El tiempo del relojero más famoso del mundo

Miles de personas se dan cita cada noche de fin de año ante el emblemático reloj madrileño. :MADRID/EFE
Miles de personas se dan cita cada noche de fin de año ante el emblemático reloj madrileño. :MADRID / EFE

Una novela recupera la apasionante vida de José Rodríguez Losada, el leonés que creó el reloj de la Puerta del Sol y que también reparó el Big Ben de Londres hace siglo y medio. Isabel II y Narváez lucieron sus ingenios

JUAN ESTEBAN POVEDA

Los cuartos, la bola que baja, las uvas, el frenesí del año nuevo... A las doce de la noche del 31 de diciembre, los ojos de toda España estarán puestos en el reloj de la Puerta del Sol de Madrid. Detrás del ritual de las campanadas hay un complejo mecanismo de ruedas dentadas, péndulos, poleas y ejes. Una maquinaria precisa, perfecta. El noventa por ciento de las piezas son las originales, las mismas que en noviembre de 1866 el relojero más famoso del mundo le regaló al pueblo español para festejar el cumpleaños de la reina Isabel II. El mismo relojero que había ajustado poco antes el Big Ben de Londres. José Rodríguez Losada (Iruela, León, 1797) vivía en la capital británica, exiliado por sus ideas liberales. Su vida, una historia entre los engranajes y contradicciones del siglo XIX, se cuenta en la novela 'El relojero de la Puerta del Sol' (Edhasa), con la que Emilio Lara (Jaén, 1969) vuelve a las librerías después del éxito de su primera obra, 'La cofradía de la Armada Invencible'.

Lara reviste a Losada del carácter de los personajes de John Ford. «Un hombre corriente sometido a circunstancias extraordinarias», resume. Lo suyo con el relojero fue un flechazo. Le habló de él ante un café un compañero del instituto donde enseña Historia en Jaén. Y tuvo la necesidad de contar las peripecias de un niño pastor de los montes de León que huyó de su casa para no volver, militar en el ejército de Riego y exiliado español en Londres, donde se hizo relojero. El mejor del mundo en su época. Una eminencia que fabricó cronómetros para la Armada española, que montó los relojes de edificios singulares de Caracas, Málaga, del Arsenal de Cartagena... Capaz de crear un reloj cuyas manecillas giraban en sentido contrario al habitual, y cuyas creaciones de bolsillo fueron lucidas por la propia reina Isabel II, el general Narváez y buena parte de la nobleza española de la segunda mitad del siglo. Tan famoso que aparece en los 'Episodios Nacionales' de Benito Pérez Galdós. Pero que, como tantos españoles ilustres, hoy nos resulta desconocido. Aunque cada Nochevieja su mejor obra, el reloj de la Puerta del Sol, emerja como símbolo nacional por antonomasia.

Un regalo a su país

En 1860, en la cúspide de su fama, Losada viajó a Madrid desde Londres por motivos profesionales, cuenta Lara. Como prácticamente todos los detalles de su novela, este hecho es rigurosamente cierto. Se alojó en un hotel de la Puerta del Sol. Todos los días pasaba frente al edificio de la Real Casa de Correos de Carlos III, que era entonces el Ministerio de la Gobernación (la actual sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid) y su reloj procedía de la desamortizada y derribada Iglesia del Buen Suceso. Este reloj funcionaba tan mal que Losada, picado en su amor propio, decidió construir el más moderno del mundo y regalárselo al pueblo de Madrid. Al regresar a Londres, se puso manos a la obra. Y por entonces recibió el encargo del Gobierno inglés de solucionar los problemas del reloj de Westminster, el Big Ben, que atrasaba para sonrojo del Imperio.

Cómo con un pequeño truco consiguió arreglar el reloj británico, y cómo llegó a tiempo para que su obra cumbre estuviera montada en Madrid para el cumpleaños de Isabel II son el meollo de la novela. Aderezado con intrigas políticas en torno al general Prim, con una historia de amor, con los vaivenes de una vida de superación.

Los engranajes de la narración de Lara encajan. La ambientación histórica entre la España desolada de Fernando VII, donde liberales y absolutistas se mataron a placer, y la libertad y el progreso y la neblina de Londres. También con la idea de fondo de la reconciliación de las dos Españas -que ya entonces estaban bien perfiladas- a través de figuras como Losada, que fundó una tertulia donde se reunían liberales y carlistas, y una galería de personajes claves en su siglo con los que Losada tuvo relación real, o pudo tenerla perfectamente (el poeta y dramaturgo Zorrilla, Dickens, el carlista Cabrera...).

Y el tiempo como motor de la narración. Una historia en dos líneas cronológicas que van confluyendo fluidas y bien trenzadas. En torno a Emilio Lara no cesa un tic tac sutil, preciso. En su muñeca luce un reloj de cuerda, fabricado a mediados de los años cincuenta del pasado siglo, adquirido por su padre en el mercadillo de Portobello Road, en Londres. Es un reloj suizo. «Justo después de Losada es cuando comienza la edad de oro de la relojería en Suiza. Antes, el mejor relojero del mundo, el más famoso, era un español exiliado en Londres», apunta.

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