Un trabajo para 'Platero'

Los burros eran obreros y campesinos, pero las máquinas los dejaron en paro. En España hubo un millón y hoy son 30.000

Rafael Fuentes posa entre sus burros en la Reserva Las Bellotas, en Monachil (Granada), en las faldas de Sierra Nevada. /RAMÓN L. PÉREZ
Rafael Fuentes posa entre sus burros en la Reserva Las Bellotas, en Monachil (Granada), en las faldas de Sierra Nevada. / RAMÓN L. PÉREZ
INÉS GALLASTEGUI

El burrito sin nombre es «pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos», como el tierno 'Platero' que dio al nobel Juan Ramón Jiménez la gloria literaria. Hijo de 'Gallomba' y 'Tomillo', llegó al mundo hace diez días en el Camino de la Solana, una vereda que discurre entre huertos y olivares en el valle del río Monachil, en las faldas de Sierra Nevada. El ruchito es afortunado: su misión en la vida será abandonarse a la galbana en plena naturaleza, mascar paja al sol y dejarse querer por Rafael Fuentes y Aurora Moreno, los dueños de la Reserva Las Bellotas. A diferencia de sus antepasados, no tendrá que sudar para ganarse el heno. Tiene suerte como individuo, pero el futuro de los suyos es incierto. Forma parte de una raza condenada: el asno andaluz, igual que las otras cinco especies autóctonas españolas, corre peligro de desaparecer. La mecanización de los oficios que tradicionalmente hacían los burros pone en riesgo su supervivencia. Sus opciones de trabajo son limitadas, pero esperanzadoras: desde que la obra del hijo más ilustre de Moguer cumplió cien años, en 2014, Rafael Fuentes acude cuando le llaman los colegios de Granada para representar, caracterizado de Juan Ramón, la vida y milagros del borriquillo universal. O presta a sus 21 jumentos para hacer asnoterapia con discapacitados. «Hemos estado 4.000 años haciendo uso de estos animales y ahora no podemos olvidarnos de ellos. Hay que reinventar el asno», defiende.

En peligro

Razas puras y mestizos
Las seis razas autóctonas españolas están en riesgo de extinción, explica Jesús Dorado, profesor de Veterinaria en la Universidad de Córdoba. El asno andaluz es el más grande (hasta 1,60 metros y 300 kilos) y el de las Encartaciones (Vizcaya), de color oscuro, el más pequeño. Están además la catalana, balear, zamorano-leonesa y majorera. Las razas puras no llegan a una décima parte de la cabaña española, unos 30.000 ejemplares. El resto son mestizos.
Burro hijo de mula
El cruce entre yegua y burro da lugar a un mulo. El de caballo y burra, a un burdégano. Los híbridos son estériles, pero el grupo de investigación de Dorado, que desarrolla técnicas de conservación de esperma y embriones, logró que una mula inseminada en tratamiento conceptivo diera a luz un burro. Tenía una malformación y murió a las pocas horas.
1.000
euros al año cuesta alimentar con paja a un animal sano y 3.000 a uno enfermo que necesite pienso y cuidados veterinarios extra, según El Refugio del Burrito. La ayuda europea a los criadores de razas autóctonas es de 62 euros por animal y año.

El burro doméstico o 'Equus africanus asinus', cuyos ancestros trotaban silvestres en el continente negro, inició hace siete milenios su relación con el hombre, que apreció la fortaleza -puede cargar el 30% de su peso, de hasta 300 kilos-, la resistencia -es más frugal y menos sibarita que el caballo- y la docilidad de este animal de carga y tracción. Con su arriero al lado, ha transportado personas, materiales, herramientas y productos. Hasta que llegaron las máquinas, fue campesino, obrero, taxista, bombero, minero, pastor, nevero y aguador. «Los arqueólogos han hallado pruebas de que los burros estaban ahí cuando se trazaron los caminos, se construyeron las presas o se inició el comercio. Sin ellos no habría sido posible la civilización humana», asegura el periodista Eliseo García Nieto, autor del libro 'Hermano asno' (ed. Diputación de Córdoba, 2017).

En el mundo hay unos 50 millones de pollinos y en muchas partes de África, Sudamérica y Asia es aún una pieza fundamental de la economía tradicional. En Europa, en cambio, está en claro retroceso. En España, donde había más de un millón al acabar la Guerra Civil, apenas hay censados hoy 30.000. «Ha ocurrido en todos los países que se han industrializado. Al no tener un uso productivo, han quedado obsoletos. Y, aunque en algunos lugares se consume su carne (Francia) o su leche (Italia), no son rentables porque son animales de crianza lenta: la gestación dura de 12 a 14 meses», explica Rosa Chaparro, portavoz de El Refugio del Burrito, la delegación española de la organización más antigua en su defensa, The Donkey Sanctuary, fundada en 1969 en Gran Bretaña y presente en 36 países. La ONG, que rescata a animales maltratados o abandonados, mantiene 200 en su finca de Bodonal de la Sierra (Badajoz) y 75 en la de Fuente de Piedra (Málaga).

Fuertes y listos, pese a su fama, fueron clave en el desarrollo de la construcción y del comercio

Los defensores del burro no solo reivindican al currante; también denuncian su injusta fama. Ya en la época de los egipcios se identificaba a esta bestia con la ignorancia y para los romanos era signo de mal fario. No hay más que echar un vistazo al diccionario: burro y sus sinónimos pueden emplearse como apelativo para las personas 'brutas', 'simples' y 'de poco entendimiento'. «Pero son más listos que los perros o los gatos -replica Rosa Chaparro-. Con entrenamiento, son capaces de reconocer el significado de más de mil palabras. Son superinteligentes, empáticos y sociables. Siempre tienen un mejor amigo. Y si se han ganado la fama de tercos es porque tienen un gran instinto de supervivencia: cuando presienten un riesgo, no hay manera de hacer que se muevan. Son guardianes del territorio porque evolucionaron en los desiertos de África, vinculados a su punto de agua. Son los únicos equinos capaces de atacar a un depredador a coces y mordiscos. Por eso son buenos vigilantes del ganado: si se acerca el peligro, su rebuzno se puede oír a gran distancia».

«Hay que cambiar la definición del diccionario», reclama Rafael Fuentes, que ya se prepara para su próxima representación. La semana que viene, ataviado como Sancho Panza, llevará a un amigo de Quijote, a un pollino como «el rucio» y a su perra de «galgo corredor» para recrear la obra de Cervantes en la Feria del Libro de Granada.

Resucitar para los niños al entrañable 'Platero' de Juan Ramón o a la tozuda montura cervantina es un hermoso empleo para un animal tan fiel y sufrido, pero no solo de literatura vive el burro. En pleno declive de la especie, aún surgen nuevas oportunidades. En el Parque Nacional de Doñana, por ejemplo, han sacado del 'paro' a una cuadrilla de asnos que, pastando en zonas de vegetación seca, crean cortafuegos ecológicos. El año pasado, la Alhambra contrató a un pollino para transportar materiales de obra a una zona del monumento a la que no está permitido el acceso de máquinas. La pionera Asociación de Defensa del Borrico (Adebo), que acoge en Rute (Córdoba) a medio centenar de ejemplares, organiza su Aula Arriera para enseñar a los niños a amar a estos equinos. En Burrolandia (Tres Cantos, Madrid) proponen cumpleaños con asnos. Las romerías y fiestas populares son un yacimiento de empleo, aunque, como ocurre con el famoso burrotaxi de Mijas, los animalistas anden con la mosca detrás de la oreja, vigilantes ante posibles casos de maltrato. El Refugio del Burrito, que organiza desde actividades educativas a sesiones de yoga, ofrece la posibilidad de apadrinar un jumento -ya lo han hecho, por 5 euros al mes, 3.000 familias- o adoptarlo: el año pasado, 155 se llevaron a una pareja a su casa.

Eliseo García Nieto no lo ve claro. Por un lado, la enésima absurda creencia de la 'medicina' tradicional asiática es que la gelatina de su piel es una especie de bálsamo de Fierabrás que lo cura todo, y con esa excusa los chinos han desollado a 8 millones de asnos en su país y se aprestan a arrasar con los de África y Sudamérica, dejando sin una ayuda básica para su economía a miles de familias pobres. Un kilo de 'ejiao' cuesta más de 300 euros.

Por otro lado, constata el periodista, el mundo rural en España sufre un declive sin remedio. «A diferencia de Francia, que está orgullosa de sus raíces agrarias y considera al campesino una figura de referencia, con toda una industria a su alrededor, en España para alentar la emigración a las ciudades se sembró la idea de que quien se quedaba en el campo era un paleto, un inútil. El resultado es el desierto demográfico actual. El burro es un símbolo de todo eso», reflexiona. Quizá la nostalgia no sea suficiente y los «espejos azabache de sus ojos, duros cual dos escarabajos de cristal negro», con los que Platero miraba al escritor, son los testigos de un mundo que ya no existe.

Un militar conduce a 'Tomillo' al camión.
Un militar conduce a 'Tomillo' al camión. / RAMÓN L. PÉREZ

El semental 'Tomillo' se enrola en el Ejército

Mientras El Refugio del Burrito esteriliza a las bestias que acoge –«Ya hay bastantes abandonados como para criar más», aducen–, otros apuestan por la cría. La Reserva Las Bellotas hizo entrega el martes de su semental 'Tomillo' al Centro Militar de Cría Caballar de Écija. En sus siete sedes de cría, las Fuerzas Armadas mantienen 200 machos de ocho razas autóctonas de caballos y tres de asnos a disposición de los ganaderos, a 58 euros la muestra de semen.

Rafael Fuentes, celador en un hospital, está orgulloso de que su criatura haya sido elegida para refrescar una línea genética desaparecida, aunque ello no mejore la delicada economía de su reserva, un sueño que mantiene con donativos y con sus propios recursos. «Tenemos dos sueldos y uno lo dedicamos a esto», asegura, en alusión a la suerte de que un enamorado de los asnos desde chiquillo encontrase como pareja a una veterinaria que comparte su 'locura'. Si tuviera que venderlo, ¿cuánto costaría? Rafael no lo duda y replica: «¿Cuánto vale un lince ibérico?».

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