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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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ALMERÍA

Como si se tratase de una extinción, las calles de Almería se quedan 'huérfanas' de establecimientos para poder alquilar películas
20.09.09 -

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Almería tierra de arena y sol, conocida a nivel mundial por su panorama desértico y cuyas características le hicieron protagonista de numerosas películas del oeste y de acción, posee en la actualidad de un nuevo desierto en su territorio.
Recorremos las calles de una ciudad que un día albergó gran cantidad de establecimientos para el alquiler y venta de cintas de vídeo grabado y lo único que encontramos en su lugar son locutorios que han ocupado las posiciones estratégicas y se alzan ahora con el monopolio de las calles.
Son malos tiempos para los trabajadores autónomos que se están viendo obligados a cerrar lo que un día montaron con ilusión pero que ahora no les genera beneficios. La crisis se está cebando con ellos, pero no es la única culpable del cese masivo de videoclubs en la capital almeriense, porque a éste factor se suman otras circunstancias que siempre han perseguido a este negocio.
'Misión imposible'
La piratería, el 'top manta' y sobretodo las descargas de Internet han sido siempre sus grandes enemigos y finalmente parece ser que han vencido la última batalla en la capital andaluza.
La solución a esta problemática es complicada y, aunque la Policía Nacional ha intensificado en los últimos años su ofensiva contra la piratería, castigar a los ciudadanos que actúan individualmente desde sus propias casas para su beneficio es una misión imposible que se escapa de las manos de todo tipo de autoridades. Concretamente y para paliar este mal extendido a nivel mundial, en el año 2005 el Gobierno aprobó el 'Plan Antipiratería' ante la necesidad que se planteó de perseguir la utilización ilegal de productos registrados. Este Plan tenía entre otras medidas la creación de un cuerpo policial especializado para la represión de estos delitos además, del lanzamiento de diversas campañas de mentalización dirigidas a los usuarios finales de los productos culturales.
Pérdida de valores
«Esto es una cuestión de valores, una cuestión cultural de la que carecemos, por lo que no podemos tomar medidas al respecto ni luchar en esta batalla», declaró Ramón Almansa responsable de la céntrica tienda Tipo, que vendía inicialmente discos, pero que dicha crisis ha hecho ampliar su negocio a venta de camisetas, zapatos, pulseras e incluso perforaciones para la piel, tatuajes, etcétera.
La música con la que comercializa principalmente es de un tipo muy concreto como es la música heavy. Esto le genera «un público fiel, coleccionista que siempre tenemos, porque la música comercial a día de hoy no vende ni un disco», confirmó Almansa, además de afirmar que «estas cifras de piratería son así de elevadas en España por la falta de valores que tenemos.
En otros países no sucede así como es el caso de Alemania en el que el problema se presenta igual que aquí y la piratería es de un 20% frente al 80% con el que nos alzamos en España». Parece que el público ha olvidado los numerosos beneficios que reportan los videoclubs, templos del cine, mundos repletos de películas de todos los tipos y para todos los gustos en función de los intereses de los clientes . Una forma de ver cine de alta calidad respecto a las descargas que se hacen a través de la red a diario.
Falta de rentabilidad
Un simple recorrido por las calles de Almería nos confirma la dura realidad que vive este sector. Los sitios estratégicos donde antes se alzaban establecimientos dedicados al alquiler y venta de películas se hallan ahora remplazados por locutorios en su mayoría o simplemente se tratan de naves en alquiler a la espera de un futuro un poco más prometedor.
Abderrahim, encargado del locutorio 'Ray Ka', que en otros tiempos fue un videoclub de éxito en la céntrica calle Pedro Jover, nos confirmó los motivos por los que cesó su viodeoclub, «hemos vendido mucho antiguamente como videoclub, pero terminamos quitándolo porque no nos era rentable».
El motivo ya no es únicamente la piratería, sino el trato que tienen los clientes ante este negocio.
«Las películas no las devolvían en el tiempo establecido, nos cansábamos de llamar a la gente y que nunca nos contestasen. En otras ocasiones era peor todavía porque nos las devolvían estropeadas o la carátula vacía, por eso decidimos quitarlo definitivamente», afirmó Abderrahim.
Todos estos motivos y las cifras que hablan por sí solas, han conseguido que Almería sea hoy una ciudad sin videoclubs, y por el mismo motivo, que la industria del cine y de la música se encuentren en un abismo de difícil salida.
Una lucha que pudo ser ganada pero que a día de hoy se ha visto obligada a cerrar sus puertas para siempre en la capital.
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