El secreto de las casas escondidas en España: ¿para qué sirven?

Algunos de los fortines son túmulos en mitad de un monte./REGIMIENTO AMÉRICA 66
Algunos de los fortines son túmulos en mitad de un monte. / REGIMIENTO AMÉRICA 66

Las montañas de la frontera con Francia están sembradas de fortalezas levantadas tras la Guerra Civil por temor a una invasión. Un regimiento del Ejército ha 'descubierto' más de doscientas en el Pirineo navarro

JOSÉ ANTONIO GUERRERO

La 'Línea Maginot', la mayor fortificación militar de los tiempos modernos, tiene una réplica más modesta y menos conocida en las cumbres del Pirineo español. Aquel colosal cinturón de búnkeres levantado por los franceses para defenderse de las huestes de Hitler y Mussolini devino en una inexpugnable inutilidad cuando tuvo que cumplir su cometido de frenar la maquinaria de guerra nazi. Fracasó en toda regla.

Pero hoy esta geografía de cemento armado y blindajes de acero supone una fuente de riqueza para los pueblos franceses de alrededor, que explotan aquella chapuza militar que fue la 'Maginot' y sus cientos de fuertes y fortines como un rentable reclamo de turismo bélico. Suerte parecida a la que podría correr la española 'Línea P', una muralla defensiva que Franco ordenó levantar a lo largo del Pirineo (de ahí la letra 'P') tras la Guerra Civil por temor a una invasión de los aliados, de los republicanos organizados tras la frontera e incluso de la propia Alemania de Hitler, pues tantos eran los frentes que tenía abiertos el dictador. Planificó cerca de seis mil búnkeres a lo largo de los 450 kilómetros de la barrera natural entre España y Francia. Ni de lejos se levantaron todos, pero entre la década de los 40 y los 50 se construyeron medio millar (la cifra exacta se desconoce) con sus muros de hormigón, sus pasadizos y ramificaciones, sus nidos de ametralladora, sus arsenales, sus depósitos de víveres..., todo lo necesario para mantenerlos perfectamente operativos bajo tierra en caso de una incursión enemiga. Y, sin embargo, ninguno de ellos llegó jamás a albergar tropas, ni munición, ni piezas de artillería para defenderse de la tan temida invasión imaginada por los franquistas.

La defensa del Norte
América 66

Los viejos búnkeres siguen ahí; unos bien visibles, aunque mimetizados con el paisaje, otros directamente 'tragados' por el barro y la hojarasca, mientras que algunos son sólo vestigios de lo que fueron hace 70 años. Y a desentrañar estos misterios de piedra (o, más prosaicamente, a localizar las fortalezas, darlas a conocer y ponerlas en valor) es a lo que se ha dedicado durante meses el regimiento de infantería de montaña América 66, que desde su acuartelamiento en Aizoáin, un pueblecito a 7 kilómetros de Pamplona, ha 'redescubierto' 221 búnkeres solo en el Pirineo navarro.

La 'Línea Maginot' española es fruto del temor de Franco a una invasión aliada desde FranciaHay búnkeres como el de Alkurruntz, en el Baztán, que están perfectamente conservados

La 'Línea P', nombre en clave popular de la organización defensiva de los Pirineos, traza efectivamente una sucesión de puntos fortificados a lo largo de la gran cordillera del norte. Sobre el papel, y así aparece recogido en los documentos oficiales del Archivo General Militar de Ávila (algunos clasificados secretos) se contempló la construcción de 6.000 asentamientos, casi una tercera parte en el Pirineo navarro, que es donde el América 66 ha elaborado un detallado trabajo de campo. Sus soldados lo conocen palmo a palmo. Llevan muchos años pateando sus montes, subiendo a sus picos y recorriendo sus valles en maniobras, patrullas diurnas, marchas nocturnas y adiestramientos tácticos. Parte de su entrenamiento militar consiste en el levantamiento topográfico del terreno que pisan: apuntan las coordenadas exactas, describen el tipo de paisaje, las edificaciones... «En esa tarea de campo, empezamos a ver que disponíamos de bastante información de los búnkeres del Pirineo navarro, cada uno con su ficha correspondiente. Reunimos cincuenta fichas con la idea de ir contrastando nuestros datos con la documentación oficial del Archivo General Militar de Ávila», ilustra David Vaquerizo, teniente coronel del América 66 y 'alma mater' del trabajo de catalogación.

Vaquerizo, un militar de 51 años que lleva la mitad de su vida en el Ejército de Tierra, sacó entonces su alma de historiador (hizo tres cursos de la carrera) y empezó a desempolvar archivos, descubriendo, para su sorpresa, que los papeles oficiales de la época contemplaban la construcción de hasta 1.814 puntos defensivos, solo en las cumbres navarras. A partir de ese momento, el regimiento se propuso rescatar toda esta geografía de hormigón, teniendo en cuenta que muchos no se llegaron a construir, otros habían sido borrados del mapa por carreteras e infraestructuras más necesarias y algunos habían sido barridos por la fuerza de la naturaleza, sepultándolos entre la maleza o arrastrándolos al abismo en los corrimientos de tierras por las lluvias y nieves de los últimos 70 años. Dicho y hecho. Desde junio del año pasado han registrado 221 fortificaciones y rara es la semana en que su regimiento de 500 soldados no se topa con alguna nueva en sus ejercicios militares. De cada una de esas defensas han levantado un doble 'atestado' para tenerlas documentadas perfectamente. Uno más técnico, de consumo interno, y otro más divulgativo, con idea de llegar al gran público, «porque estas fortalezas son parte consustancial de nuestra historia contemporánea», subraya Vaquerizo.

Los amantes de la montaña, de la naturaleza en general, pero también aquellos aventureros con inquietudes culturales que quieran saber más de la historia de esos fortines, agradecerán el trabajo que ha hecho el América 66. El regimiento ha diseñado diez rutas pirenaicas que permiten recorrer «de un modo fácil y apetecible» decenas de búnkeres, conocerlos por dentro y gozar de la belleza del entorno natural que los rodea.

Preparan un librito con toda la información y en enero colgarán en su web los itinerarios, con consejos y detalles para disfrutar de una excursión en familia, con los amigos o, por qué no, en solitario. De los más de doscientos contabilizados, han seleccionado un centenar atendiendo a criterios de accesibilidad, comodidad, entorno... e incluso de las vistas que ofrecen desde su interior. Arqueología de guerra como una alternativa más de ocio. «Hemos elegido aquellos que están más limpios y visitables, pero teniendo en cuenta el propio recorrido, que sea una zona bonita paisajísticamente de manera que la excursión resulte atractiva».

David no lo duda. Su favorito es el búnker de Alkurruntz, uno de los más espectaculares del Pirineo y el de mayores dimensiones. Enclavado en el macizo del mismo nombre, en el Valle del Baztán, desde la entrada hasta el otro extremo, ocupado por un turbador nido de ametralladora, discurre un lóbrego pasillo de 110 metros de largo entre muros de cemento armado. Hay que portar linternas porque, salvo la luz natural que se filtra por el hueco de las troneras (los estrechos ventanucos para los tiradores), todo está a oscuras. El asentamiento, con su galería subterránea en suave pendiente, es completamente accesible salvo un espacio destinado a estación meteorológica que el Gobierno de Navarra mantiene cerrado a cal y canto.

La fortaleza de Alkurruntz despliega su piedra al abrigo del mismo valle donde la escritora Dolores Redondo sitúa su trilogía del Baztán, lo que le aporta su puntito de misterio. Está excavado en la roca de un pequeño pico que domina el puerto de Otsondo, a 930 metros de altitud. «Es una zona preciosa de Navarra. En ese puerto hay otros búnkeres, pero más pequeños. Este está a estrenar y perfectamente conservado», explica Vaquerizo, maravillado de la épica de aquellos hombres (jóvenes reclutados en el año 1938) que, en condiciones meteorológicas muy crudas (frío, viento, hielo y nieve en invierno) y con las dificultades orográficas propias de la montaña, aplicaron unas técnicas de construcción muy parecidas a las que se desarrollarían hoy en día si hubiera que construir una mole defensiva en el mismo lugar. «Sí, hacerlo allí arriba tuvo que ser muy duro», asiente el teniente coronel, que se ha topado con búnkeres a dos mil metros de altitud.

Siguiendo el rastro de estos vestigios de la posguerra, los soldados del América 66 llegaron a descubrir varios enterrados en la maleza y alguno 'reconvertido' en columbario, concretamente uno entre Vera de Bidasoa y Echalar, donde se dieron de bruces con una decena de urnas cinerarias perfectamente identificadas. No es el caso del de Alkurruntz, refugio habitual de cazadores y excursionistas, que ofrece una panorámica de ensueño. En un día despejado, por el hueco que se abre bajo la tronera, se aprecian las nevadas cumbres de la frontera hispano-francesa, el famoso Coll de Ibardin, paso tradicional de contrabandistas y carlistas, y el pico de Larrun, con su tren-cremallera. Aquí la 'Línea P' gana claramente la batalla de las vistas a la 'Maginot'.

Tras la Guerra Civil, Franco montó un sistema de defensa ante una posible invasión aliada por los Pirineos. Solo en Navarra, planificó 1.814 búnkeres.

Es un regimiento de combate creado en 1756 como unidad expedicionaria, y que ha ganado prestigio internacional en misiones de paz en Bosnia, Albania, Kosovo y Afganistán. Especializado en la alta montaña, tiene su base en Navarra.

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