ¿Por qué me tengo que ir de donde me he criado, no sería más lógico que nos hicieran más caso a los que vivimos aquí, que no somos tan pocos?», se pregunta.

Ocurre que Cuevas de los Medina está muy lejos del lugar donde se toman las decisiones. Al igual que Almería respecto Sevilla o Madrid. Cuestión que no pasa desapercibido precisamente a la hora de moverse. En autobús, una hora y media hasta el centro. Además de la distancia, tienen que hacer un transbordo en El Toyo, por lo que les cuesta llegar al centro pagar dos billetes. Pero lo peor es que en los últimos años les han quitado autobuses claves. «Hoy por hoy sale uno a las 7.30 y no vuelve otro hasta las 16, imagina cuando las abuelas tienen que ir por la mañana al banco a cobrar su pensión», cuenta Yolanda, quien también se ve afectada por la mala frecuencia que tienen. Según explica, el problema comenzó cuando se cambió el centro de operaciones a El Toyo, fue entonces cuando les quitaron el autobús de las 9 de la mañana, el que por todos los medios quieren recuperar, de momento sin suerte, como casi todo lo que vienen pidiendo desde hace tiempo.

Por eso quizás la vida parece discurrir más despacio en esta barriada que tiene mucho de destierro. El silencio, solo quebrado por los ladridos de los perros, no es más que una constante en esta zona de la capital sumida en el ostracismo, pintoresca, más que olvidada por los que mandan.

 

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