La Universidad Laboral de Gijón, el símbolo arquitectónico del franquismo

La Universidad Laboral de Gijón. /
La Universidad Laboral de Gijón.

El grandioso complejo, emblema arquitectónico y símbolo de la política social del régimen, ha dado para mucho: un instituto de formación profesional, un teatro, instalaciones deportivas e incluso sede de la televisión autonómica

SHEILA VACA ARIASgijón

Muchos la ven como un gran castillo de la Edad Media, pero es mucho más reciente. La Universidad Laboral de Gijón es hoy en día un gran emblema de la villa de Jovellanos que alberga espacios artísticos y culturales, estudios universitarios, instalaciones deportivas, centro de empresas e incluso sede de la televisión autonómica. Y es que, contar con 270.000 metros cuadrados y estar situada a las afueras de la ciudad ayuda a ser un espacio de lo más multifuncional. De hecho, es el edificio más grande de España, más incluso que El Escorial. Una obra faraónica del franquismo donde no se escatimó en detalles y que aún conserva el sello de esa época con el escudo franquista sostenido por dos ángeles tunantes que preside la fachada principal.

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Pero este gran monumento del franquismo construido entre 1946 y 1956 según los ideales de la arquitectura clásica, tuvo unos orígenes muy diferentes. Tras un grave accidente en una mina de la cuenca del Caudal, diferentes personalidades locales se reunieron para impulsar la creación de un orfelinato capaz de atender a un millar de alumnos hijos de mineros y que contara con las distintas dependencias requeridas para el desarrollo de la vida estudiantil.

Su construcción, dirigida por el arquitecto Luis Moya, contó con los mejores profesionales de la época. Durante el transcurso de las obras, el Ministerio de Trabajo decidió la creación de las Universidades Laborales y en la de Gijón, dirigida por los jesuitas desde su inicio y asistida en las labores de intendencia diaria por monjas clarisas, se formaron generaciones de estudiantes y profesionales cualificados.

El abandono y el consiguiente deterioro del edificio llegó en los años 80 y diez años más tarde el Principado decide coger las riendas del mismo y rehabilitarlo, además de elaborar nuevos proyectos destinados a mejorar su imagen y su funcionalidad hasta ser el icono cultural y arquitectónico de Gijón.