Vídeo inédito: así caminó sola la pequeña Lucía por las vías

JUAN CANO y JON A. SEDANOMálaga

La familia quedó para cenar y celebrar el santo de Ana, la abuela paterna de la pequeña Lucía. El restaurante al que acudieron estaba cerrado, así que decidieron ir al bar de la estación de Pizarra. A las 23.30, la niña estaba comiendo un helado junto a sus padres mientras jugaba con sus primos. Su tío Paco la vio con el chupete puesto cuando todos se levantaron para despedirse mientras la abuela iba a la barra a pagar. Al volver, Lucía ya no estaba entre ellos.

Su pista se pierde al final del andén. Una de las tres cámaras de seguridad que hay en la estación captó a la menor a las 23:34 horas del 26 de julio. La niña, que acababa de cumplir tres años, permanece 12 segundos en el plano del vídeo, al que ha tenido acceso SUR. Al principio, va corriendo sola hacia la oscuridad, pero al final se frena y comienza a andar justo antes de desaparecer tras la caseta que da paso a las vías, en dirección a Álora. El reloj del sistema de videovigilancia marcaba en ese momento las 23.35.

La búsqueda

Dos minutos después, otra de las cámaras de la estación grabó a la primera persona que salió en su búsqueda. A las 23.40, son ya varios los hombres que se adentran en las vías iluminándose con sus teléfonos móviles para tratar de localizarla. Entre ellos, Antonio Vivar, el padre de la menor. Pese a su zancada (mide 1,96), no pudo alcanzarla suponiendo que, como piensa la Guardia Civil, la niña siguiera andando entre los raíles.

Su chupete, del que Lucía nunca se separaba, lo encontró un hombre –al que la familia trata de identificar– junto a una máquina expendedora de billetes de Renfe y se lo entregó a la madre de la propietaria del bar poco después de la medianoche. Pero ni rastro de la cría. Tras una madrugada de angustiosa búsqueda, la menor fue hallada muerta a las 6.55 horas a 4.200 metros de la estación de Pizarra, en dirección a Álora. Supuestamente, la golpeó el primer tren de la mañana.

La Guardia Civil sospechó desde el primer momento –a día de hoy, esa sigue siendo la principal hipótesis de la investigación, aún abierta– que Lucía caminó desorientada por las vías del tren hasta que, al cabo de cuatro kilómetros, se acurrucó entre los raíles y se quedó dormida. La menor no presentaba signos de agresión sexual y llevaba puesta la misma ropa que la noche anterior, cuando desapareció. Conservaba incluso sus sandalias rosas de velcro, desgastadas por el uso.

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