Los días de gloria y sufrimiento de Elon Musk

Los días de gloria y sufrimiento de Elon Musk

La última biografía del empresario recalca su tenacidad pero también una falta de empatía hacia los demás

ARANTXA HERRANZ

Ideas visionarias, proyectos que parecían imposibles como el uso de la inteligencia artificial o la exploración espacial y mucha mercadotecnia. Tres ingredientes que convierten a Elon Musk está en boca de todos (Pretoria, Sudáfrica, 1971) en el nuevo paradigma e icono de empresario y visionario de éxito. Nacionalizado estadounidense desde 2002, fue el fundador de X.com en 1999 (que más tarde se convirtió en PayPal), SpaceX en 2002 y Tesla Motors en 2003. Sin embargo, fue la venta de Zip2 –una compañía de software– a una división de Compaq Computers lo que le convirtió en millonario antes de cumplir los 30 años. Ahora, y según Forbes, su patrimonio supera los 20.000 millones de dólares. Unos 16.300 millones de euros. La misma cantidad en la que está valorada su compañía de viajes espaciales SpaceX.

Con su empresa Tesla está transformando la industria del automóvil fabricando una serie de coches eléctricos que combinan diseño y gran autonomía. Con SolarCity está produciendo la forma más barata de energía en la mayoría de los Estados norteamericanos a través de la energía solar. Y con la empresa aeroespacial está construyendo cohetes de última generación y naves espaciales mucho más baratas que hasta ahora, rompiendo el monopolio de los gobiernos en esta industria.

Según se desprende de una de sus últimas biografías –‘Elon Musk: Tesla, SpaceX y la búsqueda de un futuro fantástico’, de Ashlee Vance, para la que el empresario ha colaborado, aunque no dado el visto bueno al resultado final–, detrás de las innovaciones de este emprendedor hay todo un mundo de preocupaciones existenciales. Musk es de las personas que cree que se está desarrollando una tecnología tan inteligente que podría destruir a la raza humana.

El hombre detrás del icono

Hijo de un ingeniero y una modelo, Elon Musk pasó su infancia entre libros y ordenadores. Dicen que nunca fue muy social y que incluso fue un objetivo fácil para los ataques de ‘bullying’ de sus compañeros. Su biografía cuenta que fue arrojado por una escalera y golpeado después. Algo que no sólo le obligó a ser hospitalizado, sino que le dejó una lesión por la que sigue teniendo problemas para respirar en la actualidad.

La relación con su padre nunca fue buena. En una entrevista a la revista ‘Rolling Stone’ se echó a llorar rememorando a su padre. «Era un ser humano terrible», afirmaba entonces. Y eso que, según reconoce, su inteligencia se debe a que su padre era un destacado ingeniero con un alto coeficiente intelectual. Además, Musk tampoco suele hablar de otro episodio trágico en su vida: la muerte de su primer hijo. Era mayo de 2002 y Musk y su primera esposa, Justine Wilson, se convirtieron en padres de Nevada Alexander. Pero murió de muerte súbita del lactante (SIDS) a las diez semanas de vida.

En la biografía, Vance describe a un hombre cuyo instinto y genio pueden resultar desgarradores para quienes lo rodean. También presenta a un hombre cuya filosofía de vida no coincide con lo que la mayoría de las personas considera normal. Una personalidad que puede llegar a destruir (profesionalmente hablando) a algunos de sus mejores ingenieros después de una mala reunión y que hace que sus empleados lo adoren y le teman por igual y al mismo tiempo. Se produciría así una especie de dualidad: su ambición sería cambiar y mejorar la vida para la humanidad, haciendo que progrese como especie, pero al mismo tiempo Musk carecería de empatía en sus propias relaciones personales.

El libro también deja claro que la motivación de Elon Musk nunca ha sido el dinero, sino las ideas y demostrar que sus pensamientos sobre los negocios e ingeniería eran correctos sin atisbo de duda.

Luces y sombras

En los últimos tiempos todo lo que toca Musk parece convertirse en oro. Pero lo cierto es que los primeros años de SpaceX y Tesla fueron caóticos. Musk (dicen quienes le conocen) no tiene piedad tampoco consigo mismo y llega a trabajar 100 horas a la semana. Esto, a su vez, también hace que, como jefe, sea excesivo. De hecho, una de sus frases más célebres es que las vacaciones pueden matarte. Una conclusión a la que llegó después de contraer la malaria en unas vacaciones en su país natal.

Sin embargo, es un líder que apuesta por ideas arriesgadas, combinando una visión a largo plazo, sus conocimientos técnicos y su inteligencia con una potente estrategia de mercadotecnia –la imagen de un coche suyo en el lanzamiento de su último cohete es la mejor prueba–. Además, aseguran que sabe cómo contratar buenas personas y cómo motivarlas. Lo más importante: nunca se da por vencido.

De hecho, a lo largo de su carrera ha vivido momentos de mucha incertidumbre. El más reciente: el haber sido capaz únicamente de producir 1.500 unidades de su Modelo 3 de Tesla. Algo que fue achacado a los «cuellos de botella de la producción». Según su versión, muchas partes del coche se fabricaban a mano en lugar de hacerlo en una línea de producción porque aún no la tenían preparada. Algo, por otro lado, muy inusual en la fabricación de automóviles.

En lo que a su carrera especial se refiere, lo cierto es que han sido casi más los fracasos que los éxitos. En 2006, su primer cohete explotó, al igual que el segundo, un año después y el tercero en 2008. Y a finales de ese año casi se declaran en bancarrota tanto Tesla como SpaceX. En 2013 la empresa logró hacer despegar un cohete sin que estallara, pero falló cuando intentaba aterrizar. Pese a todos estos errores, un portavoz afirma que las explosiones de los cohetes no se ven como fallos sino como aterrizajes experimentales con los que aprendieron. Ese mismo año el Modelo S de Tesla padecía el mismo problema que algunos móviles, cuyas baterías estallaban sin aparente razón. Aunque Musk no se rindió, en 2016 apareció el Modelo X con más de 18 meses de retaso.

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