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Elcano cree Ley Aislamiento Político traerá a Libia desesperación y venganza

Belén Anca López
Madrid, 8 jun (EFE).- La Ley de Aislamiento Político en Libia reforzará "la desesperación de unos y la sed de venganza de otros", y su aplicación podría tener "graves consecuencias" para la transición del país, así como para el resto del Magreb, el Sahel y el norte del Mediterráneo, según un informe del Real Instituto Elcano.
Este análisis, elaborado por Haizam Amirah Fernández, investigador principal del Mediterráneo y Mundo Árabe de Elcano, habla de la Ley de Aislamiento Político, aprobada por el Parlamento libio el 5 de mayo y que prohíbe durante diez años la asunción de cargos públicos a los funcionarios del régimen de Muamar al Gadafi.
Fue aprobada tras numerosas dilaciones y en medio de una enorme presión ejercida sobre todo por antiguos "zuar" (milicianos que lucharon contra Gadafi), que asediaron varias sedes ministeriales.
Esta ley continúa la transición política libia, que comenzó tras la caída del régimen de Gadafi, el 20 de octubre de 2011, y que ya ha provocado su primera víctima: la dimisión del presidente del Parlamento, Mohamed al Magrif.
Amirah cree que ese 5 de mayo "podría ser recordado como el día en que descarriló la transición democrática" y que esa ley "puede condenar al país a vivir anclado a su pasado conflictivo".
Afirma que la exclusión política de todos los altos cargos de antiguos regímenes autoritarios durante procesos de transición "no suele contribuir a superar los problemas del pasado, ni preparar a la sociedad para mirar hacia el futuro con esperanza".
"En lugar de avanzar hacia la reconciliación nacional en Libia por las vías de la justicia transicional y de la integración de los sectores que se sienten marginados, la nueva Ley reforzará la desesperación de unos y la sed de venganza de otros", destaca.
Explica que el objetivo de esa norma era romper con la herencia de Gadafi, excluyendo a las principales figuras de su régimen de la vida política en la nueva Libia, pero tras meses de negociaciones "la presión ejercida por algunas milicias armadas precipitaron la aprobación de un texto mucho más amplio y punitivo".
Amirah dice que numerosos ciudadanos y organizaciones libias han criticado esta Ley -tanto integrantes y nostálgicos del antiguo régimen como otros que se opusieron y lucharon contra Gadafi- y que estos últimos la consideran "vengativa e injusta" y que favorece a corrientes políticas religiosas y tradicionalistas.
Destaca que una de las principales críticas es que la norma no tiene en cuenta a quienes desertaron, se exiliaron e incluso lucharon en 2011 para derrocar a Gadafi.
Según el informe, las maniobras de algunas milicias armadas y grupos políticos, incluidos islamistas, son interpretadas como "un intento de provocar una crisis política que fuerce la dimisión del actual primer ministro, Ali Zeidan" y la llegada de un nuevo mandatario "más maleable y afín a sus posiciones".
Amirah asegura en su informe que no es ningún secreto que el principal objetivo contra el que se dirige la Ley de Aislamiento es el líder de la Alianza de Fuerzas Nacionales, Mahmoud Jibril, que obtuvo los mejores resultados en las elecciones de 2012.
Como primer ministro interino del Consejo Nacional de Transición tras el inicio de la revolución, se le atribuye haber logrado importantes apoyos internacionales necesarios para forzar la caída de Gadafi, aunque entre 2007 y 2011 había ejercido como jefe de la Junta Nacional de Desarrollo Económico con el antiguo régimen.
Así que los beneficiados de esta ley, según Elcano, serán principalmente los partidos islamistas, empezando por el Partido Justicia y Construcción (la rama libia de los Hermanos Musulmanes).
Si se aplica el aislamiento político hasta las últimas consecuencias, altos cargos "competentes y con experiencia" serían destituidos, lo que recordaría, según Amirah, a Irak tras la caída de Saddam Husein en 2003 cuando cientos de miles de funcionarios, policías y miembros de las fuerzas armadas perdieron sus empleos y muchos se unieron a la insurgencia.
Otro riesgo es el colapso de las estructuras de seguridad como resultado de la destitución de altos mandos de la policía y de las fuerzas armadas encargados de controlar las fronteras terrestres.
Esto es importante no sólo para la estabilidad dentro de Libia, sino también para el control de las fronteras con los países del Sahel, por donde circulan bandas criminales y elementos yihadistas.
Entre los excluidos, explica Amirah, también estarían muchos de los interlocutores libios con el exterior, "cuya experiencia se hace más necesaria si cabe en el actual proceso de transición".
En opinión del investigador, Libia aún está a tiempo -"aunque le queda muy poco"- de evitarse mayores sufrimientos en el futuro. Su estabilidad y prosperidad dependerán de si los libios son capaces de "cerrar los capítulos nefastos del pasado con una combinación de justicia para las víctimas, compensación moral y generosidad colectiva", añade. EFE
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