El tsunami que amenaza a España. ¿Estamos a salvo? ¿Qué nos pasaría?

El tsunami que amenaza a España. ¿Estamos a salvo? ¿Qué nos pasaría?

En el fondo marino, a sólo unos kilómetros de nuestras costas, duerme la falla que separa las placas euroasiática y africana. Si se ‘despertara’, podría originar un maremoto de consecuencias impredecibles

FRANCISCO JAVIER ALONSO

El día de Todos los Santos de 1755, a unos 300 kilómetros del cabo de San Vicente, se desencadenaba un terremoto submarino similar al ocurrido en 2005 en Indonesia. En sólo una hora, la primera gran ola alcanzaba el golfo de Cádiz. Después llegaron dos más. Dos mil personas, en su mayoría pescadores, murieron. Ha sido el mayor maremoto que España ha sufrido en la historia, pero no el único. Se tiene constancia de al menos 24 tsunamis que han azotado nuestras costas: el primero, en el 218 a. C., en Cádiz.

Para que se produzca un gran ‘tsunami’, el foco del temblor sísmico que lo origina debe estar próximo a la superficie y superar los 5,5 grados en la escala de Ritcher

Para que se produzca un gran ‘tsunami’, el foco del temblor sísmico que lo origina debe estar próximo a la superficie y superar los 5,5 grados en la escala de Ritcher. Además, es indispensable que se produzca un movimiento vertical de las placas tectónicas que traslade un gran volumen de agua. En el terremoto de Indonesia, el quinto más fuerte del siglo, se cumplieron estas premisas y se produjo un desplazamiento del fondo marino de 15 metros a lo largo de mil kilómetros de falla.

Íñigo Losada, catedrático de Ingeniería y Costas de la Universidad de Cantabria, considera que estas circunstancias difícilmente se darán en España, por lo que el riesgo de que un tsunami devastador llegue a nuestras costas es «relativamente bajo». Reducido, sí; pero real.

Hay constancia de 24 ‘tsunamis’ que han afectado a España. El primero se registró en el 218 a. C

El Mediterráneo y parte del Atlántico se encuentran sobre la falla que separa las placas tectónicas africana y euroasiática. En ella, los geólogos tienen localizadas dos grandes zonas de riesgo. «En el Mediterráneo -explica Losada- hay cinco fallas con actividad tsunamigénica, y están tan cerca de la costa que hay muy poco tiempo para detectar un fenómeno de este tipo y coordinar un aviso.» Por fortuna, la actividad sísmica de la zona no es muy potente y la profundidad del Mediterráneo no es mucha, lo que reduce el riesgo. «Pero no conviene subestimar el peligro -advierte María José Jiménez, del CSIC, autora del primer mapa de peligrosidad sísmica en Europa-, porque en el terremoto de Mesina (Italia) de 1908 la mayoría de los 86.000 muertos los causó un tsunami».

A juicio de todos los expertos, el peligro mayor está en el Atlántico. «Hay una zona sísmicamente activa, conocida como banco de Gorringe, en la que se podría originar un fuerte seísmo subterráneo con movimiento vertical de las placas que provocaría un tsunami muy peligroso para la Península y para Canarias», asegura Emilio Carreño, responsable del Centro Nacional de Información Sísmica. Este punto, situado entre Madeira y el golfo de Cádiz, fue el epicentro del terremoto de Lisboa de 1755. Si se repitiera lo que ocurrió allí hace ahora 255 años, «el maremoto sólo tardaría una hora en llegar a nuestras costas», calcula Carreño.

ASÍ SE PRODUCE LA ‘OLA ASESINA’

Los tsunamis son gigantescas olas que nacen en alta mar originadas por terremotos, erupciones volcánicas, deslizamientos de tierra o el impacto de meteoritos. A medida que cruzan el océano cobran fuerza hasta alcanzar velocidades de 700 km/h. Esa aceleración, unida a la enorme masa de agua que transportan, hace que a su llegada a la costa, cuando se elevan hasta 30 metros de altura y 400 km/h, arrasen todo lo que encuentran.

1. SACUDIDA: Una sección de la corteza terrestre se desplaza súbitamente bajo otra placa. El movimiento provoca que ésta ascienda y la recolocación tectónica origina un movimiento sísmico.

2. ELEVACIÓN. El movimiento vertical de la placa que queda encima origina que miles de toneladas de agua asciendan hacia la superficie, surgiendo en forma de ondas.

3. TOMANDO VELOCIDAD. En mar abierto, las ondas de un tsunami sólo levantan un metro, pero sus crestas pueden tener hasta 150 km de longitud. Pueden moverse a más de 700 km/h.

4. CAMBIO DE FORMA. A medida que las olas alcanzan aguas menos profundas, disminuyen su velocidad, acortan la distancia entre ellas y se elevan. Su poder destructivo ya es máximo.

5. IMPACTO. Los tsunamis pueden golpear con sus crestas, pero lo normal es que lleguen a tierra en forma de mareas. Generalmente, la playa se retrae de forma súbita antes de su llegada.

6. DAÑOS. Dependiendo de su fuerza final y las barreras que halle, el agua puede avanzar e inundar varios kilómetros antes de formar una corriente de retroceso que arrastrará todo a su paso.

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UN MAR DE CONSECUENCIAS

Destrucción de infraestructuras costeras

Un maremoto como el que afectó a Lisboa y al suroreste andaluz en 1755 provocaría hoy la destrucción de la mayoría de las infraestructuras de la costa. Sólo en Huelva, según los científicos, arrasaría todos los centros hosteleros de nueve municipios.

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