Los políticos 'se infiltran' en la Cabalgata de Reyes

Una mujer caracterizada de Baltasar saluda en la última y polémica Cabalgata de Madrid./ÓSCAR DEL POZO
Una mujer caracterizada de Baltasar saluda en la última y polémica Cabalgata de Madrid. / ÓSCAR DEL POZO

Los partidos se apropian de las Cabalgatas. Este año con 'drag queens' y lazos amarillos. «Son un suculento soporte publicitario»

ICÍAR OCHOA DE OLANO

De la misma manera que no hay Navidad en España sin los cánticos lucrativos de los niños de San Ildefonso, parece que ya no hay Epifanía ni fin de fiesta sin que se monte el Belén a cuenta de la Cabalgata de los Reyes Magos. De nuevo, la llegada de Sus Majestados de Oriente con sus cargamentos de ilusión se anticipa mágica y caliente. Las polémicas más encendidas han saltado en Madrid y en Cataluña. Más en concreto, en Vallecas y en Manresa. En el distrito capitalino, se anunciaba la participación de tres 'drag queens' en el tradicional desfile a bordo de una carroza «inclusiva» por la «normalización» de los derechos LGTBI (las siglas que designan de forma colectiva a lesbianas, gays, bisexuales, personas transgénero e intersexuales). Entretanto, en la capital de la comarca del Bages, los partidos soberanistas hacían un llamamiento a los asistentes para que expresen su solidaridad con los independentistas encarcelados vistiendo a los niños con ropas amarillas.

Ambas controversias han derivado en las últimas horas en agrias trifulcas políticas, amenazas de boicot, peticiones de medidas cautelares y encendidos debates sobre el sentido genuino de la Cabalgata y la deriva que parece haber tomado en las últimas ediciones.

Al igual que en la edición pasada, cuando le llovieron las críticas tras intentar innovar con un desfile «étnico y carnavalesco» sin animales y con Reinas Magas y músicos árabes, la alcaldesa de Madrid vuelve a situarse en el ojo del huracán. Según denuncia el PP, Manuela Carmena insiste en «desnaturalizar» las Navidades al introducir en la Cabalgata 'drag queens' y con ellas «mensajes absolutamente ajenos a la Navidad, su espíritu y su tradición, que frustran el sueño de los niños».

Indignada, la Liga Española Pro Derechos Humanos iba más lejos y solicitaba al Juzgado de Instrucción en funciones de guardia de Madrid que adoptara medidas cautelares urgentes para impedir la concurrencia de la carroza LGTBI. A su juicio, va en contra «del arraigo de las tradiciones católicas y la inalterabilidad de las instituciones bíblicas». «Más aún cuando se trata de fiestas religiosas dirigidas hacia la inocencia de los niños», apostillaban en su escrito, que registraron ayer.

La polvareda suscitada en el barrio que vio nacer a Poli Díaz, Ismael Serrano o Cristina Pedroche lograba sacudir el instinto tuitero del ex ministro y exsecretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. «Vale, recuperemos la tradición de la cabalgata: quitemos las 'drag queens' y la carroza de El Corte Inglés», dejaba escrito en su cuenta personal. Para entonces, la tormenta «injusta, retrógrada e innecesaria» hacía recular a Orgullo Vallekano. Tras recabar una decena de amenazas que podrían constituir delitos de odio -«el cartón de las carrozas arde muy fácil», dice uno de los mensajes lanzados en las redes sociales-, la plataforma anunciaba que finalmente no saldrá ninguna 'drag queen', pero sí tres artistas -La Prohibida, Roma Calderón y Dnoe Lamiss- con «atuendo sorpresa».

En paralelo, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, y el diputado electo por JxCat y 'exconseller' Josep Rull se enzarzaban por la iniciativa de ANC y Òmnium Cultural de pedir a los vecinos de Manresa -cuyo desfile será el que retransmita TV3- que reciban al cortejo mágico con alguna prenda amarilla para recordar a los «presos políticos». «¿Podrían dejar a los niños que disfruten de la Cabalgata sin ideologías ni sectarismo, por favor?», se preguntaba, retórico, Rivera.

La respuesta es sencilla: no. La Cabalgata constituye un «poderoso y suculento soporte publicitario para sus organizadores, los ayuntamientos y administraciones de turno», que han hecho suyo. Lo explica a su manera el director de la agencia de comunicación y márketing infantil, juvenil y familiar The Modern Kids&Family, Miguel González Durán. «Nos puede gustar o no, pero es un hecho constatable e imparable que la Cabalgata se ha convertido en un gran escaparate para transmitir determinados valores y para tratar de empatizar con un público multitudinario, formado por niños y también adultos», expone Durán. «En los años setenta, Coca Cola ya estaba presente», apunta sin saberlo en la misma línea que Rubalcaba.

Que las carrozas, las temáticas, las indumentarias o los mensajes resulten apropiados o no «depende de sus responsables», indica el publicista. En último término, los partidos políticos. «El desfile responde a los intereses de quienes participan y de quienes lo organizan». González Durán recuerda una vieja cantinela en el oficio. «Uno puede llegar a muchos, pero eso no quieres decir que vayas a impactar. Por eso, en la Cabalgata se esfuerzan. Son el broche de la Navidad, un acontecimiento masivo que permiten presentarte de otra manera. No se trata sólo de vender, sino de comunicar».

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