El misterio de la mandíbula encontrada en un pantano de España

Armando González y Pablo Macho, dos vecinos de la zona, pasean por el lugar del pantano donde un joven encontró los restos humanos./MARÍA GIL
Armando González y Pablo Macho, dos vecinos de la zona, pasean por el lugar del pantano donde un joven encontró los restos humanos. / MARÍA GIL

Fue hallada en octubre en un pantano de Cantabria y los forenses acaban de determinar que es de una niña fallecida hace 25 años. Ahora se investiga si pertenece a Virginia o Manuela, que desaparecieron en 1992

D. MARTÍNEZ Y Á. MACHÍN

Un joven que paseaba junto al pantano del Ebro, un embalse próximo a Reinosa que comparten las provincias de Cantabria y Burgos, se topó el pasado mes de octubre con unos restos que a simple vista parecían hunanos, en concreto una mandíbula que la sequía había dejado al descubierto. El hallazgo sorprendió tanto al chaval que de regreso de su caminata paró en un mesón cercano de La Población, una pedanía de apenas 50 vecinos que pertenece al municipio cántabro de Campoo de Yuso, para comentar lo ocurrido con los parroquianos del bar. Todos le dijeron que encontrarse con huesos en los alrededores del pantanto era algo habitual (y más ahora que afloran con facilidad por la falta de lluvias), pues la presa, construida en 1952, se llevó por delante un antiguo cementerio, además de iglesias y decenas de casas de los pueblos anegados. «Se ve que el chico no se quedó tranquilo con la explicación. Por eso debió de ir donde la Guardia Civil», cuenta un vecino de La Población. Y el afán de ese muchacho (al que aún no se ha podido localizar) por buscar respuestas a su macabro hallazgo podría ahora arrojar luz sobre un terrible caso que se investiga desde hace 25 años y que aún hoy sigue sin respuesta.

Las pruebas forenses acaban de confirmar que la mandíbula pertenece a una adolescente de entre 13 y 16 años fallecida hace alrededor de 25 años, y descartan, por tanto, que pueda proceder del cementerio sumergido, puesto que éste se selló a mediados del siglo pasado para acometer las obras del embalse. «Para nosotros era un hueso más, pero por lo que se ve igual no», observa Pablo Macho, un vecino de La Población.

La datación realizada por los científicos ha sembrado la inquietud entre los vecinos, que, al igual que los investigadores de la Guardia Civil que están trabajando en el asunto, han atado cabos. «Lo primero que piensas es que puede tener algo que ver con las niñas de Aguilar. Es hablar por hablar, pero es que la fecha coincide», detalla Armando González, residente en la zona. Las niñas de Aguilar son las protagonistas de un doloroso caso que conmocionó a toda la comarca de Campoo (tanto a la parte cántabra como a la castellana) a finales de abril de 1992. El de la desaparición de Virginia Guerrero Espejo y Manuela Torres Bouggefa, dos chicas de 14 y 13 años y vecinas de Aguilar de Campoo (Palencia), a las que se perdió el rastro en Reinosa, a unos 30 kilómetros de distancia. Las niñas dijeron a sus padres que iban a dar una vuelta por Aguilar, pero tomaron un tren hacia Reinosa y no se volvió a saber nada de ellas. Ahora tendrían 39 y 38 años, respectivamente.

«Obtener el ADN de la mandíbula será difícil, pero hay que intentarlo», dice José Antonio Lorente

Hasta el momento no hay nada objetivo que haga relacionar la mandíbula con aquel suceso. A día de hoy no se puede descartar que sea una macabra casualidad. Por eso, desde Aguilar piden máximo respeto para las familias y prudencia hasta que se conozcan los resultados sobre el análisis de ADN de la mandíbula que ya han encargado los investigadores. Estas pruebas serán cotejadas con la base de datos del 'Programa Fénix', el primer programa del mundo puesto en marcha para identificar a personas desaparecidas y que surgió de una idea que la Universidad de Granada (UGR) propuso en 1998 a la Guardia Civil. El Fénix cuenta con el ADN de familiares directos de desaparecidos que, voluntariamente, han donado una muestra biológica para ser analizada y, así, poder establecer comparaciones con el de restos que no estén identificados. El catedrático de la UGR y prestigioso forense José Antonio Lorente dijo ayer a este periódico que obtener el ADN en este caso «es muy, muy difícil porque el tiempo transcurrido y el agua son una mala combinación, pero hay que tratar de hacerlo, porque la tecnología ha mejorado mucho».

Tanto el juzgado de Reinosa como las comandancias de la Guardia Civil de Cantabria, Burgos y Palencia esperarán a los resultados que arrojen las pruebas de ADN antes de vincular el hallazgo directamente con la desaparición de las dos menores y activar las pesquisas.

Los vecinos que vivieron aquel suceso de 1992 recuerdan que los agentes ya estuvieron rastreando la zona en busca de alguna pista. «Se acercaron por aquí los buceadores, pero no encontraron nada y se marcharon. Igual ahora tienen que volver. A saber...», apuntan.

Las autoridades locales insisten en mantener la calma. «Hay que evitar crear falsas expectativas», piden desde el Ayuntamiento de Aguilar.

No sabían nada

Este diario se puso en contacto con Emilio, hermano de Virginia Guerrero, que ya ha hablado con los agentes. «Quedaron en darnos más información y en función de lo que nos digan veremos a qué atenernos». Emilio quiere dejar claro que ignoraban todo lo relativo al hallazgo de la mandíbula y su posible conexión con los casos de las niñas. «No sabíamos absolutamente nada, somos los más sorprendidos y, por supuesto, también los más afectados». Y lo dice, sobre todo, «en atención a los vecinos de la comarca, que están preocupados». Un mensaje dirigido directamente a los que les rodean, que estos días vuelven a recordar aquella trágica historia de hace 25 años.

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