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Mientras otros duermen... 'After hours'

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Mientras otros duermen... 'After hours'

Rafa Méndez cuenta en un libro todo lo que no se vio por televisión en su viaje por la noche cámara al hombro. Mucho sexo, mucha droga y poco rock & roll

31.05.10 - 03:11 -
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Es difícil sacarle los colores a Rafa Méndez. En Cuatro le presentan como el tipo «más transgresor» de la cadena. Y ‘¡Fama!’ se le quedaba pequeño a un «provocador» como él. Así que le invitaron a dar un paso más y saltar de la franja apta para todos los públicos a la sesión golfa de la tele, a la que sólo deberían asomarse los adultos. Rafa Méndez reabre el miércoles a medianoche su ‘After hours’ y nos invita a descubrir qué hacen unos pocos mientras la mayoría duerme. Más de un millón de espectadores siguieron sus andanzas por los puticlubs y las esquinas de la droga en la primera temporada. Todo lo que no se pudo emitir lo cuenta el profesor de ‘¡Fama!’ en ‘Diario prohibido de un testigo de la noche’ (Aguilar). Confiesa que tanto él como el resto del equipo se llegaron a excitar grabando algunas escenas de sexo, pero también pasaron miedo y muchas veces hubieran querido que les tragara la tierra.
«La noche es escandalosa, emotiva, disparatada... El objetivo de ‘After hours’ no es el morbo, sino mostrar para normalizar», advierte Rafa Méndez al comienzo del libro. Es un aviso para «los voceros de una moralidad mal entendida». Por ahorrarse las críticas en chaparrón y «por motivos legales» no se emitieron muchas horas grabadas, entrevistas especialmente duras, imágenes de drogadictos en pleno ‘subidón’ y actos sexuales completos.
Alguna vez porque los protagonistas se echaron para atrás y no dieron su consentimiento. Muchas porque el programa no lo quiso. Y eso que a Ana no le hubiera importado que la vieran por la tele manteniendo relaciones sexuales en un parque con dos hombres a la vez. Y mejor si hubieran sido tres. «Me tiró los trastos desde el primer momento en que me vio y me ofreció un lugar en la orgía», confiesa Méndez. No fue la única. Carlos, un joven que mantenía encuentros sexuales con otros hombres a los que no conocía también le hizo el mismo ofrecimiento. «Era un chico muy joven y me dejó perplejo, no tuvo el más mínimo reparo en acercarse a flirtear. Desde el principio me comentó que le ponía mucho la posibilidad de hacerlo conmigo». También a una prostituta de lujo con un caché de varios ceros y a una ninfómana que comenzó a tener relaciones sexuales a los 12 años. Finalmente desecharon esta última entrevista. «Me largué de allí con mal sabor de boca».
Con la ‘mercancía’ en casa
Algo menos intimidado se sintió con «las tres jovencitas con yate» con las que coincidió en la discoteca de Olivia Vàlere, anfitriona de la jet set marbellí. «Apenas entramos con las cámaras una mujer huyó como alma que lleva el diablo. Era una alcaldesa de una ciudad de la zona». Hasta ahí puede leer. A él también le hubiera gustado huir en algún momento. Como en aquel loco viaje con Diego, un kundero –conductores que llevan a los toxicómanos a los poblados de la droga–. «Durante todo el viaje estuve aterrorizado, no paraba de morderme las uñas. El chico conducía a una velocidad exageradísima y no esperó a que se le pasase el colocón. Constantemente nos hacía apagar la cámara, estaba nervioso, cortante y, por momentos, maleducado. Nos pedía dinero por grabarle con el subidón pero nos pareció obsceno mostrarle así y decidimos no grabarlo. Él se ofreció a llevarnos de nuevo a Madrid, pero no quisimos, estaba colocadísimo». En rincones de la droga como al que les llevó Diego el equipo llegó a pasar «miedo». No sólo allí, también en su propia casa, escenario de otro reportaje, éste sobre ‘el servicio a domicilio’... de droga. Llamaron a Miguel, un camello que trabaja en el norte de España pero que aceptó gustoso bajar a Madrid. «Me asustó toda la mercancía que trajo. Enseñamos sólo una muestra. Tenía verdadero pánico de que pudieran encontrar tanta droga en mi casa».
En tantas noches en vela, Rafa Méndez se ha topado con mucha gente sin apellido pero también con otros con apellido bien conocido. Y así se vio, sin buscarlo, espiando a Marta Sánchez en el probador mientras ella se cambiaba de ropa, compartió con David Bisbal los momentos previos a salir al escenario –«le encontré en un pasillo, absolutamente solo, concentrado, estuvo muy agradable»–. El almeriense no vio que Rafa llevaba una mini cámara, pero a Paulina Rubio no se le escapó el detalle. «Lo controla todo, es una diva». A Shakira no le dio tiempo a fijarse porque huyó. «No sé si me tomó por un seguidor fanático».
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