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TRIBUNA
Los objetos y la vida
30.04.08 -

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CUALQUIERA de nosotros puede constatar que para caminar por la vida vienen a ser imprescindibles los recuerdos, muchos de los cuales van indisolublemente unidos a personas, pero también a determinados sabores u olores, e incluso podemos añadir que también los recuerdos están unidos a objetos. De mi infancia recuerdo por ejemplo aquel olor a viruta de lápiz, a goma de borrar. También recuerdo aquellas clases de ese otro colegio en las que un tintero ocupaba el agujero existente en el centro de los pupitres; se reverdecen las querencias hondas con el olor de la tinta y el gusto con el que veía cómo se desplazaba la pluma al escribir, hasta el punto de que a veces me parecía que las palabras no nacían de mi decisión o del texto que copiaba, sino que la propia pluma elegía las palabras. Se trata de una sensación que todavía hoy experimento cuando escribo con alguna de mis plumas, lo que todavía no he dejado de hacer cuando necesito que la palabra fluya como un manantial de pálpitos. Aún tengo en mi memoria el olor del 'seílla' nuevo de mi padre. Hace poco veía un viejo lebrillo y me evocó la masa de las perrunas de la abuela.

Quiero hoy señalar cómo los objetos, algunos objetos, están unidos a nuestra vida, o ésta por mil circunstancias los une a nosotros. ¿Quién no ha ido a una exposición o museo sobre tal o cual personaje y no ha visto que siempre hay objetos que se unen a él, que si las gafas, que si el rosario, que si el reloj, los tirantes o aquel pequeño portarretratos que acompañó a la persona en un tramo importante de su existencia? De todos esos objetos que nos han acompañado hay algunos que los conservamos por razones sentimentales. Hay quienes guardamos cartas, libros, una flor seca, o apuntes de tal curso de nuestros estudios. Los objetos identifican a una persona e incluso al personaje. Todos recordamos ese chiste, viejo, por suerte; situándonos en tiempos pasados, donde dos gitanos se encuentran un tricornio, y uno de ellos se lo coloca sobre la cabeza y al poco dice al otro: «Me está entrando una mala hostia que me dan ganas de llevarte al cuartelillo» en referencia a la fama pretérita de la Benemérita con respecto a los gitanos y la grima de éstos con la Guardia Civil, todo ello superado, siendo la fama de los herederos del duque de Ahumada intachable.

Objetos que siempre indefectiblemente se unen a nuestras sensaciones, a nuestros sentidos, a nuestras emociones. El torero que lleva para tal día y para tal fecha tal traje, porque cree que le va a dar suerte. Aquel que se pone tal camisa para tal circunstancia de la realidad, el que no puede decir que está en su casa de verdad si no se pone sus viejas zapatillas. Sin hablar de la categoría de manía, todos tenemos unos objetos que son vértices de nuestra felicidad, ya sea una taza, un cenicero Hay unos objetos que ayudan a singularizarnos, a reforzar nuestro reconocimiento ante el espejo de un mundo, donde con frecuencia nos perdemos.
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