El terrorífico relato de la joven que denunció un abuso en Cabify: «¿Feminazi de mierda, quieres ver un buen pene?»

El terrorífico relato de la joven que denunció un abuso en Cabify: «¿Feminazi de mierda, quieres ver un buen pene?»

Sucedió durante la madrugada del pasado domingo en el barrio de Malasaña, en Madrid

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María es el nombre ficticio de la joven de 22 años que fue víctima de acoso sexual por un conductor de Cabify. En su relato cuenta el mal trago que tuvo que vivir durante la madrugada del pasado domingo con un sujeto en el céntrico barrio madrileño de Malasaña. Llegó a su destino 80 minutos después. «¿Tienes novio? ¿y sexo? No te pongas así, feminazi de mierda. ¿Quieres ver un buen pene y no uno de esos pequeños de tus colegas?», denuncia que le dijo el individuo.

En primer lugar, María recuerda que el chófer llegó tarde. Según recoge 'ABC', cuando la recogió lo primero que le preguntó fue que si le importaba que fuese a tirar unas botellas de agua vacías y a comprar tabaco, algo a lo que la cliente se opuso. Después comenzaron los tocamientos en pierna y entrepierna, los cuales la víctima intentó evitar. Pidió que detuviese el vehículo, pero se negó a parar, a pesar de las lágrimas de la joven.

La víctima añade que el individuo bloqueó las puertas y trató de meterle mano otra vez. Cuando la joven se puso histérica y empezó a dar patadas. Tomó su terminal para llamar a las autoridades. Fue ahí cuando el acosador, chófer de Cabify, empresa que estudió desembarcar en Granada, decidió sacarla a empujones del coche, le escupió y le insultó.

«No te vas a comer una rosca en tu vida», le dijo a la misma vez que le enseñaba el pene. María ha presentado la denuncia correspondiente por acoso y abuso sexual. La compañía por su parte se limitó a ofrecerle un descuento del 15 por ciento con un tope de 50 euros en los próximos tres viajes después de conocer lo ocurrido.

«Me bloqueé. No podía llamar ni a la Policía ni a mis padres. He denunciado y he hablado con los medios para dar visibilidad a este asunto, para que no vuelvan a producirse más abusos. El miedo es un asco. No se puede vivir con él. Tengo que quitármelo. Tendré que ir a un psicólogo. A ese sujeto la pena de prisión se queda corta, tendrían que prohibirle trabajar de cara al público y estar en contacto con él. Pedir la cárcel es poco», denuncia.

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