Supervivencia extrema

La imagen de caimanes 'congelados' en un parque de Carolina del Norte ha dado la vuelta al mundo. No han muerto. Su capacidad de adaptación al frío ralentiza sus constantes vitales mientras, inmóviles, aguardan la subida del termómetro

JOSEBA VÁZQUEZ

Evitemos desde el principio todo posible equívoco: a pesar de las apariencias, el animal que asoma la punta de su boca a través del hielo está vivo. Petrificado, aparentemente congelado, pero vivo. No colea porque la fría temperatura del agua se lo impide, pero respira por los orificios nasales situados en su mandíbula superior, que emerge hasta la superficie a modo de periscopio vital. Por ahí le llega el oxígeno que mantendrá sus constantes hasta que la ola invernal remita, las temperaturas suban y ese organismo ahora estático recobre su normal actividad. Y esto ya ha sucedido.

¿Milagro? ¿Nuevo caso de 'resurrección' en esta semana en que hemos conocido la posibilidad humana de revivir en una mesa de autopsias? No tanto. O más, según se mire. Es la naturaleza en una expresión poco conocida. La impactante imagen que abre esta página fue tomada hace unos días por empleados del Shallotte River Swamp Park, en Carolina del Norte (EE UU), una reserva que lleva abierta desde hace dos años y cuenta con una importante nómina de reptiles. Entre ellos diez caimanes que quedaron atrapados a causa del frío extremo, infrecuente en la zona, provocado por el llamado 'ciclón bomba'. La escena aporta un retrato paradigmático de la capacidad sobresaliente de algunas especies para adaptarse al medio y sobrevivir al límite, en este caso por espacio de un par de días bajo cero, unas condiciones impensables para el hombre.

Puro instinto, sacan las mandíbulas del agua para respirar antes de que la superficie se hiele

A ese proceso biológico se le conoce como brumación, diferente a la hibernación de algunos mamíferos. Estos, cuando hibernan, viven de sus reservas grasas. Durante la brumación, la actividad de los reptiles disminuye y apenas necesitan comer. Algunos, de hecho, pueden pasar el invierno y más meses sin hacerlo. Así, el caimán, al igual que el cocodrilo, es un superviviente nato. El bichito, cuyos ejemplares machos llegan a medir de metro y medio a dos metros, necesita poquito para vivir y puede pasar horas sin respirar debajo del agua. No obstante, a los ejemplares del Shallotte River Swamp Park, muy cautos ellos, el instinto les llevó a sacar la mitad de sus mandíbulas fuera de la superficie antes de que esta se congelara.

«Estos reptiles son una de las pocas especies cuya existencia prácticamente no ha cambiado a lo largo de miles de años. Continúan siendo muy buenos a la hora de sobrevivir. Este es solo otro ejemplo de lo resistentes que son a cualquier circunstancia», ha declarado George Howard, director del parque de Carolina del Norte. En un primer momento, al ver la escena en vivo, Howard pensó que se trataba de ramas de árboles que habían quedado atrapadas en el agua. Fue al acercarse cuando se percató de que esas 'ramas' tenían colmillos.

Los trabajadores de la reserva han bautizado a los ejemplares como 'máquinas de supervivencia'. No es para menos al tratarse de un animal cuyo apego a la existencia le permite pasar días 'congelado' y recuperarse con completa normalidad cuando las temperaturas vuelven a ascender. Junto a las fotos, la reserva estadounidense grabó un vídeo de los caimanes inmovilizados que ha sido reproducido más de 350.000 veces en su página de Facebook. Dispone además de otro posterior en el que las criaturas, liberadas ya por el deshielo, han vuelto a la normalidad. Vivitas y, esta vez sí, también coleando.

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