El suicidio 'de película' de un general ante el tribunal tras escuchar su condena a 20 años

Su mano pareció temblar un instante pero él no dudó. Con una cierta pose teatral abrió la boca, alzó la cabeza y bebió mientras miraba hacia alguna parte más allá de la sala de audiencias

JAVIER GUILLENEA

El suyo fue un gesto solemne, como de tragedia clásica. Slobodan Praljak alzó el brazo derecho y aproximó a sus labios el pequeño frasco que ocultaba entre los dedos. Su mano pareció temblar un instante pero él no dudó. Con una cierta pose teatral abrió la boca, alzó la cabeza y bebió mientras miraba hacia alguna parte más allá de la sala de audiencias. El trago duró tres segundos.

El exgeneral bosniocroata, de 72 años, acababa de escuchar la sentencia del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia que confirmaba su condena a veinte años por crímenes de guerra. Tras oír de pie el fallo, el condenado dijo: «El general Praljak no es un criminal de guerra y rechazo con desprecio este veredicto». Y después bebió.

Fue un suicidio en directo ante las cámaras que grababan la sesión, o al menos quiso serlo. El exgeneral quizá buscaba la alarma de la inmediatez consumada, el sobresalto de quienes contemplan un drama irreversible, pero no fue exactamente así. En un primer momento nadie reaccionó ante el gesto del antiguo militar. Sus compañeros de banquillo lo miraron sorprendidos y el presidente del tribunal, Carmel Agius, pareció buscar respuestas en su ordenador. Nadie sabía lo que ocurría.

Ante el estupor general, fue el propio Slobodan Praljak quien tuvo que anunciar la inminencia de su muerte. «Bebí veneno», dijo con la misma calma con la que un perito describe el arma homicida durante un juicio. «Nuestro cliente dice que bebió veneno esta mañana», reveló su abogada al tribunal inmediatamente después. Con sus palabras, la letrada no dejaba claro si la pócima había sido ingerida antes o durante la vista judicial, pero ya daba lo mismo. Praljak fue trasladado a un hospital, donde murió.

Había sido condenado en 2013 a veinte años por crímenes perpetrados contra musulmanes bosnios durante la guerra que entre 1992 y 1995 devastó la antigua Yugoslavia. Praljak fue considerado culpable de haber ordenado en noviembre de 1993 la destrucción del puente de Mostar y de impedir el acceso a la ciudad de convoyes humanitarios de la ONU. Según el tribunal, fue responsable de evacuaciones forzosas, violaciones, asesinatos, destrucción del patrimonio y persecución sistemática de la población bosnia.

El Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia fue creado en 1993 y desde entonces ha condenado a 90 personas. La semana pasada sentenció al antiguo jefe militar serbobosnio Ratko Mladic a cadena perpetua. Ayer, los jueces confirmaron penas de entre 10 y 20 años a los cinco procesados que compartían banquillo con Praljak: Jadranko Prlic, ex primer ministro de la autoproclamada República de Herzeg-Bosnia; Bruno Stojic, antiguo ministro de Defensa de la misma república; el exgeneral Milivoj Petkovic; Valentin Coric, comandante de la policía bosniocroata, y Berislav Pusic.

Antes que Slobodan Praljak ya se habían quitado la vida otros dos acusados de crímenes contra la humanidad durante la guerra en Yugoslavia. El primero en morir fue el exalcalde de Vukovar Slavko Dokmanovic, que se ahorcó en 1998 mientras estaba detenido. En marzo de 2006 apareció muerto en su celda, también ahorcado, el líder de los serbios de Croacia, Milan Babic.

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